La respuesta de la izquierda facistoide de siempre a la captura del dictador Maduro: Id preparando las maletas que os queda un cuarto de hora
Xavi Altamirano.- Las reacciones de la izquierda española a la captura del dictador Maduro —no hace falta señalar siglas ni apellidos— confirman, una vez más, la naturaleza profundamente autoritaria, hipócrita y moralmente corrupta de una izquierda que lleva décadas dando lecciones de democracia mientras justifica dictaduras amigas. Es la misma infamia de siempre, el mismo fascismo moral disfrazado de superioridad ética.
¡Ya está bien!
Para ellos, el hecho ha sido un “acto terrorista intolerable”, y el problema, como casi todo en su mundo de fantasía, es que el “cagado del presidente Sánchez” no ha sabido dar una respuesta a la altura.
¿Pero qué respuesta esperan de un presidente que sabe que tiene más papeletas que nadie para acabar esposado, sentado en un banquillo, siguiendo el camino de su socio ideológico Maduro?
Pues la única posible: una reacción cobarde, tibia, inservible, rematada con la grotesca escena de ofrecerse como mediador internacional, con la voz temblorosa y los calzoncillos sucios, como cada vez que se presenta ante Trump.
¿Qué habría opinado esta izquierda miserable si, en 1939, tras la Guerra Civil, Franklin D. Roosevelt hubiera enviado un portaviones para detener y juzgar a Franco? ¿Habrían gritado “terrorismo internacional” o habrían celebrado la liberación de España? Este razonamiento, que hoy mismo expuso Iñaki Anasagasti, deja en evidencia el cinismo obsceno de quienes aplican la palabra “dictador” como si fuera una etiqueta ideológica y no una condición claramente objetiva.
Ione Belarra, respóndenos con claridad: ¿un dictador lo es más o menos según convenga? ¿O la dictadura es un valor absoluto? ¿O acaso depende de si el tirano se declara de izquierdas y canta la Internacional?
Que Franco fue un dictador no lo discute nadie con dos neuronas funcionales. Pero tu protegido, ese animal político llamado Nicolás Maduro, es un dictador criminal, narcotraficante y represor, colocado a dedo por Hugo Chávez — sí, ese Hugo Chávez por el que Yolanda Díaz lloró desconsoladamente en Galicia el día de su muerte, como si hubiese fallecido un demócrata ejemplar y no un caudillo caribeño —.
Ese mismo Maduro que mantiene secuestrados en sus cárceles a veinte ciudadanos españoles, según reconoce la propia Moncloa tras la reunión del pasado 23 de diciembre entre Sánchez y los familiares de los detenidos. El mismo Maduro que encarceló a dos ciudadanos vascos, José María Basoa y Andrés Martínez, detenidos en septiembre de 2024 mientras estaban de vacaciones, acusándolos de espionaje para el CNI sin prueba alguna.
¿Y para condenar esto, dónde está el gallinero rojo; ese supuesto antifascismo de Podemos y Sumar? .Pues callado. Escondido. Sumiso. Porque cuando el carcelero es “de los suyos”, el silencio es virtud. La virtud del amigo Maduro que vive rodeado de lujo obsceno, entre palacios horteras y privilegios insultantes, mientras condena a su pueblo a la miseria estructural, hasta el punto de no tener ni papel higiénico con el que limpiarse el culo.
A ese Maduro no se le señala.
A ese Maduro no se le critica.
A ese Maduro se le protege.
¿Verdad?
Id preparando las maletas. Os queda un cuarto de hora disfrutando del estatus de privilegio y blindaje institucional que os ha regalado el aspirante a dictador Pedro Sánchez. La impunidad no es eterna, aunque la creáis garantizada, incluso tirándoos los trastos a la cabeza.
Venezuela necesita más de 55.000 millones de dólares para recuperar la producción de crudo previa al chavismo, un régimen que ha destruido sistemáticamente la industria petrolera año tras año hasta llevarla al colapso absoluto. Solo una cooperación internacional pactada y el regreso de petroleras con capacidad real de gestión pueden revertir esa ruina.
Y sí: hay que exigir al animal de Trump que administre la transición hasta que los venezolanos puedan, en breve, votar libremente. Que sea un gobierno legítimo el que decida el futuro del país. Y la comunidad internacional debe respaldar sin fisuras ese plan, porque es sencillo, lógico y moralmente inaplazable.












Como en un partido de futbol, es mejor que los jugadores vistan la camiseta de su equipo, así el público podrá distinguir las jugadas de cada jugador, y opinar en consecuencia.