Silencio sospechoso: ¿Por qué calla Vox sobre Irán? Una mirada a sus financiadores iraníes

Abascal y dirigentes del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), el matrimonio Rajaví y sus simpatizantes ponen el Corán sobre sus cabezas en señal de su sometimiento a Alá
Ignacio Andrade.- El reciente silencio de Vox ante la crisis en Irán, a pesar de la gravedad de la represión, las violaciones de derechos humanos y las tensiones geopolíticas internacionales, no puede entenderse solo como desinterés o incoherencia. Detrás de esa callada política exterior hay, cuando menos, una sombra histórica difícil de ignorar: la profunda y controvertida relación financiera entre Vox y sectores del exilio iraní.
Aunque Vox ha intentado proyectar una imagen de firmeza contra las dictaduras teocráticas y las violaciones de derechos humanos, la realidad es que sus orígenes están estrechamente vinculados a donaciones provenientes del exilio iraní, en particular del denominado Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI). Este grupo, con raíces controvertidas y ligado en el pasado a un brazo armado que llegó a figurar en listas de organizaciones terroristas, fue una de las fuentes principales de financiación de Vox en sus primeros años de existencia.
Según investigaciones periodísticas detalladas, más de 800.000 euros procedentes de simpatizantes del CNRI financiaron hasta el 80 % de la campaña de Vox en las elecciones europeas de 2014, y otra parte significativa de ese dinero se destinó a gastos de funcionamiento del partido, incluidos salarios, alquileres y material logístico básico.
Es más: fuentes periodísticas documentan que el propio Santiago Abascal estuvo al tanto de esas donaciones y no solo no las rechazó, sino que aceptó sin reparos.
Frente a este historial, el silencio actual de Vox sobre Irán —cuando otros partidos y gobiernos europeos sí han condenado públicamente la represión y exigido responsabilidades diplomáticas— adquiere otra dimensión. No se trata solo de una cuestión de prioridades políticas o de estrategia electoral: parece inconcebible que un partido que fue ayudado económicamente por sectores vinculados a Irán durante su nacimiento tenga hoy la misma claridad moral frente al régimen teocrático de Teherán que otros grupos políticos.
La pregunta que muchos analistas y críticos se hacen es clara: ¿hasta qué punto la financiación histórica condiciona hoy la actitud política? Porque mientras Vox exige firmeza en política exterior en otros casos, su silencio respecto a la brutalidad del régimen de los ayatolás levanta sospechas de que hay una lógica de mutua protección implícita.
Si no hay una autocrítica clara, ni explicación pública sólida, lo que queda es una percepción de doble rasero: Vox no llama con contundencia a condenar lo que otros sí llaman a condenar —a pesar de que en abril de 2025 presentó iniciativas parlamentarias para ello— precisamente cuando esa firmeza debería ser más evidente.
¿Coherencia o conveniencia?
Para muchos, el silencio de Vox no responde únicamente a errores estratégicos o a defectos de elaboración política. Más bien refleja una contradicción estructural que compromete su discurso: un partido que reclama valores universales de libertad y derechos humanos, pero que parece incapaz de aplicarlos cuando existe una conexión financiera pasada con los mismos actores internacionales implicados.
La falta de claridad sobre este punto es, en sí misma, un problema democrático. La política exterior no puede estar mediada por silencios interesados ni por deudas históricas no resueltas. La ciudadanía merece saber si la posición de un partido frente a una dictadura religiosa con graves abusos se basa en principios sólidos o en viejas deudas económicas e ideológicas que condicionan su voz pública.
El silencio de Vox ante Irán no es neutro. Se interpreta como una contradicción con su discurso, un posible cálculo político y una señal de debilidad en política exterior, lo que explica una crítica dura desde sectores que esperan coherencia entre palabras y posiciones internacionales.











