Raúl Rivera
Fraguas.- Sueño tu tarde como tu intención. La sueño seca y aspera por el alvero. Por lo angosto del pasillo que lleva al triunfo que ofrece rozar a la tela con el asta, como cuando te raspa la pared cementada; pero con tétanos y peligro.
Y de todo lo duro y lo seco, mojado de sudor y determinación. De pañuelos y señoras de rojo, de velo de sombra y anhelo, tu pasión en el toreo; tu danza íntima con la bestia, tu lenguaje íntimo en los tercios, en los tres.
Así te he visto siempre, Raúl Rivera; así sueño tu tarde de negro y oro. Negro como el tálamo donde descansa la luna que platea el lomo de los de Fraile.
Negro como el tono del antiguo vino de Madrid que se hacia con la uva de tu pueblo, de Yeles, y Esquivias que lo nombró Galdós. Negro como el pelo de tu madre, morena, guapa, lozana y nazarena. Nazarena de corazón; quizás con el púrpura del atardecer de Madrid algo tenga que ver ella. Ella y Dios que juntos están.
Y oro. Oro como el tamo de la trilla que respiras cada estío, el mismo que respiraba Domingo Ortega; quizás sea esa la fórmula para el valor de los maestros de la Sagra toledana, respirar el tamo y correr rastrojos.
Todo listo, Raúl Rivera, para el chotis del honor con la muleta. Que lo bailes el treinta y uno en tu confirmación de alternativa. Que la puerta grande se abra al negro y oro en tu confirmación como la confirmó Aparicio en su día.
Que se vea el rojo femenino de la grada, el blanco del pañuelo, el respeto de las Ventas y se oigan los gritos en Navalcán.
Que se alce tu toreo y que el polvo de las Ventas sea el tamo que respiremos y exhalemos siempre en recuerdo de una tarde de gloria.
Tuyo es el talento, el destino es de Dios.
¡Suerte, Maestro!













Buena gente este Fraguas.