La Casa Blanca ha reconocido por
primera vez que es posible que EE.UU. caiga en recesión, tras un mal
informe de empleo que llevó al presidente George W. Bush a enviar,
con urgencia, un mensaje de confianza en la economía. Los malos datos, no sólo de empleo, sino de las manufacturas, el
deprimido sector inmobiliario y la confianza del consumidor, han
llevado a muchos analistas a afirmar que Estados Unidos ya sufre una
contracción económica.
Hasta ahora el Ejecutivo parecía impermeable a estos análisis,
pero hoy cedió ante la avalancha de informaciones luctuosas.
"Tendremos un trimestre de crecimiento débil, pero si esto puede
llamarse una recesión o no, es algo que no sabremos durante meses",
dijo Edward Lazear, el principal asesor económico de Bush.
Puede parecer una declaración vaga, pero la Casa Blanca y el
Departamento del Tesoro siempre habían descartado la posibilidad de
una contracción del Producto Interno Bruto (PIB).
Bush, por su parte, dijo en su breve declaración que "está claro
que la economía se ha desacelerado".
La Casa Blanca organizó su intervención en el último minuto,
después de que se divulgara el informe laboral que indicó que en
enero se perdieron 63.000 empleos en Estados Unidos, una cifra mucho
peor que la prevista por los analistas.
El Gobierno redujo además su cálculo de empleo preliminar de
diciembre y enero en otros 46.000 puestos de trabajo.
"Éste es un momento difícil para la economía, pero hemos
reconocido el problema de forma temprana y hemos aplicado una
inyección de estímulo", dijo Bush.
Esa inyección consiste en el envío de cheques a más de 130
millones de hogares, así como incentivos para que las empresas
inviertan más, lo que le costará al erario público 152.000 millones
de dólares.
"Cuando el dinero llegue a los estadounidenses, prevemos que
aumentará el gasto de los consumidores", afirmó Bush. El Tesoro
comenzará a poner los cheques en el correo en mayo.
Lazear, cuyo cargo oficial es presidente del Consejo de Asesores
Económicos de la Casa Blanca, dijo en una rueda de prensa que prevé
que el trimestre actual sea el más débil del año y que la economía
repuntará en la segunda mitad.
Sin embargo, los malos datos han aumentado la presión sobre el
Gobierno para que haga más para estimular la economía, especialmente
dado que se trata de un año electoral.
"Es necesario más que unos reembolsos tributarios para evitar un
bajón económico profundo", dijo hoy la senadora Hillary Clinton, que
se disputa la candidatura demócrata a la presidencia con su colega
Barack Obama.
"Tenemos que extender inmediatamente el seguro de desempleo e
invertir por lo menos 5.000 millones de dólares ahora mismo en
trabajos en la industria de energías alternativas", añadió.
Los demócratas quisieron meter una ampliación del seguro de
desempleo en el programa de estímulo propuesto por la Casa Blanca,
pero el Gobierno lo rechazó.
Los legisladores Barbara Lee y James McGovern han rescatado esa
idea, como parte de un paquete de entre 40.000 y 50.000 millones de
dólares que también incluiría inversiones en infraestructuras, más
ayudas de alimentación para los pobres y asistencia a los estados
para el pago de los gastos de salud.
Bush mantiene que hay que dejar que el plan actual entre en
vigor, antes de pensar en cualquier otra medida.
El futuro candidato de su partido a la presidencia, el senador
John McCain, tampoco está a favor de más gasto público.
Desde Atlanta, el senador pidió al Congreso que haga permanentes
las rebajas fiscales impulsadas por Bush, pese a que esa medida no
proporcionarían ningún tipo de estímulo a la economía, pues sólo
vencen en 2010.
También dijo que es necesario dar más formación a los
desempleados.
En privado, McCain debe rezar para que el repunte económico se
materialice antes de las elecciones de noviembre y que los votantes
no le castiguen por los resultados económicos obtenidos por una Casa
Blanca republicana.