Donald Trump y Carlos III de España
Fraguas.- La vanidad de las personas que han crecido con calefacción, luz eléctrica, televisión y tres platos nutritivos en la mesa al día interfiere en el pensamiento de una forma abrumadora. Y es muy correcto el adjetivo porque la bruma que genera su alto estatus, su posición altanera, frente al mundo, opaca muy mucho la ventana de la historia.
La política no cambió jamás. Los estados potentes fueron abusones frente al débil, los inmorales saqueaban al despistado, los informales hacían ambas cosas (Véase Albión).
Miramos y enjuiciamos hoy la acción de EEUU en Venezuela. Para la izquierda decadente, el fascismo americano ha atacado a un país soberano. Omiten la usurpación de Maduro, el ataque a Los Derechos Humanos y, sólo a partir de ahí pueden mantener su discurso. Para la derecha emergente es un camino de luz.
Derrocar a un tirano comunista abre el sumidero para el viaje a la sentina del olvido a todo el grupo de Puebla. Es el retorno a la vida cotidiana de siempre.
Si la historia es cíclica y si la política no ha cambiado nunca, es de necesidad que haya un episodio en los archivos de Clío que explique con letras sencillas el episodio del presidente naranja sobre la banana madura, y lo hay.
EEUU sufre un daño excelso en la economía, en la salud y en la seguridad gracias a la ingente cantidad de droga procedente de esas latitudes durante décadas y ha cogido el libro de Carlos III de España.
Quinientos años llevaban las ciudades costeras españolas sufriendo el ataque constante de la piratería bereber, quinientos.
Las nuevas ciudades se construían a kilómetros de la costa y se fortificaban en prevención de los seguros futuros ataques de los piratas moros de Argel, base riquísima de la piratería. Españoles asesinados, jóvenes llevados a la esclavitud, chicas raptadas para el concubinato, maduras violadas y; después pasadas a cuchillo porque no tenían mercado. Todo era un coste excesivo sin solución hasta que apareció el capitá Toni, un mallorquí iletrado y sordo; pero con una iniciativa en su alma vieja de lobo de mar, rebosante.
El capitá Toni, Antoni Barceló, con una flota de jabeques, embarcaciones ligeras muy efectivas con pocos cañones, apareció en el puerto de Argel y sin aviso, bombardeó la ciudad durante horas y se marchó.
No invadió, no saqueó, no conquistó; sólo destruyó y se fue.
Un año les costó reconstruir la ciudad a los piratas bereberes hasta que pudieron volver a su empresa. El coste económico fue inmemso; pero se rehicieron y volvieron a las costas españolas a saquear de nuevo.
Toni Barceló volvió y, a pesar de recibir una bala de mosquete en el brazo, al más puro estilo cervantino, continuó con el segundo y más intenso bombardeo sobre la reconstruida Argel; y como antes vino, igual se fue.
La política puede funcionar mejor o peor, amado lector; pero lo que funciona siempre igual, preciso e inexorable, son las matemáticas. Dos cartas de plomo, piedra y bronce necesitó Argel para entender que el negocio de la piratería ya no era rentable.
Así fue como el último resurgimiento del Imperio comenzó en la península y bajo su seguridad Carlos III pudo acopiar el mayor Imperio Español, el más extenso. No tenía, ni lastres, ni rémoras.
Ese es el libro de Trump hoy. Trump prometió una América Grande Again (de nuevo) y se debe quitar lastres y rémoras.
La política es igual de sencilla como antes, amado lector. Que no lo inflen con invasiones, ni con payasadas venideras. Nosotros ya lo hicimos antes.
Ave María Purísima.










