Pactos de Abraham
J. R. Aguirre.- Hace poco un artículo en este mismo digital mencionaba el disgusto de Donald Trump con los líderes judíos. El motivo parece deberse a una cena reciente en que el rapero Kanye West coló a un tal Nick Fuentes, de curioso apellido hispano, al que se identifica como “supremacista blanco”, pecado este imperdonable y que en España le hubiera supuesto ya juicio sumarísimo y pena de cárcel. El rapero en cuestión Kanye West es en todo el entorno cultural occidental el único que tiene la valentía de defender al hombre, sobre todo varón, blanco que ahora se encuentra disminuido física y psíquicamente en un orbe cultural y social dominado por la mujer, los afroamericanos en Estados Unidos y en general por los africanos en la vieja Europa. Nótese que las selecciones más punteras de fútbol en el mundial que gracias a Dios ya ha terminado, Alemania, Francia y otras parecidas son básicamente selecciones africanas.
Trump pasa por ser el gran presidente que se enfrentó al NOM y devolvió, o lo intentó, algo de la dignidad perdida a los Estados Unidos. El lema, la consigna a seguir del mandatario fue la de “hagamos a América fuerte de nuevo”. Cuidado con esta expresión; América. No Estados Unidos. Para los USA solo existe una América, la de ellos. El escritor mexicano Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo, abominaba de los Estados Unidos, un país que según él, ni siquiera tenía nombre.
Pero, sea como fuere, Trump fue un buen presidente para su nación. Víctima final de la epidemia del Covid y de la manipulación electoral que le sustituyó por un anciano senil, enfermo evidente.
Los que recordamos el escándalo izquierdista que se organizó cuando Ronald Reagan se presentó y finalmente fue elegido presidente allá por los años ochenta, no podemos más que sonreír. A Reagan, ex actor y gobernador del Estado de California antes de iniciar la carrera presidencial, le achacaban todos los males del universo conocido porque, según los “progres” de aquellos tiempos, era ya muy mayor para ser un presidente USA. Iba a cumplir 70 años, los mismos con los que Trump accedió a la presidencia y algunos menos que los 78 de Biden que, a pesar de los evidentes signos de enfermedad, no han supuesto ningún obstáculo para ser colocado donde conviene a los que llevan las riendas del mundo (al menos del occidental).
Más dudoso es que Trump fuera un buen presidente para España. Y es que Trump fue el mejor presidente para las aspiraciones de Israel. Trasladó la embajada USA de Tel Aviv a Jerusalén reconociendo de facto la capitalidad de la ciudad que buscaban los líderes de Israel y promovió también los llamados “pactos de Abraham”. Todo el mundo feliz. Dudo que nadie haya analizado siquiera someramente el significado de estos pactos y las consecuencias que se derivaron, sobre todo para España y también, aunque nadie dice nada, para la vieja Europa.
Supongamos que ante el estado de postración de España a alguien se le ocurriera pensar en reeditar el pacto de los toros de Guisando, conforme a los cuales Isabel, hermanastra de Enrique IV fue nombrada heredera con derecho al trono de Castilla por delante de Juana la Beltraneja, colocando mediante pacto semejante traído al presente a la infanta Elena como reina en lugar de Felipe. (En el entorno ultrafeminista que vivimos y en la actual crisis de interpretaciones constitucionales, es raro que no se hable del derecho de la primogénita, a la que se birló la herencia debida por una disposición constitucional de intolerable tufo machista) . La manada periodística habitual calificaría como una barbaridad traer al presente cosas que sucedieron hace ya 500 o más años.
Pues todo el mundo se traga los pactos de Abraham, sin saber exactamente lo que suponen, como un gran acontecimiento sin ninguna consecuencia más allá de la paz y la felicidad para Israel y sus parientes, hermanastros árabes (eso es lo que son, según los pactos famosos) cuya datación no es conocida, pero que deben ser de hace 3.000 años como mínimo.
Y es que Abraham, antes Abram, pasa por ser el padre de las tres religiones monoteístas lo cual, me parece a mí, bastante cuestionable. En todo caso, y por lo que puede leerse en la Biblia, Abraham estaba casado con una hermanastra de nombre Sara (antes Sarai) que era estéril. La mujer viendo su avanzada edad y siendo por aquel entonces importante tener hijos, descendencia, herederos al fin y sobre todo sucesores en el poder del padre, animó al también aciano Abraham a cohabitar con una sirvienta egipcia de nombre Agar de la que tuvo un hijo, por tanto el primogénito, al que pusieron por nombre Ismael.
Aquí se impone un inciso. Ahora se interpreta el Nuevo Testamento a través del método denominado método histórico crítico, es decir, aplicando los conocimientos científicos actuales al relato evangélico. Lo cual lleva a considerar falsos los milagros de Cristo y a reducir la resurrección a una especie de toma de conciencia espiritual sin posibilidad alguna de que el cuerpo muerto de Cristo pudiera reincorporarse desde la muerte y volver a la vida, tal como se relata por los evangelistas.
Aplicando este método a la cuestión hereditaria y el derecho actual a lo que la Biblia dice, los acontecimientos posteriores al nacimiento de Ismael no pueden sino ser tachados de robo, un expolio en toda regla al legítimo heredero. Y es que Sara se sintió maltratada por Agar cuando esta quedó en cinta y consiguió que Abraham la expulsara al desierto. Allí, Jehová protegió a la mujer y la devolvió al cuidado de Abraham advirtiéndola, eso sí, del respeto y la sumisión que debía a Sara. Según el método histórico crítico debemos desechar la presencia de Jehová y suponer que el propio Abraham, arrepentido, después de todo Ismael era su primogénito, consiguió vencer el rechazo de Sara y traer de nuevo al hogar a la sierva advirtiéndola del trato que debía a su mujer.
Posteriormente y siendo Sara ya nonagenaria, por intervención divina o angélica, esta queda en cinta y da a luz a Isaac que pasa fraudulentamente a ocupar el lugar de Ismael. El cual es de nuevo, parece que trataba mal a Isaac, expulsado del hogar (la tribu probablemente) paterna. Bien, entonces y de nuevo según el método histórico crítico no podemos admitir que hace dos o tres mil años una nonagenaria pudiera concebir y casi seguro tampoco que el propio, ya centenario, Isaac pudiera procrear. Se trata aquí del mismo problema que conocemos en cuanto al heredero de Julio César que por vía sanguínea era Cesaríón y que por disposición del propio César, renuente a que un medio egipcio de sangre no plenamente patricia aunque fuera su propio hijo le sucediera, nombró heredero a un pariente lejano, sobrino nieto, el conocido como Octavio y posteriormente como emperador Augusto. La importancia de las líneas de sangre impolutas queda aquí demostrada.
Es pues probable que la tribu de Abraham (tribu de pastores), celosos del hecho diferencial que les caracterizaba se inventaran un parto de la vieja Sara y una paternidad del viejo Abraham (Isaac debió ser hijo de otra mujer de la tribu), todo antes de que un medio egipcio heredara lo que fuera en que consistiera esa herencia. Y entonces llegamos al famoso pacto. El tal Jehová se aparece a Abraham y le comunica que sus descendientes serán tan numerosos como las estrellas del cielo y le promete una tierra para él y para su descendencia.
(Biblia Reina Valera. Capítulo 15, versículo 18 y ss del Génesis: En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, 18 diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río deEgipto hasta el río grande, el río Éufrates; la tierra de los 19 ceneos, los cenezeos, los admoneos, los heteos, los ferezeos, 20 los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los 21 jebuseos).
El problema es otra vez el llamado método de interpretación histórico crítico. No pudo ser Jehová, ente celestial e invisible, científicamente imposible, el que prometiera semejante barbaridad. Debemos tener en cuenta que la tierra que a Abraham y su prole se promete estaba ya ocupada por tribus y reinos indeseables a los ojos de un líder tribal condenado a la trashumancia perpetua por su condición pastoril, a pesar de lo cual sueña con tener una tierra en propiedad, un territorio para su pueblo. El pacto en cuestión bien pudo ser una idea del líder, una promesa a la tribu transformada por las circunstancias de aquel entonces que mitificaban cualquier objetivo, en un derecho de conquista ratificado por un ente divino sin que nada divino interviniese. El pacto era que a cambio del derecho a la ocupación (incluso por la fuerza) de tierras ya habitadas, el supuesto ente espiritual e invisible exigía a cambio la circuncisión de todo varón al octavo día posterior al nacimiento. El significado último de la circuncisión se me escapa, pero la Biblia lo relata más o menos así. El pacto se traslada a Ismael y sus descendientes (en estos pueblos la circuncisión de los varones tiene lugar durante la infancia) que suponemos son hoy en día todo el mundo árabe prometiendo también una descendencia numerosa como las arenas del mar y puede deducirse aunque no está claro, el derecho de la estirpe ismaelita a la ocupación de toda tierra que no correspondiera a Isaac. Aquí podemos interpretar un intento de reparación (siempre con Isaac por delante) de la injusticia cometida contra Ismael.
La misma historia, casi punto por punto se repite respecto con el nieto de Abraham, hijo de Isaac, Jacob, segundo en el orden de nacimiento y por tanto sin derecho legal a la herencia sagrada. De nuevo el famoso pacto, que con ayuda imprescindible de su madre pasa al segundón, Rebeca, engaña al viejo Isaac y roba la herencia al primogénito, Esaú. Esaú comete también delito parecido al que expolia anteriormente a Ismael. Si bien este último carecía de la necesaria certificación de pureza de sangre y por tanto no era totalmente miembro de la tribu, Esaú toma la decisión de matrimoniar con mujeres cananeas, es decir, no estrictamente emparentadas con Isaac, Rebeca y la estirpe de la que provienen por consanguinidad directa. Rebeca se siente maltratada por las nueras y mediante el conocido ardid de la piel de cordero y valiéndose de la ceguera y la cercanía de la muerte de Isaac, la herencia, el pacto sagrado, el derecho sobre toda tierra antes asignada a Isaac pasa de nuevo al segundón que huye ante la probable venganza de su hermano. A su vuelta, Esaú, extrañamente acomplejado ante Jacob, divide las tierras que le corresponden y Jacob se asienta como propietario de su parte quedando el resto para Esaú, cuya descendencia podría ser la que hoy identificamos con lo árabe. Ambos relatos pueden ser el mismo. Esta parte de la Biblia es un compendio de tradiciones orales puestas por escrito siglos después de que supuestamente tuvieran lugar los hechos relatados.
Y volviendo a la actualidad, Trump parece ejercer el papel de Jehová o del mismo Abraham y reedita los famosos pactos que instituyen finalmente a Israel como propietario de todas las tierras que están en litigio y quizá, de paso, y para contentar a los hermanastros cuya herencia se birla en la antigüedad, reconocen como quién no quiere la cosa la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara y de rebote, todavía no sabemos por qué medios, el propio Sánchez se somete a los milenarios pactos entregando el último vestigio de dignidad española al rey de Marruecos, comendador de los creyentes.
Ahora Trump se queja. Podemos suponer que durante su presidencia y siendo su mayor preocupación los Estados Unidos; quisiera deshacerse de una vez por todas del problema israelí en oriente medio que ha condicionado la política de Estados Unidos y de todo occidente desde el fin de la segunda gran guerra. Alguien cercano a él, siempre hay alguien cercano al poder, debió susurrarle que una vez Israel obtuviera todo lo que demandaba, el “lobbie” judío le dejaría en paz.
Pero no. Mucho reconocimiento, mucho comerle la oreja (qué grande eres Donald), pero al “lobbie” judío propietario de los medios de comunicación mundiales, nunca le ha interesado un presidente USA que desenganche al gran país norteamericano de los intereses supremos de Israel.
Y la visión actual que tenemos de estos dichosos pactos parecen responder a algo así como Estados Unidos y los países anglos atados a los intereses de los “lobbies” judíos y por tanto de Israel.
El entorno territorial de oriente medio fronterizo con el Estado judío como posibilidad de expansión y constitución final del “gran Israel” y la vieja Europa sumida en la esterilidad e imposibilidad de recambio generacional como terreno apropiado para la expansión de los herederos de Ismael o de Esaú. Las guerras en territorio europeo desde la caída de la URSS Y los sobornos “qataríes” han demostrado cómo puede conseguirse y cómo funciona el sistema de expropiación vigente.












RAZA DE VÍBORAS SEPULCROS BLANQUEADOS HIJOS DE SATANAS PALABRA DE NUESTRO SEÑOR YESHUA O JESUCRISTO AMEN DEDICADO A LOS ZIONIZTAZ
zioniztaz?
La iglesia Católica debería replantearse el antiguo testamento.