A rey muerto, rey puesto
Francisco Marhuenda.- El refranero es muy sabio y este lunes pudimos constatar esta realidad con dos imágenes. Una era la del dictador caído y su mujer camino del tribunal federal de Nueva York y la otra, la felicidad de Delcy Rodríguez prometiendo el cargo de presidenta encargada de Venezuela. Por supuesto, mantuvo las formas diciendo que era «por Maduro y Chávez».
El primero es un preso que será juzgado por narcoterrorismo y el otro es un indeseable que falleció hace años. Al final, el puesto vacante no ha tardado en ser ocupado mostrando que los cambios son rápidos y un fantoche no es indispensable en esta etapa de transición marcada por la incertidumbre.
La nueva presidenta controla el aparato del Estado y la indispensable industria petrolera. Su hermano Jorge es el presidente del Parlamento. Nadie sabe, salvo los implicados, cómo se ha desarrollado este proceso que ha terminado con Maduro. Y no sé si algún día tendremos todos los detalles de una operación militar espectacular que hace suponer que la inteligencia estadounidense tenía información muy completa de dentro. Es fácil imaginar que esa ayuda fue decisiva y que no fue, precisamente, de personas irrelevantes.
La oposición se ha llevado un disgusto, porque los acontecimientos no se han desarrollado como esperaba. En una primera etapa, que previsiblemente será larga, la transición será protagonizada por la propia élite chavista con el control y tutela de la Administración Trump. La otra opción hubiera sido un conflicto incierto que podía derivar en una guerra civil.
El presidente estadounidense que es bastante previsible, en contra de las chorradas que se escriben o dicen, sabía muy bien que una ocupación militar es inviable. Es fácil especular con que habría deserciones, pero es algo carente de cualquier rigor. El ejercito venezolano cuenta con 123.000 soldados a lo que hay que sumar entre 200.000 y 300.000 milicianos. Los mandos son claramente chavistas.
Es evidente la superioridad estadounidense en el combate aéreo o marítimo, pero en tierra tendría movilizar una fuerza muy importante, una logística espectacular y asumir la pérdida de vidas humanas. Trump tendría que pedir autorización al Congreso para emprender una acción de guerra contra un país extranjero. Esto explica que quiera una transición de la mano de Delcy e ignore a la oposición.











