19/04/2018
Jesús Calvo | 4170 lecturas

La dictadura de Primo de Rivera (III)

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Más tarde, Primo de Rivera impone su voluntad y escribe la página gloriosa de Alhucemas.

La escribe contra todos: se oponía el Directorio en pleno, se oponía el general Sanjurjo, el mariscal Petain, los generales de los Estados Mayores español y francés. La Marina decía que soplaría “el aire de Levante”… “No soplará”, afirmó Primo de Rivera, y el terrible viento del Estrecho aquel día (25 de septiembre de 1925), no sopló.

Primo de Rivera decide al fin sustituir el Directorio Militar por un Gobierno de civiles, como “Unión Patriótica”, un partido de centro democrático templado.

Le objetan; “Por qué no consultamos a la voluntad nacional”, y responde: “Para qué queremos que sean elegidos? Tenemos técnicos en todos los centros y el Consejo de Economía Nacional con todos los organismos representativos democráticamente de las fuerzas vivas. ¿Para qué vamos a resucitar ese artilugio que llaman Parlamento?”.

Abandonada la vaga idea de elegir unas Cortes y entronizados el tecnicismo y la administración sin los trámites precavidos y recelosos, pausados, de los políticos profesionales…

A finales de 1926, después de coronado el triunfo de Alhucemas con la rendición de Abdel-krim, el Dictador comienza a buscar el modo de reintegrar la nación a una normalidad constitucional que no fuera la anterior.

“No tenemos la obligación de copiar a otros pueblos: constituyamos un régimen peculiar, castizo, adaptado a nuestras necesidades, limpio de sombras exóticas”.

En 1927, amigos oficiosos de la Unión Patriótica notificaron al General su propósito de abrir una suscripción pública, destinada a costear “un bastón de mando, en cuyo puño se engarzaría una piedra, la más valiosa que se encontrara” y una casa para él y sus hijos, dónde pudiera habilitarse una habitación que sirviera de museo de cuantos obsequios fuera objeto mientras ejerciese el cargo de Jefe de Gobierno, expresión, todo ello, de la gratitud de millones de españoles que le deben la salvación de la Patria”.

El Dictador acepta el presente para dedicar parte del edificio a oficina y centro de la Unión Patriótica y del Somatén. También acepta el regalo de la casa de Jerez en que había nacido, así como las insignias de la Medalla del Trabajo que le había sido concedida por el Gobierno.

Es investido “doctor honoris causa” por la Universidad de Salamanca: Se conmemora en su honor el advenimiento de la Dictadura, con gran desfile y cabalgata por las calles de la Corte, y más adelante, el 14 de abril de 1929, la “demostración de gratitud” organizada por el hombre de negocios don José Domine es secundada por financieros e industriales. Pero mayores fueron los honores espontáneos y populares que recibía allí donde no se consignaban nombres ni cantidades.

La banca, la industria, la gratitud de los obreros y modestos empleados, dieron lugar a la superación de los ingresos fiscales, con un superávit de unos 12 millones de pesetas, en 1927.

Don Miguel Maura reconoció que “el antiguo régimen estaba bien barrido; que Primo de Rivera gobernaba bien y que ha demostrado que es un gobernante enorme, porque ha ejercido la Dictadura más elástica, sin haber sangre, y ha resuelto el problema de Marruecos, restableciendo la Autoridad”.

Un Ejército unido, que reclamaba la gobernación del Estado, e hizo lo que debía, segando en flor la rebelión militar y civil.
Todos los grandes poderes mundiales, dirá más tarde el señor Aunós, tanto secretos como públicos, desde la Francmasonería hasta aquella “Internacional del Oro”, trabajaron por la caída de la Dictadura.

Los espléndidos certámenes de Sevilla y Barcelona, son demostración de nuestro progreso económico, exhibición del poder creador de arte de los españoles, estímulo para el comercio e incitación al turismo, antes abandonado de la mano de Dios.

La Dictadura lo había promocionado con la creación de un Patronato, la mejora de las carreteras y el embellecimiento e higienización de los pueblos que el ferrocarril había dejado sin tráfico. Daba nueva vida a ventas, fondas, hoteles, talleres y comercios.

Pero el pueblo español había usado con él su más terrible procedimiento, que no es el combate, sino la pasividad, la sordera, el apartamiento silencioso, tan insensible hasta el apartamiento, vacío absoluto y el frío glacial.

Había creído que a fuerza de generosidad, podría levantar a las multitudes y se encontraba con la dura hostilidad de los egoísmos.
El general Martínez Anido le acompaña ante el Rey para presentar la dimisión. Su nota de despedida dice:

“Con el pensamiento puesto en Dios y en España que por muchos años debe seguir gobernando la Dictadura o cosa muy parecida ejercida en forma de Consejo de Ministros de elaboración colectiva, pero con responsabilidad exclusiva del Dictador ante el país y el Rey. Entiendo que la dirección dela Dictadura puede encomendarse igualmente a un hombre civil o militar, pero requiere completa asistencia de ambos sectores y que por su proceder justo y claro que arraigue simpatía en el pueblo.

Desaparecido el obstáculo de mi persona, que aún sin ser mi deseo no he podido evitar suscitación de agravios y sufrir desgaste, deben todos los políticos viejos y nuevos que sean monárquicos, o que, aun sin serlo, quieran servir al país sin otro afán que engrandecer la Patria y presentarla ante el mundo fuerte por el ideal homogéneo y unidad ciudadana de la gran mayoría, apoyar al Gobierno más por sus buenas voluntades que por el acierto mismo, que este es siempre aleatorio y opinable”.

(Confirmo personalmente el acierto moral y filosófico del General con la doctrina católica del régimen monárquico con el mejor sistema político, ya sea con Rey o con Caudillo responsable).

“Paz, trabajo y cultura, son las verdaderas libertadas que para estimarnos más cada día, nos vienen apreciando nuestros hermanos españoles en América, que sienten aún el calor de las entrañas de la Madre Patria”.

(Continuará).

 

Comentarios

3 comentarios en "La dictadura de Primo de Rivera (III)"

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Mónica
Mónica
20/04/2018 0:43

Efectivamente, se trataba de un Gobierno de tecnócratas, no de políticos. De ahí todos los progresos en Obras Públicas que llevaron a cabo. Ahora se trata de políticos que contratan a mangantes; de ahí todos los derroches y los fracasos

Ramiro
Ramiro
19/04/2018 17:55

Excelente artículo de nuestro estupendo Pater, que merece el apoyo de todos nosotros.
Es uno de los pocos Pastores que no nos han traicionado…

Beli-al
Beli-al
19/04/2018 18:28

Gloria a Abd el-Krim, heroe contra el invasor.

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