¿Existe la derecha?
José Antonio Expósito.- Desde el inicio de la Transición, y tan solo un minuto después de proclamarse la Constitución, la derecha española empezó a disolverse como un azucarillo. Si la propia Constitución admitía varios títulos que van descaradamente en contra de la propia nación, lo más probable era que a la larga le explotasen en la cara. Admitir nacionalidades donde solo hay una, España, fue una equivocación terrible, que hoy día estamos pagando. Si dicha Constitución era totalmente homologable a cualquiera de las más adelantadas, la adhesión del independentismo catalán y del separatismo vasco no eran necesarios. Con la mayoría que saliera del referéndum bastaba, y el problema de ambos nacionalismos para homologarse y poder gobernar pasaría por acatar la Constitución. De ese modo a los gobiernos venideros solo les bastaba con aplicar la Ley y la misma Constitución, como únicos garantes de la integridad política y territorial de España. La constitución alemana solo admite la existencia de una nación, la alemana ¿por qué en éste aspecto cedió la derecha?
En términos militares podría decirse que el enemigo, que no adversario, tendría que buscar una cabeza de puente para empezar a conquistar la adhesión de sus futuros votantes, con los que tenía hasta entonces nunca podría optar a gobernar España. Pues bien, completando el símil militar, la derecha no solo cedió una cabeza de puente, regaló un frente completo.
Fue a partir de ese momento cuando la izquierda con sus diferentes collas, mafias o ramas, los nacionalismos excluyentes y totalitarios y todo tipo de raleas extremistas, empezaron a enseñorearse del panorama político español, y lo que es aún peor, de su ciudadanía. Por parte de las derechas, empezaron a pelearse entre sí con inusitada saña, con lo cual a las izquierdas se las facilitó su labor de zapa. Es de suponer, que éste razonamiento no será grato a los oídos de los que lo permitieron, es igual, para denostarles no necesito su permiso.
A muchos de los jefecillos de la derecha habría que haberles dicho algo tan sencillo como que la Nación española era lo primero, y que sus puestos o poltronas irían en último lugar. Sentar esa base como parte fundamental de su propio ideario, no con tibieza como hicieron, si no con el pragmatismo necesario para que todo aquél que tuviese la tentación de puentearlo, se encontrara con un muro delante de sus narices, y de su propia credibilidad como español y como político.
La derecha empezó a ceder en todos los terrenos, rehuyó la batalla de las ideas, asumió como propias cuestiones que hasta ese momento había combatido, se ausentó de los principios de la nueva Constitución, principio de los males que vendrían después.
Cedió en la enseñanza, dejando que aspectos de la misma como esfuerzo, trabajo, dedicación o respeto a los docentes fuesen olvidados. La izquierda y el nacionalismo empezaron de inmediato a sembrar su cizaña, su mensaje y su semilla, hoy día sufrimos los resultados.
La derecha cedió en los medios de comunicación, al principio poco a poco, pero no tardó en entregar con armas y bagaje los principales medios de comunicación a la izquierda. Fue bajo gobiernos de derechas cuando se obviaron sentencias relativas a la concentración de medios bajo una misma empresa, dejando el terreno expedito al desembarco de las izquierdas y sus brigadas de comisarios políticos, algunos de ellos de clara vocación chequista.
Hoy día lo estamos sufriendo, para colmo esos medios no tardaron en venderse, en realidad siempre lo estuvieron.
Asistimos estupefactos al blanqueo de los criminales nacionalistas vascos, entrevistando al jefe de los asesinos. Vemos asombrados como se blanquea al jefe de los golpistas catalanes, dejando que desde las televisiones catalanas, y más tarde de las nacionales esparza su bazofia ideológica. Y soportamos como se recibe y entrevista a criminales comunes con delitos de sangre, entrevistados en esas pocilgas mediáticas, alardeando de sus hazañas.
Que se haga proselitismo del terrorismo, ya no es noticia, que se haga burla y escarnio de las víctimas, tampoco, que se filtren bulos es lo normal, que las salas de justicia se instalen en los platós es la norma, en definitiva ¿Dónde se ha metido la derecha? ¿Dónde están sus protestas ante tanta infamia? ¿Qué campaña ha hecho para señalar a los culpables del escarnio?
Se cedió en la justicia, dejando que fuera la izquierda la que pusiese el listón más bajo de la historia en lo tocante al nombramiento de jueces y fiscales, no oponiéndose al gobierno de González cuando puenteó la Constitución otorgándose el poder nombrar a los jueces que algún día podrían juzgarlo a él. ¿Fue puro tacticismo por parte de la derecha?
Y en esas estamos. En éste y en otros casos ya sabemos cómo se comporta la izquierda, lo que no podíamos esperar es que la derecha dijera a todo, amén.
La derecha cedió en uno de los asuntos más delicados para la integridad territorial de España, pactando con los nacionalismos vasco y catalán cuando convenía, y no poniendo pie en pared cuando el PSOE apretaba el acelerador cediendo ante vascos y catalanes en todo lo que estos exigían. Lo cierto es que la derecha oficial tragó, esperando que cuando le tocara gobernar a ellos, también podrían pactar con el PNV y la extinta y putrefacta CiU.
Fue la supuesta derecha de Rajoy la que se plegó a las exigencias de la izquierda en no aplicar la Constitución, y el Código Penal por añadidura durante el fallido golpe del 27 de octubre de 2017 en Cataluña. ¿Qué clase de derecha es aquella que asiste como un vulgar Tancredo al intento de romper la unidad de España? Otra vez la derecha ramplona y cobarde.
Lo anterior es una pequeña muestra de lo que ha venido ocurriendo desde entonces. Todos los que tenemos más años de los que nos gustaría, y más memoria de la que podemos atesorar, sabemos de qué palo va la izquierda, pero no es a la izquierda a la que estoy juzgando en éste momento, no en éste artículo en el que hay que ser breve, y procurar no ser repetitivo.
En España la derecha que hemos tenido hasta hoy día, desde el minuto uno de la promulgación de la Constitución, no ha cumplido el contrato que tenía con sus votantes, ni ha cumplido con España. La derecha que encarnó la UCD de Suarez, fue un conglomerado de advenedizos e inútiles, de filibusteros y mediocres, de resentidos con el extinto Régimen, salvo algunas honrosas excepciones. La mayor parte de la derecha que había gobernado con el General Franco, se retiró a sus cuarteles de invierno, carentes y desnudos de la representación necesaria para dar otra vez la batalla de las ideas. Lo cierto es que ellos fueron los que cumplieron a rajatabla con la honrosa misión de mirar hacia el futuro, sabedores de lo que dejaban atrás.
El PP de Fraga, de Aznar, de Rajoy y del inepto y cobarde Casado, no solo no cumplió con su deber de defender las esencias de la Constitución, si no que contribuyó con su inacción al triunfo de las tesis de la extrema izquierda socialista representadas por el miserable ZP y el sátrapa por excelencia, Sánchez.
Tan es así que el lugar que supuestamente debería ocupar esa derecha, esta desierto. Soy de los que piensan que la derecha no gobernó hasta después del 20 de noviembre de 1975. Antes de esa fecha, lo hizo otra persona, que con sus aciertos y sus fallos, pero siempre con su mira en el desarrollo y bienestar de la nación española, dejó a la Nación entre las diez primeras economías del mundo. Sostengo y sostendré delante de cualquiera, que cualquier similitud con la derecha actual, es y fue, pura coincidencia.
Nadie, repito, nadie podrá ocupar la derecha sin asumir su historia, la historia de esa derecha, pues otra denominación no cabe. Ni tampoco se trata de exaltar la figura de nadie, ni de celebrar efemérides con las que no se sienta identificado, ese aspecto de la historia queda para la intimidad de cada uno.
Si la izquierda sigue recordando a sus siniestros ancestros ¿en base a que mandato divino o humano no puede hacerlo la derecha? Lo que está muy claro es que aquél que coja el testigo, no debe tener complejo de ser por lo que se presenta, si no fuera así, estará faltando al respeto a todos aquellos que le den su voto. No se trata de airear símbolos de otro tiempo, los cuales, una gran parte de la población desconoce. El único símbolo que puede unir y representar a los españoles es su Patria, su Himno, su Bandera, y el Jefe del Estado que los representa.
En definitiva, la derecha, aquella derecha que ha gobernado, no ha cumplido con el contrato que le vincula con la ciudadanía española. De otras derechas no hablo, pues poco pudieron hacer al no estar en el gobierno, de las nuevas como VOX tampoco, por la misma razón.
La nación agoniza bajo la satrapía de Sánchez, y a ello se ha llegado por un motivo clave, la inacción de la derecha que ha gobernado. Conocían de antemano la desvergüenza los modos y formas de gobernar de la izquierda en su conjunto, y del PSOE en particular, y no se plantaron. Conocían, y si no es de juzgado de guardia desconocerlo, el objetivo que perseguía el nacionalismo en sus dos vertientes más graves, y no dieron la batalla, es más, se rindieron a las primeras de cambio.
Mis reproches van a esa derecha meliflua y cobarde, blanda y ruin, corrupta y miserable que desde un principio solo se centró en administrar la finca en que convirtieron derecha e izquierda a España.
La derecha que coja el testigo deberá exigir respeto a los símbolos, que siéndolo de todos, es lo mínimo exigible a tibios y renegados. La derecha que se haga con el apoyo del pueblo solo tiene una opción, respetar la Ley, las normas que nos obligan a todos, y hacerlas cumplir a rajatabla, sin que le tiemble el pulso cuando de defenderlas se trate.
Pero sobre todo de hacer una nación digna de su historia, de la memoria de aquellos que abonaron con su sangre su bendita tierra y forjar una nación que tenga futuro.
La derecha debe ser pragmática en la defensa de lo esencial, a los principios que una nación que se respete a sí misma, nunca puede renunciar.
Si fuere así, aun estamos a tiempo de salvar a esta vieja y venerable Nación, si no fuese así, contarán con el desprecio de la mayoría de los españoles.













Magnífico artículo, se me ponen los vellos de punta al leer “hacer una nación digna de su historia, de la memoria de aquellos que abonaron con su sangre su bendita tierra y forjar una nación que tenga futuro.”
¡Viva España!