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	Comentarios en: &#8220;¡Ha resucitado!&#8221;: el Domingo de Resurrección marca el inicio de la Pascua, un tiempo de alegría y de gozo	</title>
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	<description>El revulsivo de la conciencia nacional</description>
	<lastBuildDate>Sun, 05 Apr 2026 09:25:12 +0000</lastBuildDate>
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		<title>
		Por: Mª Luisa1		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Mª Luisa1]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Apr 2021 00:05:49 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El cielo, en un alarde afortunado
ilumina el paisaje.
La aurora es muy rosada,
la brisa, perfumada,
y los rayos del sol, como un encaje
envuelven un momento
maravilloso, místico, sagrado…&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;&#160;
&#160;
Hay silencio. De asombro el universo
ha quedado en suspenso, deslumbrado
por la luz refulgente, 
por el aire vibrante, transparente,
que mueve, imperceptible,
las hojas de los árboles, las flores.
Y en todo lo visible
la presencia de Dios se hace patente…
&#160;
Desgreñada, con ojeras moradas,
ha llegado la Magdalena, sudorosa.
Los surcos de las lágrimas
de sus enrojecidos, tristes ojos,
han dejado en su rostro
la huella del dolor.
La mente está embotada
cuando con miedo y ansia,
dirige la mirada hacia el sepulcro…
Y siente que el corazón se queda mudo,
sin latido.
¡La piedra se ha movido.!
Sobresaltada, inquieta, temblorosa,
con recelo, entra en el sepulcro,
que está en penumbra, oscuro. 
Está vacío.
Encima de la piedra, está el sudario
blanco, frío,
No comprende que es algo extraordinario
y angustiada,&#160;
a los discípulos&#160;les lleva la noticia
que es del todo inaudita….
&#160;
Desazonada, vuelve sobre sus pasos.
Lo ocurrido, no puede ser verdad,
y cuando llega con el aliento escaso,
ve, deslumbrante, una intensa claridad.
Dos jóvenes radiantes, luminosos,
que están sentados, silenciosos 
en el sepulcro vacío, a la mujer observan.
Le preguntan la causa de su pena,
Y ella responde sin dejar de llorar,
que busca a su Señor, a su Maestro
que no sabe dónde lo habrán puesto,
y lo quiere encontrar…
&#160;
De pronto, una voz dulce se ha escuchado
que a ella se ha dirigido suavemente,
porque su tierno llanto ha lastimado
Su corazón divino, omnipotente…
Solícito, por su dolor le ha preguntado
y ella, en medio de hondos sollozos, 
temblando,&#160;aturdida, ha contestado,
prosiguiendo su búsqueda impaciente,
con un desasosiego doloroso…
&#160;
Le es del todo imposible 
hacer el más ligero movimiento
cuando la dulce Voz, otra vez, 
su nombre ha pronunciado,
y, pausadamente,
hacia ella camina.
Sobrecogida,
casi desvanecida
lo reconoce 
Es el Señor, es el Maestro
que ha vuelto.
Se postra ante sus pies
lo adora callada,
y Jesús la pacifica, conmovido.
Se declara&#160;intangible
le devuelve la paz, y el sufrimiento
ha borrado del rostro sollozante
y el alma fiel de la mujer descansa.
&#160;
Y ella está de gozo exultante,
porque no es un desvarío,
ni un delirio.
Su Presencia es real, es evidente,
ha vencido a la muerte,
y su martirio,
su inmenso sacrificio,
se ha cumplido:&#160;
Es Jesús, que ha resucitado,
que ha vuelto de Dios glorificado
tal como prometió.
Transida de emoción, la Magdalena 
postrada, de rodillas,
fiel, contempla serena
la amadísima figura que se aleja.
Consolada, suspira,
cierra los ojos y a los cielos reza
una plegaria&#160;ardiente que se eleva
hasta el trono de Dios.
El Padre la contempla,
y su divina mano la bendice.
Ella ya no está triste.
&#160;
La Magdalena ha sido la primera
que ha dado la noticia portentosa
siguiendo el dulce mandato de Jesús,
Su fidelidad, su amor&#160;ferviente, acrisolado
su entrega absoluta, humilde, generosa,
es una antorcha&#160;de refulgente luz
para todo cristiano.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El cielo, en un alarde afortunado<br />
ilumina el paisaje.<br />
La aurora es muy rosada,<br />
la brisa, perfumada,<br />
y los rayos del sol, como un encaje<br />
envuelven un momento<br />
maravilloso, místico, sagrado…&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br />
&nbsp;<br />
Hay silencio. De asombro el universo<br />
ha quedado en suspenso, deslumbrado<br />
por la luz refulgente,<br />
por el aire vibrante, transparente,<br />
que mueve, imperceptible,<br />
las hojas de los árboles, las flores.<br />
Y en todo lo visible<br />
la presencia de Dios se hace patente…<br />
&nbsp;<br />
Desgreñada, con ojeras moradas,<br />
ha llegado la Magdalena, sudorosa.<br />
Los surcos de las lágrimas<br />
de sus enrojecidos, tristes ojos,<br />
han dejado en su rostro<br />
la huella del dolor.<br />
La mente está embotada<br />
cuando con miedo y ansia,<br />
dirige la mirada hacia el sepulcro…<br />
Y siente que el corazón se queda mudo,<br />
sin latido.<br />
¡La piedra se ha movido.!<br />
Sobresaltada, inquieta, temblorosa,<br />
con recelo, entra en el sepulcro,<br />
que está en penumbra, oscuro.<br />
Está vacío.<br />
Encima de la piedra, está el sudario<br />
blanco, frío,<br />
No comprende que es algo extraordinario<br />
y angustiada,&nbsp;<br />
a los discípulos&nbsp;les lleva la noticia<br />
que es del todo inaudita….<br />
&nbsp;<br />
Desazonada, vuelve sobre sus pasos.<br />
Lo ocurrido, no puede ser verdad,<br />
y cuando llega con el aliento escaso,<br />
ve, deslumbrante, una intensa claridad.<br />
Dos jóvenes radiantes, luminosos,<br />
que están sentados, silenciosos<br />
en el sepulcro vacío, a la mujer observan.<br />
Le preguntan la causa de su pena,<br />
Y ella responde sin dejar de llorar,<br />
que busca a su Señor, a su Maestro<br />
que no sabe dónde lo habrán puesto,<br />
y lo quiere encontrar…<br />
&nbsp;<br />
De pronto, una voz dulce se ha escuchado<br />
que a ella se ha dirigido suavemente,<br />
porque su tierno llanto ha lastimado<br />
Su corazón divino, omnipotente…<br />
Solícito, por su dolor le ha preguntado<br />
y ella, en medio de hondos sollozos,<br />
temblando,&nbsp;aturdida, ha contestado,<br />
prosiguiendo su búsqueda impaciente,<br />
con un desasosiego doloroso…<br />
&nbsp;<br />
Le es del todo imposible<br />
hacer el más ligero movimiento<br />
cuando la dulce Voz, otra vez,<br />
su nombre ha pronunciado,<br />
y, pausadamente,<br />
hacia ella camina.<br />
Sobrecogida,<br />
casi desvanecida<br />
lo reconoce<br />
Es el Señor, es el Maestro<br />
que ha vuelto.<br />
Se postra ante sus pies<br />
lo adora callada,<br />
y Jesús la pacifica, conmovido.<br />
Se declara&nbsp;intangible<br />
le devuelve la paz, y el sufrimiento<br />
ha borrado del rostro sollozante<br />
y el alma fiel de la mujer descansa.<br />
&nbsp;<br />
Y ella está de gozo exultante,<br />
porque no es un desvarío,<br />
ni un delirio.<br />
Su Presencia es real, es evidente,<br />
ha vencido a la muerte,<br />
y su martirio,<br />
su inmenso sacrificio,<br />
se ha cumplido:&nbsp;<br />
Es Jesús, que ha resucitado,<br />
que ha vuelto de Dios glorificado<br />
tal como prometió.<br />
Transida de emoción, la Magdalena<br />
postrada, de rodillas,<br />
fiel, contempla serena<br />
la amadísima figura que se aleja.<br />
Consolada, suspira,<br />
cierra los ojos y a los cielos reza<br />
una plegaria&nbsp;ardiente que se eleva<br />
hasta el trono de Dios.<br />
El Padre la contempla,<br />
y su divina mano la bendice.<br />
Ella ya no está triste.<br />
&nbsp;<br />
La Magdalena ha sido la primera<br />
que ha dado la noticia portentosa<br />
siguiendo el dulce mandato de Jesús,<br />
Su fidelidad, su amor&nbsp;ferviente, acrisolado<br />
su entrega absoluta, humilde, generosa,<br />
es una antorcha&nbsp;de refulgente luz<br />
para todo cristiano.</p>
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