¡Tiembla, Trump! España, esa nota en el pie de página del mundo, desafía a Estados Unidos
AD.- La operación militar de Estados Unidos que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro ha generado la indignación de la mafia progre y del propio gobierno de Sánchez, quien ha calificado el suceso como una agresión violenta a la soberanía nacional y ha endurecido su retórica contra Washington.
De no ser por la insignificancia internacional de España, Trump tendría motivos para troncharse de risa con la retórica antiestadounidense del mindundi monclovita. Y no es para menos. Mientras Estados Unidos decide el rumbo del planeta entre un café de Starbucks y una rueda de prensa del Pentágono, España observa atentamente… desde la barrera, con una caña en la mano y la vaga sensación de que algo importante está pasando, pero ya se lo contarán.
Estados Unidos tiene portaaviones; España tiene portavoces. Estados Unidos exporta cultura, tecnología y guerras; España exporta camareros bilingües y memes sobre su propia decadencia. No es que España no tenga historia: la tiene, y mucha, pero cuidadosamente archivada entre el Siglo de Oro y la última Eurocopa. Desde entonces, el país ha optado por una estrategia internacional innovadora: buscarse los peores aliados, desde Marruecos a Venezuela.
En Washington se habla de geopolítica; en Madrid se habla de pactos, cesiones a una banda terrorista, contrapartidas y de quién ha dicho qué en un pasillo del Congreso. Cuando Estados Unidos estornuda, el mundo se resfría; cuando España estornuda, alguien pide silencio porque está hablando el tertuliano de turno. Es irrelevancia elevada a política exterior.
Estados Unidos lidera alianzas militares; España lidera rankings de bares por kilómetro cuadrado. Y no es poca cosa. ¿Para qué influir en el destino del mundo cuando puedes influir en la digestión de millones de turistas? Mientras la Casa Blanca decide sanciones económicas, España decide si el IVA cultural sube o baja, que es una forma mucho más sofisticada de poder… aunque solo afecte a los de siempre.
En términos de influencia global, España es como ese primo simpático en una boda: nadie sabe muy bien a qué se dedica, pero cae bien. Estados Unidos, en cambio, es el novio: haga lo que haga, todos tienen una opinión. España ha comprendido algo fundamental: ser irrelevante ahorra muchos problemas. No te espían (salvo Marruecos a Sánchez), no te sancionan y, sobre todo, no te invitan a reuniones incómodas donde hay que tomar decisiones.
Eso sí, España siempre está “alineada”. ¿Con qué? Con lo que diga Mohamed VI, por supuesto, con bajada de pantalones incluido. Es una relación madura: uno nos llena el país de quintacolumnistas y el otro asiente con convicción democrática.
Mientras Silicon Valley redefine el futuro, España redefine el pasado cada pocas décadas. Mientras Estados Unidos sueña con Marte, España debate si los trenes llegan tarde por culpa de Franco. Ellos planifican el siglo XXI; nosotros analizamos el siglo XX con pasión renovable. Washington habla de inteligencia artificial; Madrid responde con inteligencia emocional… y una caña bien tirada. Prioridades distintas, no peores: simplemente menos útiles para pintar algo en el mundo.
Aún así, el desecho de tientas monclovita se atreve a desafiar a Trump. ¿Será porque una de las escasas armas disuasivas que tenemos frente a Washington es la del ejército? De ser así, Trump podría ser víctima de una risa patológica.
A diferencia de los políticos, el ejército español no es inútil. Al contrario: es extraordinariamente útil para demostrar que la inmovilidad también puede institucionalizarse, presupuestarse y desfilar con paso firme. Pocas organizaciones logran convertir la espera en doctrina y el papeleo en maniobra táctica con tanta elegancia.
Mientras otros ejércitos del mundo se obsesionan con entrenar, modernizarse o responder a amenazas reales, el nuestro ha elevado a arte la gestión del “ya si eso”. La verdadera especialidad no es tierra, mar o aire, sino la capacidad logística para sobrevivir décadas sin que pase nada relevante.
Sus mayores victorias no se libran en el campo de batalla, sino en el Boletín Oficial del Estado. Allí, entre concursos públicos eternos y proyectos de modernización que nacen obsoletos, el ejército demuestra su dominio absoluto del tiempo… ralentizado. Porque si algo caracteriza a la defensa nacional es su férrea resistencia al presente.
Los desfiles, eso sí, son impecables. Botas brillantes, uniformes planchados y una sincronía perfecta que transmite seguridad: nada malo puede pasar mientras todos caminan exactamente igual que hace cuarenta años. Es una tranquilidad casi hipnótica, ideal para olvidar preguntas incómodas como “¿para qué?” o “¿contra quién?”.
En cuanto a su utilidad práctica, el ejército ha encontrado un nicho admirable: aparecer cuando hay nevadas históricas, inundaciones o incendios. No como fuerza armada, sino como servicio público de emergencia con camuflaje, demostrando que, en el fondo, la guerra moderna consiste en repartir mantas y hacerse fotos con pala.
Y no es que falte personal preparado. Falta, quizá, una misión clara que no dependa del calendario de actos oficiales. Porque mantener un ejército gigantesco para un país que no sabe muy bien qué quiere defender (aparte de instituciones corrompidas, rangos y siglas) es como tener un extintor de oro macizo en una casa sin fuego: impresiona, cuesta una fortuna y no apaga nada mejor.
Así que tranquilísece Trump, el ejército español sigue ahí, firme, solemne y perfectamente prescindible. No estorba, no molesta y, sobre todo, no se mueve demasiado, no vaya a ser que alguien note que moverse implicaría cambiar algo.
En definitiva, Pedro Sánchez frente a Trump no parece un choque de líderes, sino un ejercicio de contraste humillante.
Trump puede ser tosco y peligroso, pero juega a ganar. Sánchez juega a ceder a los separatistas los recursos nacionales para mantenerse un día más en el poder. Al final, uno da miedo y el otro da vergüenza, y en política, tanto dentro como fuera de casa, eso ya dice bastante.













Se trata de hacer amigos, no de enemigos, Putin nos tiene en la lista negra y ahora Trump , la pregunta seria , si el descerebrado que nos desgobierna quiere el bien o el mal para este tinglao de Taifas, antes llamada España.
Quizas haya que recordar que la maxima autoridad de aqui seria el Marido de Leticia.
Se comenta por redes sociales que el ocupa de La Moncloa ha comprado varia viviendas en Manchester y las tiene puestas a nombre de testaferros
Asimismo se comenta que han sido descubiertas igualmente a nombre de testaferros incluso algunos ya fallecidos de unas cuentas bancarias en Italia y Andorra
Tambien se comenta que Zapatero ha comprado a nombre de una de sus hijas una mansion en Sevilla valorada en 2 millones de euros
Si alguien tiene mas informacion ruego lo publique
España es un gran país
Siento decirle que este artículo es absurdo. Solo se ríe de España, y no plantea soluciones. La posición de USA sobre la UE, y más aún sobre España es clara: estrujarla como a un limón hasta sacarle todo el jugo, para luego tirarla a la basura. Sánchez has sido un peón de ese juego en los primeros años de mandato, pero durante los últimos años está dando pruebas claras de intentar redimirse. No hay muchas opciones, y las pocas que hay deben gestionarse en secreto y con discreción. Analicen ustedes si lo que está haciendo Sánchez es solo una locura,… Leer más »
Soberbio articulo
Yo poco he visto, pero ahora parece que quieren romper España, según las declaraciones de la ministra de hacienda, y el IRPF Y el IVA que quieren descentralizar.