En 2026, Sánchez todavía estará ahí
Alfredo Semprún.- No es que uno pretenda ser un visionario, pero de nuestro presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dependen más nóminas socialistas que las de Adrián Barbón, que ya es decir, y un añito y medio de sueldo y/o salario son palabras mayores, especialmente, si algunos de esos emolumentos son de seis cifras, que no hablamos de funcionarios del común, sino de gentes colocadas a dedo en puestos de relumbrón, como consejos de administración o direcciones generales varias. Y, luego, están los asimilados. Según el periodista Diego Sánchez de la Cruz, en Asturias, el presupuesto de la dirección general de LGTBI ha pasado en tres años de 90.000 euros a 3,4 millones, y el de la dirección general para la memoria histórica de 250.000 euros a 1,5 millones, con 391.000 euros destinados a gastos de personal en el año que comienza.
Si traigo a colación lo de Asturias es porque su presidente, Barbón, es uno de los socialistas más activos a la hora de denunciar el «dumping» fiscal de Madrid, comunidad a la que califica de «extractora de recursos». Pero no divaguemos. El caso es que los españoles que viven del Estado son legión, y esas estructuras clientelares son muy difíciles de desmontar, como sabían bien los romanos. Y sí, me dirán que al resto de los ciudadanos las cosas no les van demasiado bien, con la vivienda por las nubes, la inflación comiéndose los salarios, creciendo la precariedad laboral y bajo la asfixia de una política fiscal desmesurada, lo que en mera lógica aconsejaría un cambio de Gobierno, una vez demostrado que el actual acumula torpezas en cualquier campo de actuación. Pero hasta mediados de 2027, como pronto, la cuestión del relevo no está en manos de los ciudadanos ni, por supuesto, de la oposición, sino de los partidos nacionalistas que sostienen parlamentariamente a Sánchez y que no piensan soltar la presa hasta que le hayan sorbido hasta el tuétano. Unos partidos que, sumados todos los votos, no llegan al 7 por ciento de los electores, pero que gracias a nuestro sistema electoral tienen la sartén por el mango y no piensan soltarla. Ni siquiera Puigdemont, al que se le están haciendo eternos los largos, obscuros y húmedos inviernos belgas, pero que todavía alberga esperanzas de que el Gobierno le adelante la aplicación de la amnistía. Y tampoco hay que contar con que los procesos autonómicos en curso vayan a forzar un cambio.
Como ha dicho Rodríguez Ibarra, en Extremadura les ha tocado poner la cara los primeros y se la han partido, no por sus pecados, sino por los del sanchismo en general, y aunque podríamos discutir si Gallardo, el líder socialista que trató de aforarse en fraude de ley, saltando por encima de cinco compañeros, está incluido en el sanchismo o es una víctima colateral, lo cierto es que a la debacle extremeña el señorito no le ha hecho el menor caso, ni una referencia, con lo que debemos suponer que a la candidata aragonesa, Pilar Alegría, también la darán por amortizada en La Moncloa sin que se le mueva un cabello al señorito, como cuando Roger Moore hacía de James Bond. De ahí, mi previsión para el año nuevo de que, como en el cuento de Monterroso, cuando despertemos de la resaca, el dinosaurio todavía estará allí. En fin, que muchas felicidades a la tropa del sanchismo e invitarles a seguir ahorrando, que el panorama laboral no está para tirar cohetes. Basta con darse una vuelta por España.












