Un año de urna en urna y de banquillo en banquillo
Ya puede el uno falsear tomas falsas en TikTok y esconderse 15 días a Andorra y la otra, próxima sacrificada, impostar alegrías que solo tiene de apellido y hacer el canelo (¿cree que los jóvenes son gilipollas y que con esos impostados bailecitos van a hacer otra cosa que reírse de la ridícula pantomima?), que en cuanto pasen los Reyes Magos lo que les espera va a ser de alivio.
Lo que tienen por delante no es un año nuevo sino salir de lo malo para entrar en lo peor y además sin escape ni salida. Porque ya no la tienen. El sanchismo puede agarrarse al poder como una garrapata, hacer de su desalojo una agonía y causarnos a los españoles grandes daños y dolores, pero es ya un cadáver, aunque ellos y sus abducidos no quieran creerlo, y su putrefacción es a lo que vamos a asistir de ahora en adelante. Judicial, política y socialmente.
El volcán de mierda no solo no va a dejar de vomitar lavas tóxicas sino que irá añadiendo nombres, tanto del partido como del Gobierno, a la gigantesca ciénaga hirviendo en la que se están cociendo.
Son ya tantos los imputados, tan graves los hechos y tan demoledores y sucios los cargos que se solapan unos a otros de continuo, que nos hemos ido acostumbrando a su anormalidad hasta «normalizarla» como algo cotidiano y consustancial con la parva que nos lleva siete años desgobernando. Pero solo lo que el día más suave y tranquilo descubre y escupe sería ya razón sobrada para que, si quedara un mínimo de dignidad, bajará de una vez el telón y el público, el pueblo soberano, pudiera dictar sentencia.
No la tienen. Ni tampoco salida. Pero acabará por caer sobre todos ellos. No lo duden ni desesperen. A eso juegan, pero cada día es uno menos que les queda y lo saben. A nosotros se nos harán largos, pero ellos notan que vuelan y su angustia no parará de crecer a cada paso.
Porque esa, y no las que diseñan y les duran un parpadeo las incontables bandadas de asesores y vocingleros papagayos, es la verdadera e inexorable hoja de ruta que tienen por delante. No quieren dejarnos votar a todos, pero si van a tener que ir pasando por una urna tras otra y en cada una de ellas, y lo saben mejor que nadie, van a encontrarse con lo que se han dado de morros en Extremadura. Que hasta a quienes les han sido largo tiempo más fieles, les da vergüenza votarlos. Y no les votan.
Votan a otros y cada vez les importa menos que les llamen «fachas» o lo que les venga en gana. O se quedan en casa precisamente por eso, porque es un voto que da vergüenza y ellos, aunque quienes han corrompido hasta el tuétano esa sigla y les piden ahora el voto, no la tengan ni la conozcan, ellos sí la tienen y quieren seguir teniéndola.
Este año de gracia de 2026, y no hace falta ser adivino, al sanchismo lo que le espera es ir de banquillo en banquillo y de urna en urna. Y cuando se dicten las sentencias de un sitio y de otro, proclamarán, si les sale a penar y a pagar, que los jueces son fascistas y el pueblo unos ignorantes. Pero ya estarán de salida y tal vez de entrada en ese lugar donde se han comido ya las uvas, algunos de ellos este año.











