Normalización social del sufrimiento humano
Ya es sabido que Benedicto XVI calificó al “aborto, la eutanasia y la ideología de género” como parte esencial de lo que definió como el “credo del Anticristo”. Considerando que son conductas que atentan directamente “contra la vida desde la concepción a la muerte natural”, las dos primeras, y contra “la familia, constituida sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer”, la otra. El aborto, que está incluso considerado como un derecho humano en el mundo occidental, es una intervención que provoca la eliminación de un ser humano ya concebido en el seno materno.
Teniendo presente la facilidad de evitar un embarazo no deseado, salvo en caso de violación, mediante el uso de anticonceptivos -sin perjuicio de las consideraciones morales y religiosas-, resulta sorprendente y dramático la gran cantidad de abortos que se realizan. Su normalización social llega al extremo de estar legalizada su práctica en países desarrollados cuando el embarazo ya está muy avanzado y hasta recién nacida la criatura.
Sin duda es una prueba evidente de la deshumanización que comporta el llegar a exterminar bebés en gestación. Por el contrario, la sensibilidad social para impedir el maltrato y el sufrimiento animal está muy desarrollada -lo que sin duda está muy bien-, pero llama la atención esa insensibilidad contra el sufrimiento del ser humano en gestación, lo que está científicamente demostrado. Al respecto llama la atención que el Reino Unido prohibirá cocer vivos a cangrejos y gambas “para evitar el sufrimiento animal”. Insistimos en considerar como muy positiva y exigible la sensibilidad contra el sufrimiento animal, pero lo que resulta incomprensible es la insensibilidad contra el sufrimiento humano que el aborto provoca. En concreto, el presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid Luis Argüello ha denunciado públicamente esta situación de doble moral que castiga con multas de hasta 15.000 euros y dos años de cárcel si se destruye un huevo de águila y permite matar a un hijo con síndrome de down hasta el final del embarazo.
También afirmó que el aborto es profundamente inmoral y que atreverse a denunciarlo públicamente -porque significa eliminar a una persona distinta del padre y la madre- es considerado como un tabú y una intromisión en la vida privada que provoca “graves descalificaciones políticas y sociales a quien lo hace”, como él mismo ha experimentado. En Inglaterra y Gales, ya en 2022 se produjeron 250.000 abortos y en 2025 la legislación ha incrementado su despenalización. En España la situación avanza en la misma dirección y ya está sancionado y penalizado incluso el rezar delante de los abortorios. Deshumanización ante el sufrimiento humano.











Pues Ud. formaba parte del gobierno con mayoría absoluta que no hizo nada para ilegalizar o por lo menos dificultar el aborto lo habían recurrido al tribunal constitucional y con eso cumplieron de cara al electorado pero lo cierto es que fue una conducta muy hipócrita, por no hablar de que es lo que le dijo Zapatero cuando le nombran ministro del interior a muchos españoles nos creo desasosiego la visita y todavía no sabemos que le dijo, en fin, ley de memoria histórica, conversaciones con etarras, es decir, con delincuentes, toda una etapa muy oscura.