Cuando hay que elegir entre democracia y chavismo, la izquierda española no duda
La reacción de buena parte de la izquierda española ante la posibilidad de detener a Nicolás Maduro no solo resulta decepcionante: es moralmente obscena. Una vez más, sectores que se autoproclaman defensores de los derechos humanos, la justicia social y la dignidad de los pueblos optan por mirar hacia otro lado cuando el responsable de una de las peores tragedias humanitarias de América Latina enfrenta la rendición de cuentas.
No se trata de un error de información ni de un malentendido geopolítico. Se trata de una elección política. Defender a Maduro —oponiéndose a su detención, relativizando sus crímenes o escondiéndose tras el discurso gastado de la “soberanía”— implica justificar un régimen que ha destruido instituciones, perseguido opositores, encarcelado y torturado disidentes, y empujado a millones de venezolanos al exilio.
¿Dónde quedó la izquierda que denunciaba dictaduras? ¿Dónde están quienes marchaban contra la represión, la censura y la violencia estatal? Al parecer, esos principios son flexibles cuando el autoritarismo se disfraza de “revolución” y se envuelve en una retórica antiimperialista vacía.
La oposición a la detención de Maduro no es neutralidad: es complicidad. No es pacifismo: es cinismo. Porque no se puede defender la justicia social mientras se protege a un gobernante señalado por crímenes de lesa humanidad. No se puede hablar de democracia popular mientras se avala un sistema que elimina elecciones libres, controla los tribunales y usa las fuerzas de seguridad como brazo represivo.
La izquierda que hoy se moviliza para defender a Maduro ha renunciado a cualquier autoridad moral. Prefiere sostener un relato ideológico antes que escuchar a las víctimas venezolanas: a los presos políticos, a las familias rotas por la migración forzada, a los ciudadanos que sobreviven entre apagones, hambre y miedo. Para esa izquierda, el sufrimiento real es un daño colateral aceptable si sirve para mantener la coherencia del dogma.
Más grave aún es el doble rasero. Esos mismos sectores exigen detenciones, sanciones y juicios internacionales —con razón— cuando los abusos provienen de gobiernos de signo contrario. Pero cuando el acusado pertenece a su “bando”, la justicia se convierte mágicamente en persecución, y los derechos humanos pasan a ser una herramienta del “enemigo”.
Defender la no detención de Maduro no es defender la paz; es garantizar la impunidad. Es enviar el mensaje de que un gobernante puede arruinar un país entero sin consecuencias si utiliza el lenguaje ideológico correcto. Es traicionar la idea misma de una izquierda comprometida con los pueblos y no con los caudillos.
Venezuela no necesita más excusas, ni más discursos cómodos desde despachos europeos o latinoamericanos alejados de la realidad. Necesita verdad, justicia y responsabilidad. Y cualquier proyecto político que se oponga a eso, por acción u omisión, no está del lado del pueblo, sino del poder más brutal.
La historia, como siempre, tomará nota. Y esta vez, el silencio y la defensa de Maduro pesarán como una condena moral difícil de borrar.












Definicion de narco: personas involucradas en el crimen organizado.
Definicion de terrorismo: intimidacion y terror utilizado para que otros hagan cosas que de otra manera no harian.
No es esto lo que sucedio durante la plandemia en la mayoria de los paises? Por que solo capturar a este y no a todos ? Algo me dice que son otros quienes dirigen el mundo y que Trump es simplemente un prostituto de los que en realidad dirigen elmundo.
Cada cosa a su tiempo, eso es lo que distingue a un buen estratega..
Y en cuanto a lo de “prostituto”, vocablo con el que piropea a Trump, que pregunten a todos los opositores de Maduro que fueron encarcelados sobre su triste estancia en “El Helicoide”, una prisión temible donde las haya .En fin…
Articulo perfecto, sin lugar a equivocos
Y no solo la izquierda. Parte de la derechona casposa hece y dice lo mismo.
OK