Aceptar la hegemonía de Estados Unidos es la única opción racional que le queda a la acabada Europa
Roberto Mestre.- Europa no está en declive: está acabada. Lo único que queda es la escenografía. Cumbres, comunicados, banderas azules y discursos solemnes para ocultar una verdad incómoda: el continente ya no manda, no decide y no se defiende. Europa no es una potencia; es un cliente. Y Estados Unidos es quien mantiene abierto el local.
La Unión Europea se ha convertido en una caricatura de poder. Produce normas, no estrategias. Produce discursos, no decisiones. Produce indignación moral, pero carece de fuerza para respaldarla. Europa no lidera el mundo: lo regula desde la barrera mientras otros lo moldean a golpes de poder real.
La llamada “autonomía estratégica europea” es una broma de mal gusto. Sin Estados Unidos, Europa no podría proteger sus fronteras, garantizar su energía ni sostener su comercio. Su seguridad es importada, su tecnología es ajena y su relevancia internacional depende de sentarse a la mesa solo cuando Washington lo permite. Europa no es aliada: es dependiente. Trump encarna algo que trasciende la política convencional: una reacción frontal frente a la erosión de la identidad cristiana y de la herencia biológica de siglos que históricamente ha dado forma a Occidente.
Mientras tanto, el continente se entretiene con debates estériles sobre identidad, burocracia y virtudes abstractas. Ha confundido el bienestar con la grandeza y la comodidad con la soberanía. Ha elegido ser un espacio poshistórico en un mundo brutalmente histórico. El resultado es inevitable: irrelevancia.
Estados Unidos, en cambio, gobierna la realidad. Con errores, excesos y contradicciones, sí, pero gobierna. Define las reglas, garantiza el orden y asume los costes que Europa se niega a pagar. La hegemonía estadounidense no es elegante ni amable, pero es efectiva. Y en política internacional, la efectividad importa más que la retórica.
El mito europeo de un mundo multipolar “más justo” es una fantasía infantil. Cuando no hay hegemonía, hay caos. Cuando no hay liderazgo, hay guerra. Europa no sería un actor equilibrador en ese escenario: sería el botín. La historia no respeta a quienes renuncian al poder.
Europa no ha sido derrotada; se ha rendido voluntariamente. Ha cambiado el liderazgo por la comodidad, la estrategia por la gestión y el poder por la superioridad moral imaginaria. Hoy es un continente que critica al hegemón mientras vive bajo su protección. Una contradicción sostenida por la hipocresía.
Islamización europea
Si hay algo que los patriotas europeos no deberían perdonar nunca a la UE es que deliberadamente haya propiciado la islamización, ya irreversible, del viejo continente.
En las últimas décadas, Europa ha experimentado profundos cambios demográficos, culturales y sociales que han generado un debate cada vez más intenso: el impacto de la inmigración masiva procedente de países de mayoría musulmana y el papel que ha desempeñado la Unión Europea en la gestión —o falta de ella— de este fenómeno. Lo que está en juego no es la diversidad cultural, sino la preservación de valores fundamentales que han definido históricamente a las sociedades europeas: laicidad, igualdad entre hombres y mujeres, libertad de expresión y primacía del derecho civil.
La Unión Europea ha promovido políticas migratorias basadas en una visión multicultural que ha convertido a países como Francia, Reino Unido, Bélgica, Holanda, Alemania y Suecia, entre otros, en sociedades fallidas donde el cambio demográfico se acelera imparable. En numerosos Estados miembros se han creado comunidades paralelas donde la ley, las costumbres y las normas sociales difieren significativamente del marco jurídico y cultural europeo.
El problema se agrava cuando determinadas prácticas religiosas o culturales chocan frontalmente con derechos consolidados, como la igualdad de género, la libertad religiosa —incluida la de abandonar una fe— o la libertad de crítica. En lugar de afrontar estas tensiones con claridad, las instituciones europeas tienden a eludir el debate por miedo a ser acusadas de intolerancia, dejando a los ciudadanos con la sensación de que sus preocupaciones son ignoradas o deslegitimadas.
Asimismo, la lucha contra el extremismo islámico ha sido abordada de forma reactiva y fragmentaria. Aunque es evidente que muchos musulmanes en Europa rechaza la violencia, también lo es que ciertos discursos radicales han encontrado espacio en barrios marginados y en entornos donde el Estado ha perdido presencia. Negar esta realidad por corrección política no contribuye ni a la seguridad ni a la convivencia.
La crítica a la islamización de Europa no debe confundirse con un rechazo a los musulmanes como individuos. Se trata, más bien, de cuestionar un modelo de gestión migratoria y cultural que ha priorizado la ideología multicultural sobre la cohesión social y la defensa de valores comunes. La tolerancia no puede significar renuncia, ni el respeto puede implicar silencio ante prácticas incompatibles con los derechos humanos.
Por todo ello, aceptar la hegemonía de Estados Unidos no es una derrota: es la única opción racional que le queda a Europa. Porque el mundo no espera a los indecisos ni a los que mandan a sus pueblos a la desaparición. Y Europa hace mucho que lleva haciéndolo.
El siglo XXI no será europeo. Será estadounidense, o será de otros que no pedirán permiso. Europa ya eligió tirar la toalla. Apoyar a Estados Unidos, aún cuando los intereses económicos y políticos europeos estén en juego, es la única opción juiciosa para la defensa del viejo orden cristiano.












Si la UE acepta formalmente la soberanía de EEUU no cambiaría aquí el proceso de autodestrucción. La UE ya está realmente bajo la soberanía USA: es una creación de los dueños de los banqueros usureros que también crearon los EE UU. Éstos han dado orden a la Von der Brugen que financiemos la OTAN tras la salida de EE UU y que, cuando dentro de 5 años nos hayamos armado, nos enfrentemos a Rusia en su Tercera Guerra Mundial de forma que el territorio USA quede fuera del foco central del conflicto, tal como lograron en sus Primera y la… Leer más »
20 años con las mujeres con miedo ante hombres de verdad, que los quieren rotos para tenerlos como peleles es lo que tiene en paises como España … paises como Polonia, Lituania etc donde estas patrañas no se la cuelan nos han adelantado por la izquierda y por la derecha, y si antes ellos pensaban que europa era el futuro ahora ven que el futuro de europa son ellos, con europa o sin ella, haciendo su propia liga visogrado
Articulo muy claro y exponente de la realidad europea. Aunque nos cueste admitirlo, los europeos somos como ese niño enclenque del colegio, que no osa ponerse chulito ante los matones de la clase, y tiene que agradecer que el niño grandón, lo defienda , a veces, de la intriga de los demás niños.