| La agresión a un médico paraliza las urgencias del Materno |
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El reloj marcaba las cinco de la tarde. M. M.,
traumatólogo del Hospital Materno Infantil, se encontraba trabajando en
su consulta tras atender a varios pacientes. Entonces, sin avisar, un
hombre joven de 27 años invadió la habitación "visiblemente alterado",
y le exigió que asistiera a su hija que, al aparecer, presentaba una
pequeña herida en el labio. "Le dije amablemente que esperara a que la
llamaran de Pediatría, puesto que yo era especialista y no podía hacer
nada. Acto seguido, se abalanzó sobre mí y me dio
un golpe en el antebrazo y otro en la mandíbula, hasta que pude
reducirle". La víctima rememoraba ayer el suceso con la sensación de indefensión tan denunciada en por los facultativos, hartos de protagonizar episodios
violentos durante su jornada laboral. Como consecuencia de este desagradable episodio, la actividad del servicio de urgencias quedó paralizada durante "más de una hora", tal y como confirmaron a este periódico fuentes sanitarias consultadas. Según el relato del propio protagonista y de fuentes cercanas al caso, el presunto agresor llegó a Urgencias acompañado "de unos cuatro o cinco familiares". "Estaban muy nerviosos porque decían que la niña se había caído de una escalera y tenía el labio sangrando", indicaron. Al parecer, la paciente fue valorada por los profesionales de Urgencias que, dada la inquietud de la familia, la clasificaron en la categoría de 'prioridad alta' para que la viera el Servicio de Pediatría. "Lo que ocurrió es que el padre no quiso esperar y se fue para el pasillo y se metió en la primera consulta que pilló, que fue la del traumatólogo", agregaron las fuentes. Fue en ese instante cuando supuestamente ocurrió el forcejeo. El relato al que ha tenido acceso AD apunta a que el padre de la menor agredió al médico en el brazo y en la mandíbula hasta que éste consiguió reducirle apoyándolo sobre una camilla, "mientras el resto de familiares le propinaban golpes por la espalda", aseguraron. Tras el supuesto ataque, el hospital activó el protocolo de agresión y el padre de la niña fue arrestado por la policía y trasladado hasta la Comisaría Provincial para tomarle declaración por un presunto delito de atentado a funcionario público. La víctima, por su parte, esperaba ayer tarde a que los
agentes le indicaran la comisaría en la que tenía que presentar la
correspondiente denuncia por un hecho que -según criticó- "lamentablemente está a la orden del día", destacó.
Punta del iceberg Ha sido la enésima agresión, pues las actitudes violentas en los centros sanitarios no dejan de crecer. Y los datos así lo reflejan. El número de expedientes que ha abierto la asesoría jurídica del Colegio de Médicos de Málaga por agresiones verbales y físicas a facultativos se duplica de un año para otro. De 14 expedientes en 2005 se pasó 21 en 2006. En 2007 se contabilizaron un total de 39. Y todo ello, a juicio del Colegio de Médicos, no es más que la punta del iceberg del problema, ya que las que agresiones que se denuncian representan un porcentaje mínimo de las que realmente se producen. Málaga encabeza en Andalucía el número de ataques verbales y físicos que sufren los trabajadores de centros de salud y hospitales. La Junta puso en marcha hace tres años un Plan de Prevención y Atención de Agresiones para los profesionales del sistema sanitario público con la finalidad de dar una mayor protección. A pesar de ello, las agresiones continúan produciéndose. Así, las amenazas, las coacciones y los insultos están a la orden del día en los centros sanitarios malagueños. Esta desagradable situación hace más penoso el trabajo del personal. El 98% de los profesionales padecen habitualmente agresiones verbales. Las físicas se sitúan en el 2%. Los trabajadores de las unidades de atención al usuario
son los que más soportan la violencia verbal o física de los pacientes
o de sus familiares, con una media de nueve agresiones por cada
profesional en un año. Los médicos ocupan el segundo lugar a la hora de
enfrentarse a las iras del público de los centros de salud, con 2,9
agresiones de media, mientras que los enfermeros sufren 2,1 agresiones
por término medio.
Delito de atentado La envergadura que ha tomado este problema llevó hace dos años a un acuerdo entre la Consejería de Justicia y la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía mediante el cual se endurecían las penas para los agresores. Desde entonces, la Fiscalía califica como atentado a un funcionario público las agresiones al personal médico, lo que permite considerar como delito y no como una simple falta (como hasta la fecha se venía realizando), por lo que ahora se puede llegar a condenar en los casos más graves a penas de hasta cuatro años de cárcel. Sin embargo, los efectos de esta modificación están aún por valorar, ya que la mayoría de los juicios todavía no se han celebrado y están, por tanto, pendientes de sentencia. "Habrá que esperar también el resultado que el endurecimiento de las penas tiene entre la gente. La mayoría desconoce que pegar a un médico es delito, que se condena con cárcel. Veremos si la amenaza de la prisión es suficiente para detener o al menos reducir las agresiones", explican fuentes de la Fiscalía. Una de las primeras sentencias dictadas en este sentido condenó en mayo pasado a ocho meses de cárcel y a una multa de 600 euros a un joven de 29 años que agarró por el cuello a un médico de Carlos Haya porque no estaba de acuerdo con el resultado de operación. |
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El reloj marcaba las cinco de la tarde. M. M.,
traumatólogo del Hospital Materno Infantil, se encontraba trabajando en
su consulta tras atender a varios pacientes. Entonces, sin avisar, un
hombre joven de 27 años invadió la habitación "visiblemente alterado",
y le exigió que asistiera a su hija que, al aparecer, presentaba una
pequeña herida en el labio. "Le dije amablemente que esperara a que la
llamaran de Pediatría, puesto que yo era especialista y no podía hacer
nada. Acto seguido, se abalanzó sobre mí y me dio
un golpe en el antebrazo y otro en la mandíbula, hasta que pude
reducirle". La víctima rememoraba ayer el suceso con la sensación de indefensión tan denunciada en por los facultativos, hartos de protagonizar episodios
violentos durante su jornada laboral. 




