El
Senado italiano aprobó esta mañana de modo definitivo una ley sobre
seguridad que convierte la inmigración clandestina en delito y legaliza
las rondas de ciudadanos para que vigilen las calles por la noche.
La nueva ley, que ha obtenido la luz verde del Senado con 157 votos a
favor, 124 contrarios y tres abstenciones, ha generado un intenso
debate en Italia, donde numerosos sectores, empezando por el principal
partido de la oposición, aseguran que es anticonstitucional.
El decreto ley fue aprobado con los votos favorables del Pueblo de la
Libertad (PDL), el partido que dirige Silvio Berlusconi, y sus aliados,
Liga Norte y Movimiento para las Autonomías (MpA). En contra, en
cambio, votaron los senadores del Partido Demócrata (PD), Italia de los
Valores (IdV) y la Unión de Demócratas Cristianos y Demócratas de
Centro (UDC).
La medida que ha generado más polémica es
la que cataloga la inmigración clandestina como delito, castigando a
todos aquellos extranjeros que se hallen en territorio italiano sin los
papeles en regla a pagar una multa de entre 5.000 y 10.000 euros.
Asimismo, se penará con la cárcel a quienes alojen o alquilen
habitaciones a los inmigrantes que se encuentren en situación
irregular.
Finalmente, la ley no incluye la medida que
había sido propuesta en un principio y que obligaba a los médicos a
denunciar a las autoridades la presencia de pacientes clandestinos en
sus consultas. Este punto había despertado fuertes críticas dentro del
principal partido del Gobierno, el PDL, por lo que al final fue
retirada.
Otra de las novedades es la prolongación de
dos a seis meses del periodo que los inmigrantes 'sin papeles' deben
transcurrir en los centros de identificación y expulsión para facilitar
que el proceso de repatriación se lleve realmente a término, al dar más
tiempo a las autoridades para tramitarlo.
Otra de las
medidas impone a los extranjeros el pago de entre 80 y 200 euros si
quieren obtener el permiso de residencia. Para conseguir la ciudadanía
italiana, en cambio, tendrán que pagar 200 euros.
La
nueva norma también introduce las discutidas rondas de ciudadanos, cuyo
objetivo es vigilar las ciudades por la noche para combatir la
criminalidad y ayudar a la policía a localizar a los delincuentes. En
la formación de estas asociaciones de ciudadanos se priorizará la
presencia de policías y miembros de las distintas fuerzas del orden
jubilados.
La lucha contra la mafia es otro de los
puntos fuertes de esta nueva ley, que obligará a los empresarios a
denunciar a quienes hayan intentado extorsionarlos, condición 'sine qua
non' para acceder a los concursos públicos de obras, entre otras cosas.
Asimismo, la ley endurece las penas para los delitos relacionados con
la mafia.
CRITICAS
La nueva ley de
seguridad, que lleva meses debatiéndose, ha recibido una lluvia de
críticas no sólo de parte de la oposición, sino también de la Iglesia
italiana y de las organizaciones humanitarias, entre ellas, Amnistía
Internacional.
Además de las normas concretas, uno de
los aspectos más criticados es la vinculación que se establece entre el
fenómeno de la inmigración y la delincuencia, lo cual puede llegar a
ser muy peligroso en una sociedad en la que, a menudo, la falta de
integración se traduce en posturas racistas o de rechazo hacia el
extranjero.