Para entender el peligro que representa el Islam, uno debe primero entenderlo. Y no me refiero a su atractivo espiritual, porque el Islam no es precisamente solo un sistema de creencias espirituales. En realidad no es tanto un sistema de creencias como llega a ser un instrumento de organización social, ya que el Islam se preocupa mucho menos por lo que la gente cree, que por lo que hace. No se trata tanto de una religión, como de una forma de establecer el comportamiento dentro de una sociedad a través de ciertas normas específicas.
Pero miremos más allá del lenguaje técnico, como para ver lo que es
atractivo del Islam para el "mundo musulmán". El Islam nació en el
Oriente Medio árabe, pero no en cualquier parte. No en las partes en
gran medida influenciadas por la presencia griega, como Egipto o Siria,
lugares cuyas historias de sincretismo intelectual no habrían
sorprendido a nadie por dar a luz a una nueva religión. El Islam surgió
en cambio de una parte más atrasada de la región, y su atractivo no fue
ciertamente filosófico, intelectual o espiritual, pues no tenía nada
nuevo que ofrecer en cualquiera de esos departamentos.
El contenido del Corán y los Hadices carecen en su mayor parte de
originalidad, una fusión torpe de los mitos y costumbres regionales, con
trozos de judaísmo y cristianismo en todo el gran lío para darle algún
sentido de la historia y orden. El enfoque obsesivo del Islam en Mahoma
por encima de todo, traiciona la quiebra de una religión que no tenía
otros profetas mas que los que había tomado "prestados" de las
religiones pre-existentes, y que después de pasar por ellos, proclamó
que Mahoma era absolutamente el último profeta y que ningún otro sería
aceptado so pena de ser decapitado. Sin embargo, nada de esto es
trascendental, ya que el propósito del Islam no era religioso, sino
social. El Islam puede que no tuviera mucho nuevo que ofrecer como
religión, pero tenía algo muy importante que ofrecer socialmente, la
unidad. Esa idea persuasiva domina el pensamiento musulmán hasta hoy día
e ilustra el atractivo del Islam en el mundo musulmán.
La Meca y Medina, tanto de los días de Mahoma como hoy en día, eran y
son un mundo dominado por los clanes tribales y familiares. No hubo
principio más elevado que trabajar para el beneficio de la propia
familia. La confianza no era posible, aún entre vecinos, excepto bajo la
premisa de amenaza de represalias de algún pariente. Avanzar requería
el apoyo familiar. El clan lo era todo. El individuo no era nada. La
justicia carecía de sentido. La Ley era un medio de solución de
controversias entre las familias a fin de evitar venganzas y conflictos.
El Islam de Mahoma por el contrario prometió una unidad suprema por
encima de la tribu y el clan. La unidad de los verdaderos creyentes.
Esto por supuesto es una promesa universal común hecha por dirigentes de
cultos, y tiene un atractivo perdurable para los desencantados que
buscan un código superior y una nueva identidad. Mahoma no fue el primer
o el último "profeta" o líder que prometió un nuevo orden para los
creyentes en el que el viejo orden social quedaría sin sentido, y en el
que serían ellos los que terminarían por encima de los demás
independientemente de su rango o derecho de nacimiento. Eso siempre ha
sido realmente una herramienta de reclutamiento, particularmente por
sectas apocalípticas. Pero la versión de Mahoma tuvo la mayor expansión,
hoy mas de mil millones de musulmanes siguen a la espera de que todo el
mundo se transforme en una "sociedad islámica perfectamente justa bajo
la ley islámica".
Lo que Mahoma ofreció con el Islam fue una nueva identidad para los
árabes, como musulmanes. Como tribus y clanes siempre estarían divididos
y enfrentados, pero como musulmanes se suponía que debían formar una
perfecta unidad mediante su sumisión a Alá, a través del mismísimo
Mahoma. Y mientras que el atractivo de ese poder a menudo se pierde en
los occidentales, no hay más que mirar hoy en día a cualquier nación
árabe, cuyos gobiernos son todos parientes, donde la burocracia y las
jerarquías militares se componen de los hijos de las familias que tienen
relaciones con las familias que dirigen todo el sistema.
Debajo de títulos modernos como Presidente o Primer Ministro, la vieja
tribu y las relaciones de los clanes siguen dominando los territorios.
Para regir, uno debe tener su apoyo. Para obtener su apoyo, hay que
intercambiar favores. Y así, bajo la imitación de las costumbres
occidentales, títulos, uniformes militares y edificios de oficinas - el
Oriente Medio de hoy no es tan diferente del de la época de Mahoma.
Excepto los cristianos y los Judíos en su mayoría se han ido. En su
lugar, tenemos país tras país, llenos de musulmanes, que están regidos
por gobiernos que son tan nepotistas, corruptos y disfuncionales como se
podría esperar de personas que no tienen mayor lealtad que la que le
tienen al clan.
Y a esas regiones, los islamistas llegan de nuevo con el viejo mensaje
de Mahoma, diciéndoles que pueden anular toda esa corrupción y
reemplazarla con una mayor identidad, la del Islam. Los islamistas
prometen justicia divina por medio de la ley islámica, gobiernos libres
de corrupción, guiados por verdaderos creyentes y sociedades dirigidas
por valores islámicos que ya no serán el juguete de los intereses de los
ricos y los poderosos. Y resulta que si usted vive en un barrio de
tugurios superpoblados en Oriente Medio tal como El Cairo, dirigido por
una corrupta y brutal familia y sus lugartenientes asociados con un
estilo prácticamente indistinguible al de la mafia, el atractivo del
Islam es sin duda algo poderoso.
Los islamistas, por supuesto, no pueden cumplir con la promesa de su
perfecta sociedad "islámica" porque su propio liderazgo es tan corrupto
como el resto de “Morolandia”. Sin embargo, al sostener constantemente
la promesa de una sociedad perfecta y la hermandad de todos los
musulmanes – capitalizan con el descontento existente tanto como el
mismo Mahoma lo hizo. Y si alguna vez tienen éxito en su conquista, ese
mismo tipo de matones que Mahoma mismo empleó y benefició con el botín
de sus víctimas asesinadas, reprimirán la disidencia mucho más
despiadadamente que las autoridades anteriores a quienes destituyeron
con su "revolución" – tal como los Ayatolás de Irán, y los Taliban de
Afganistán han demostrado apropiadamente.
Esto representa entonces el problema de tratar de aplicar la democracia
en el mundo musulmán. La Democracia sobre el sistema de los clanes
deriva solo en representación para los líderes del clan, lo que podría
ser un paso adelante, pero muy insuficiente. Dado que el líder del clan
ya es el sistema y el clan es el proceso, la democracia no puede
desplazarle a él. Pero si puede elevar a los islamistas, porque es una
herramienta útil para los que propugnan la unidad musulmana, quienes por
naturaleza son el único punto de unidad en los países donde no existe
una idea unificadora, excepto la xenofobia y la intolerancia a las más
pequeñas divergencias a la norma.
Mientras que algunos países árabes y musulmanes han experimentado con el
nacionalismo, lo suyo es una innovación reciente y escuálida, sin
historia tras de si. Las fronteras de la mayor parte del mundo musulmán
son el producto de cualquiera de los cartógrafos coloniales europeos o,
como en el caso de Pakistán, de separaciones forzadas. Pueden tener
banderas e himnos, y sus líderes pueden vestir con trajes o uniformes
militares “prestados” de los occidentales, pero éstas son pobres
fachadas, y su propia gente lo saben. El socialismo árabe de Nasser y el
Baazismo eran copias de mala calidad de ideas europeas llevadas a cabo
por las élites profesionales y prácticamente sin sentido para los árabes
comunes. No lograron la unidad, sólo más guerra. (El Islamismo, por
supuesto, hará lo mismo, algo que el combate prolongado de las
atrocidades de Al Qaeda en Irak y Jordania han comunicado a una porción
de los habitantes de la región).
Pero entre toda esta violencia e injusticia, el Islam sigue manteniendo
la promesa de oro de una comunidad islámica unificada, en los términos
defendidos por el líder de un culto en las condiciones primitivas de
hace un milenio y medio. Dado que representa el pensamiento mágico,
siempre será más atractivo que el verdadero progreso y la reforma. Si
bien el progreso y la reforma requieren trabajo, la solución mágica de
la Sharia se compromete a hacer todo lo justo y correcto tan pronto como
se impone. También es la razón por la cual los musulmanes continuarán
viendo la democracia como un medio para imponer el Islam, y no como un
fin en sí mismo. Inyectar la democracia en una región que carece de una
comprensión de la teoría de un gobierno basado en la representación
popular, se convierte en una herramienta para imponer la solución mágica
del Islam.
En cuanto a los musulmanes occidentales sin embargo, uno podría
preguntarse por qué abrazan el islamismo, incluso de forma más agresiva
de lo que lo hacen en sus propios países de origen. La respuesta es
bastante obvia. Las sociedades multiculturales de las que se les pide
ser parte están aún más fracturadas y divididas que en casa, pero sin la
estructura relativa de la tribu y el clan. Los estudios han demostrado
que en las sociedades multiculturales hay menos confianza entre los
vecinos, lo cual es un resultado inevitable del debilitamiento de las
bases naturales del ser humano para las conexiones dentro de un
vecindario o comunidad. El islamismo es aún más demandado en un sistema
tan fracturado ya que promete la unidad absoluta, en donde ahora sólo
hay una multitud de divisiones.
La idea de que el Islam coexista entre una diversidad de religiones y
creencias tiene algo de paradójica estupidez. El Islam se creó
precisamente para sustituir esa diversidad de religiones y creencias por
gente que quería encontrar la unidad a través de un sistema supremo. El
ascenso del islamismo en Occidente no puede ser negado por el
multiculturalismo – SU POPULARIDAD ES UNA REACCION AL MULTICULTURALISMO.
El musulmán que se encuentra teniendo que tratar con Cristianos,
Judíos, hindúes, etc.. diariamente, que tiene que navegar por un sistema
complejo y a menudo contradictorio de normas sociales y códigos,
naturalmente anhela estabilidad y simplicidad, y eso lo encuentra en la
mayoría de las interpretaciones radicales del Islam.
Los islamistas tienen un simple conjunto de reglas de cómo ellos y los
no musulmanes deben comportarse, de cómo las mujeres deben actuar y de
cómo los hombres deben actuar. El profesional musulmán en Occidente que
debe ocuparse del choque y el contraste de las obligaciones, que debe
tratar de entender lo que es ser un médico y un británico, que debe
elegir entre partidos políticos e interactuar con personas cuyas ideas
rechaza en un contexto profesional, inevitablemente se tornará hacia el
Islam como la solución y el principio unificador de todos estos
conflictos. Esta gran diversidad de la sociedad tan querida por la
izquierda es exactamente lo que le lleva a la mezquita y a la bomba, en
nombre de la simplificación de toda esta loca cacofonía, hasta que todos
los malditos infieles inclinen la cabeza a la justicia infinita y la
sabiduría del Islam.
El beneficio final del Islam, por supuesto, es que hace a los musulmanes
en Occidente inmediatamente superiores a los occidentales. El médico
musulmán no sólo es inmediatamente mejor que sus colegas occidentales
por ser musulmán, pero incluso hasta el más bajo beneficiario de ayudas
sociales es mejor que todos los infieles. Y mejor que sus hermanos
musulmanes que han comprometido su religión volviéndose “demasiado
británicos”. Él encuentra una nueva cohesión y autoestima cuando
conspira para derrocar y vencer a esta nación de infieles. Y mientras
tanto, de vuelta en Arabia Saudita o en Irán, el mismo grupo caótico de
familias y clanes que financia a los islamistas, mientras mantienen sus
ideas mas peligrosas lejos de sus propias gargantas, los utilizan como
arma contra Occidente, y miran y ríen.