Zapatero, pálido; Yolanda, enojada; Sánchez, sudando
Escena 1: La corista de ópera está escuchando Radio Pravda en la cocina de diseño de la dacha familiar, mientras se prepara un té matcha en una isla tocha, tipo las de los gemelos de Divinity. Pero de repente el cuenco del brebaje zen se le cae al suelo por el sobresalto que le provoca una estremecedora noticia que acaba de escuchar en la radio: ¡Trump ha detenido a Maduro y a su mujer y se los ha llevado presos a Estados Unidos!
La corista de ópera sube al primer piso corriendo de manera frenética, saltando los escalones de dos en dos, e irrumpe demudada en un suntuoso despacho de alto diseño escandinavo. Allí, el contador de nubes está releyendo versos de Gamoneda, o quizá estudiando alguna inversión foránea: «¡Trump ha arrestado a Maduro!», vocea ella casi sollozando.
El contador de nubes palidece. Con las mandíbulas apretadas y un rostro de seriedad pétrea, se queda paralizado durante un minuto que parece infinito. La corista de ópera está muy alterada: «Dime, ¿qué coño va a pasar ahora? ¿Vamos a tener que exiliarnos en Pekín?». El contador de nubes mira al techo y responde enigmático: «Demos tiempo al tiempo». Pero el poema ahora es su cara. Y es que cuando se abran los archivos de Caracas…
Escena 2: Viceboutique se despierta en una suite del único hotel de cinco estrellas de La Coruña, donde ha despedido el año previo pago de 300 euros por la opípara cena de Nochevieja. Enciende la televisión -TVE, la voz del régimen- mientras se toma una copilla de Moët con zumo de naranja ecológico. La noticia de la caída del camarada Maduro la golpea como una bofetada. De inmediato llama a una asistente y le ordena subir un duro mensaje de condena a la red Bluesky, porque ella se ha dado de baja en la ultraderechista X de Elon Musk: «Nuestra firme condena a esta agresión imperialista a Venezuela. El mundo es menos seguro y menos libre desde que Trump y la internacional del odio actúan impunemente».
Viceboutique se queda a gusto tras desfogarse y acto seguido decide darse un voltio por algunas tiendas coruñesas de ropa molona, a ver si comprando un par de prendas caras se le pasa el bajón. Mientras tanto, en las serranías de Galapagar, un calambre de zozobra se apodera de la pareja de hacendados del comunismo populista: ¿Acabará destapándose ahora de donde salió la pasta inicial para montar Podemos?
Escena 3: Gavilán y Pichona ya están de vuelta en Palacio tras los quince días de vacaciones por «las fiestas» (su denominación hortera para la Navidad). Gavilán acaba de recibir la llamada de su leal Napoleonchu, que le pregunta inquieto cómo manejar la situación, qué decir ante la caída de Maduro. Gavilán le recuerda a Napoleonchu las líneas maestras de su magnífica política exterior: «Como bien sabes, nosotros somos prochinos, pro Hamás, pro Lula y anti Milei. Somos contrarios a Putin, pero sin mojarnos cuando toca rascarse el bolsillo y con ministros prorrusos en mi Gobierno. Y sobre esto de Venezuela, ¿qué te voy a decir que tú no sepas? Conoces lo de José Luis y sus tejemanejes de intermediación, sabes qué paso con Plus Ultra, conoces los trapos sucios de la visita de Delcy, eres consciente de que Corina no me va, y por eso ni la felicité por lo del Nobel, y sabes que nunca, jamás, puede Mi Persona, un referente progresista, apoyar una operación golpista del imperialismo estadounidense. Así que haz un comunicado diciendo que «España no reconoció al régimen de Maduro, pero tampoco reconocerá una intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo».
Napoleonchu se cuadra con un recio taconazo: «A la orden, jefe. ¡Brillante, como siempre! Entendido tu mensaje. Nosotros, con Hamás y los chinos y contra Estados Unidos. Me pongo a ello».
(Resulta muy notable, o más bien deprimente, lo mucho que ha molestado a la izquierda española y sus televisiones la detención de un narcodictador odioso, que había sumido a su país en la miseria, la tortura y la violencia, provocando el exilio de más de siete millones de personas. Pero al populismo de izquierdas le va a tocar seguir sufriendo, porque la próxima parada es Cuba).












