Yoli, ZP y Maduro
Mayte Alcaraz.- Yolanda Díaz es una sabia. Tenía claro que en estas Navidades había que quemar las naves. Las encuestas puñeteras, las corrupciones de Pedro, el sorpasso de Iglesias en Extremadura, la atomización suicida de la izquierda en los comicios de Aragón… Así es imposible arreglar la vida de los proletarios. Mira que lo ha intentado la vicepresidenta, pero no ha sido posible. Por eso, había que calzarse los penúltimos tacones, ajustarse el moño pasionario y ataviarse con la alta costura comunista -roja siempre- para disfrutar del tiempo basura que le queda como miembro del Gobierno de España. La prensa facha la ha pillado. Que rabien. A ver si no va a poder disfrutar de un menú de lujo en un hotel exclusivo con el asequible precio de 279 euros, más IVA. ¿Qué currela a los que tanto defiende no lo ha hecho este Fin de Año?
Pulpo, zamburiñas, empanada, bogavante, foie y jamón ibérico. Y qué. Peor fue lo de su enemigo Alberto Garzón, que recomendaba tofu y se apretó en su boda unos chuletones del tamaño de la cabeza de Nicolás Maduro. Ah, Maduro. Pobre Yolanda. Cuando todavía estaba desmaquillándose de esa noche obrera en Galicia, le ha llegado que su amado líder bolivariano ha caído. Cuando las cosas se tuercen… Ella que, como su exniño mimado Íñigo Errejón, ha defendido siempre que los menores venezolanos estaban sobrealimentados, disfrutando de tres comidas al día como solo la revolución puede procurar, ahora ha tenido que trabajar en plenas vacaciones navideñas, verbo que en yolandismo se conjuga dándole a la tecla en X. Y, oye, no ha defraudado: ha pedido «una movilización popular para evitar una invasión». Ha condenado a Trump, condena que tiene en un sinvivir al presidente americano.
Díaz tiene un temor con nombre propio: Zapatero. Un luchador por la libertad de los pueblos, un guerrillero contra el imperialismo, tan amigo suyo, que está nerviosa. Ya no puede una estar tranquila. Va a tener que pedir a Unai y Pepe que monten un sindicato para defender los derechos de ese pobre ciudadano cuyo único pecado es tener cuentas corrientes capitalistas, pero que muy capitalistas, y quién sabe si provenientes de lugares turbios, como esos que han llevado a Nicolás al tribunal de Brooklyn. Claro que si Delcy es hoy presidenta interina y Corina no existe para la Administración norteamericana, pues igual ZP sale de esta reforzado. El mundo al revés. Lo primero que ha hecho Yolanda, además de clamar por la paz, ha sido llamar al expresidente. Le ha dado fuerzas. Que no decaiga, porque Pedro depende de él. Le ha dicho a José Luis que estos americanos no se van a atrever. Que sí, que sí, que le tienen ganas por aquella ocurrencia de no levantarse ante la bandera americana en 2003 o, un año después y ya como presidente, sacar a España de Irak e instar al resto de Europa a hacer lo propio. Pero es que estos yanquis tienen la piel muy fina: todo les molesta.
Es que este Marco Rubio, muchos años senador por Florida, conoce a Maduro y Zapatero como si fueran sus propios hijos, se la tiene jurada a España, cree la estadista Díaz. La vicepresidenta ya ha hecho un análisis de altura: la reacción va a por «nosotros», y a por el petróleo venezolano. Está acongojada porque después vendrán Cuba y Nicaragua, dos grandes exponentes de democracia y respeto con los derechos humanos, que a ella gusta tanto visitar cuando los hoteles de lujo y la Milla de Oro madrileña le dejan tiempo libre.
Algo le han dicho a Yolanda de la doctrina Monroe y está intentando descifrarlo para explicarlo en sus pedagógicos vídeos y así que las dos o tres personas que todavía la votan entiendan de qué va esto del ataque americano. Qué exageración esta operación que va a llevar al comandante exconductor de autobuses ante la justicia americana por conspiración para el narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y tenencia de material de guerra contra Estados Unidos. Si Pedro pudiera le amnistiaba. Como ha hecho con Oriol y compañía.
Yolanda sigue en un ay. No sabe si meterse en una flotilla hacia el Caribe con Ada Colau o irse de compras a Las Rozas Village. Igual lo de los cincuenta millones de dólares que Trump ofreció por la cabeza de Maduro, el líder del cártel de los Soles, le hubiera procurado una buena jubilación para cuando los españoles la manden a la vida anterior al chollo que le ofrecieron al alimón Pedro y Pablo. Pero se pone a lo importante Yolanda, después de condenar a Trump: llamadme a la peluquería para que me pongan unas mechas bolivarianas. Porque «yo voy a por todas» por la revolución chavista. Qué importa la vida de decenas de miles de venezolanos, su tortura, su miseria, su infierno. Yolanda está a lo que importa. Si es que hasta está convencida que el «happy new year» del camarada Maduro escoltado por agentes de la DEA y el FBI se lo ha dedicado a ella y a su noche bolivariana en La Coruña.












Interesante y desenfadado artículo. Estos momentos de apertura a un nuevo año, con unos cambios de dirección en la andadura de la nave mundial, son para enmarcar.