Suecia como síntoma de lo que nos espera en España
En España podemos tener a honra haber llegado tarde a muchas modernidades.
Recuerdo con cariño aquellas películas de los años setenta donde las suecas invadían un cateto Torremolinos, entre la admiración de unos y el mojigato rechazo de otras.
El moreno bajito de pelo en pecho que bebía los vientos por esa señoras rubias y esbeltas.
En muchos aspectos, esa Suecia moderna estaba una veintena de años adelantada a la España de entonces
Hoy, la Suecia moderna que abrazó la multiculturalidad registra 21 violaciones diarias, 160 asesinatos en lo que va de año, 61 zonas ‘no go’, donde no entra ni la policía y se aplica la sharia. También en lo que llevamos de año se han producido 263 incendios provocados, muchos de ellos en iglesias, 56 bombas, 357 puñaladas en la calle y 89 heridos de bala.[
La pasividad de los gobiernos suecos lo delictivo y solo unos pocos se atreven a establecer un correlato entre estas siniestras estadísticas y el cambio poblacional que sufre la otrora civilizada nación nórdica.
Se criminaliza la endogamia y se promueve la mezcla cultural. Esta puede ser enriquecedora en una pequeña isla, pero ni Europa es una isla, ni los que llegan vienen a mejorar lo que ya había.
España lleva camino de convertirse en la Suecia del Sur, sin que nadie levante la voz: las violadas serán nuestras hijas o nietas, las ayudas saldrán de nuestros impuestos , los barrios ‘no-go’ serán habituales en nuestras ciudades, y como país turístico por excelencia, veremos venir a Torremolinos, como en los setenta, a las nuevas suecas con sus burquinis.
Lo que nunca sabremos es si seguirán siendo rubias.
*Ex coordinador de Vox en el municipio malagueño de Mijas.











