El régimen iraní de los ayatolas: una maquinaria de opresión que debe caer
Álvaro Galán.- El régimen que gobierna Irán no es una anomalía cultural ni una expresión legítima de la voluntad popular. Es una teocracia autoritaria sostenida por el miedo, la censura y la violencia sistemática contra su propio pueblo. No gobierna: subyuga. No protege: castiga. No representa a Irán: lo secuestra.
Desde hace décadas, una élite clerical no electa ha convertido al Estado en un aparato represivo donde disentir equivale a delinquir, pensar libremente es un acto de valentía y ser mujer es, en sí mismo, una condena. Las ejecuciones públicas, las cárceles abarrotadas de presos políticos, la persecución de minorías y la brutalidad contra manifestantes no son excesos puntuales: son el funcionamiento normal del sistema.
El régimen iraní no solo oprime hacia dentro. Hacia fuera, exporta inestabilidad, financia milicias terroristas, alimenta conflictos regionales y utiliza el caos como herramienta geopolítica. Mientras millones de iraníes viven en pobreza, sus gobernantes invierten recursos en represión interna y aventuras exteriores. Es un régimen que sacrifica a su pueblo para preservar su poder.
Decir que este régimen debe caer no es un acto de odio contra Irán. Es exactamente lo contrario. Es una afirmación de solidaridad con la sociedad iraní, con las mujeres que se quitan el velo como gesto de rebeldía, con los estudiantes que salen a la calle sabiendo que pueden no volver, con los trabajadores que protestan pese a la amenaza constante de prisión o muerte.
El argumento de la “estabilidad” es una coartada moralmente obscena. No hay estabilidad en una prisión. No hay soberanía popular bajo una teocracia armada. No hay legitimidad en un poder que se sostiene únicamente mediante el terror.
El derrocamiento de este régimen no es una injerencia: es una necesidad histórica. El mundo no puede seguir mirando hacia otro lado mientras se aplasta a una nación entera en nombre de una ideología que no admite crítica ni compasión.
El régimen iraní caerá porque todo sistema basado en el miedo termina cayendo. La única pregunta es cuántas vidas más se perderán antes de que la comunidad internacional deje de confundir prudencia con cobardía y neutralidad con complicidad.
Defender su caída no es extremismo. Extremismo es defender su continuidad.












pARECIERA UN RETRATO DE LA SITUACION DE VENEZUELA, NICARAGUA Y CUBA..