«El chavismo ha sido más devastador que una guerra para la economía venezolana»
El economista Juan Ramón Rallo ha comparado el coste del chavismo para la economía venezolana con el impacto monetario que han supuesto las guerras para los países que las han sufrido, y la conclusión no puede ser más demoledora.
Según los datos que muestra en este vídeo, los países que han estado en guerra en los últimos setenta y cinco años perdieron de media un 13 % de su PIB como consecuencia del conflicto. Las consecuencias fueron aún más duras para Alemania: su PIB cayó alrededor de un 66 % tras caer derrotada en la II Guerra Mundial (tomando precios de 2011, pasó de un PIB de 677.000 millones de dólares en 1944 a apenas 228.000 millones en 1946). Pero Venezuela ha ganado a todos: su PIB ha descendido un 75 % entre los años 2013 y 2020, los momentos de mayor y menor PIB durante el chavismo (pasó de 538.00 millones de dólares en 2013 a 138.000 millones en 2020). «El chavismo ha sido más devastador para Venezuela que una guerra», concluye en este vídeo muy interesante el economista Juan Rallo.
El militar y político Hugo Chávez llegó al poder en el año 1999, y permaneció en él hasta que murió en el año 2013. Su política chavista fue continuada por Nicolás Maduro, que empezó a ejercer como presidente desde ese mismo año y ha seguido al frente del país hasta hace unos días.
Rallo explica en su vídeo cómo la economía venezolana se disparó en la primera década de este siglo por el incremento hasta sus máximos históricos del precio del petróleo, materia prima en la que Venezuela es líder mundial por sus amplias reservas naturales. El Estado ingresó ingentes cantidades de dinero que redistribuyó entre redes clientelares para que ayudaran a Chavez a ganar las elecciones, pero no reinvirtió nada en modernizar las instalaciones. Entre 2008 y 2013 se desinflaron los precios, y la industria venezolana perdió capacidad de producción porque el chavismo no invirtió en ella. Como consecuencia cayeron los ingresos del Estado, que recurrió a la emisión monetaria para mantener las redes clientelares y el gasto público que le aseguraban los votos.
Con ello llegó la hiperinflación al país, una de las mayores de la historia, que empeoró con las siguientes medidas. El Gobierno de Maduro impuso controles de precios a los productos, y las empresas ya no podían ni vender ni producir. La economía se vino abajo.
Como consecuencia de todo ello, Venezuela ha pasado de tener un 9 % de población en pobreza extrema en los años 2012-13 a un 76 % en el año 2021. Pobreza extrema significa que un hogar no puede acceder a la cesta básica de alimentos. En un escalón más arriba, el 94 % de la población estaba en situación de pobreza en 2021; es decir: podían comprar los alimentos básicos, pero no mucho más (la pobreza era del 32 % en 2021).
Rallo desmiente que la caída del PIB venezolano haya tenido que ver con los embargos impuestos por Trump, como se dice en algunos ambientes. Las fechas no coinciden. La caída del PIB venezolano ya había empezado a producirse en 2013, pero las sanciones empezaron a imponerse en 2015 por parte de Obama y apenas afectaban a los jerarcas del régimen. Iban contra el patrimonio de Maduro y sus colaboradores, no contra la economía venezolana.
Las medidas contra la economía venezolana llegaron en agosto de 2017, cuando Trump impidió a PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A.) que se endeudara en dólares en los mercados financieros estadounidenses. Pero el PIB ya estaba cayendo antes. Rallo explica que a mediados de 2017 ya había decendido un 33 %.
El economista señala que las sanciones que de verdad hicieron daño a la economía venezolana aparecieron en enero de 2019, cuando Trump les prohibió vender petróleo en el extranjero. Podían vender petróleo a China, pero la logística se encareció mucho. Sin embargo, de nuevo, el PIB venezolano ya disminuía antes de esta medida: hasta finales de 2018, había caído a la mitad. La mayor parte de la caída del PIB venezolano es previa a las sanciones, y tampoco toda la caída puede atribuirse en exclusiva a las sanciones, según Rallo.
El Debate











