El Santo Padre visitó el Seminario Romano Mayor, en la víspera de la fiesta de la
patrona, la Virgen de la Confianza. El Papa presidió en
la Capilla Mayor del Seminario una lectio divina para los seminaristas
sobre la Carta de San Pablo a los Gálatas. Comentando
las palabras del Apóstol de las Gentes: "Fuisteis llamados a la
libertad", Benedicto XVI preguntó: "¿Qué es la libertad? ¿Cómo podemos
ser libres? San Pablo nos ayuda a entender esta realidad complicada que
es la libertad" cuando dice: "Esta libertad no sea un pretexto para la
carne, sino servíos unos a otros por amor". "El yo
absoluto, que no depende de nada y de nadie -continuó-, parece poseer
realmente, en definitiva, la libertad. Soy libre si no dependo de
nadie, si puedo hacer todo lo que quiero".
"Pero precisamente cuando el
yo se convierte en absoluto es "carne", es decir, degradación del ser
humano, no es conquista de la libertad: el libertinaje no es libertad,
es más bien el fracaso de la libertad".
Tras poner de
relieve que "la libertad se realiza paradójicamente en el servicio a
los demás", el Papa subrayó que "nuestra verdad consiste sobre todo en
que somos criaturas, criaturas de Dios y vivimos en relación con el
Creador. Solo si aceptamos esto (...) entramos en la verdad. De lo
contrario, caemos en la mentira y al final nos destruimos. (...) Solo
una libertad compartida es una libertad humana".
El Papa
afirmó que "el ser humano tiene necesidad de orden, de derecho, para
que pueda realizarse su libertad, que es una libertad vivida en común.
(...) Si no existe una verdad común del ser humano, (...) solo queda el
positivismo y se tiene la impresión de como si fuera algo impuesto de
manera incluso violenta. De ahí esta rebelión contra el orden y el
derecho, como si se tratase de una esclavitud".
En esta
Carta de San Pablo, continuó, "se menciona la situación, un poco
triste, de la comunidad de los Gálatas, cuando el Apóstol dice:: "Si os
mordéis y os devoráis unos a otros, mirad que acabaréis por
destruiros...".
El Santo Padre afirmó que "también hoy
suceden cosas parecidas, cuando en vez de agregarse a la comunión con
Cristo, en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, cada uno quiere ser
superior al otro y quiere hacer creer con arrogancia intelectual que es
mejor. Así nacen las polémicas que son destructivas, nace una
caricatura de la Iglesia, que debería ser una sola alma y un solo
corazón".
"En esta advertencia de San Pablo -concluyó-,
tenemos que encontrar también hoy un motivo de examen de conciencia: no
pensar en que somos superiores a los demás, sino imitar la humildad de
Cristo, la humildad de María, entrar en la obediencia de la fe.
Precisamente de esta manera se nos abre realmente el gran espacio de la
verdad y de la libertad en el amor".
Al terminar el acto, el Papa cenó con los seminaristas y posteriormente regresó al Vaticano.