| LA DETENCIÓN FUE FRUTO DE UNA OPERACIÓN CONJUNTA ENTRE LA GUARDIA CIVIL Y LA POLICÍA FRANCESA |
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Txeroki, el jefe militar de ETA, detenido en Francia
Los dos etarras guardaban sendas armas en el momento de la detención, que no les ha dado tiempo a utilizar por la rápida intervención de las fuerzas de élite francesas, que han localizado el paradero de 'Txeroki' con la información suministrada por la Guardia Civil. Las autoridades francesas están remitiendo al Ministerio del Interior español las huellas de la mujer arrestada junto a Txeroki, otra miembro del aparato militar, para determinar su identidad. La última noticia que había trascendido del responsable militar de ETA es que había confesado a los dos responsables del comando Navarra desarticulado el pasado 28 de octubre su implicación en el doble crimen de Capbreton. Aspiazu Rubina, según declararon los detenidos a la Policía, les había trasladado que él era el autor material de los disparos que acabaron con la vida de los guardias civiles Fernando Trapero y Raúl Bayón el 1 de diciembre de 2007. Esta confesión la realizó durante un cursillo sobre armas y explosivos que el propio Txeroki impartió a mediados de octubre a los arrestados. FRANCIA CONFIRMA QUE 'TXEROKI' SERÁ ENTREGADO A ESPAÑA La ministra francesa del Interior, Michèle Alliot-Marie, informó hoy de que, una vez se lleven a cabo "un cierto número de operaciones" en Francia, el presunto jefe del aparato militar de ETA, Garikoitz Aspiazu Rubina, alias 'Txeroki', será entregado a la Justicia española. "Va a haber primero un cierto número de operaciones que van a ser llevadas a cabo aquí (en Francia) y luego muy probablemente, en el marco de los acuerdos, será entregado a la Justicia española", explicó la ministra francesa en declaraciones a los periodistas. BIOGRAFÍA DE 'TXEROKI' Mikel Garikoitz Aspiazu Rubina, 'Txeroki', nació el 6 de julio de 1973 en Bilbao. Curtido en la 'kale borroka' durante los últimos años de los noventa se 'estrenó' en ETA incorporándose al 'comando Olaia', que se mantuvo activo en la provincia de Vizcaya entre noviembre de 2001 y septiembre de 2002. A pesar de los pocos meses transcurridos, ese comando es responsable de varias acciones terroristas, entre ellas el asesinato del juez José María Lidón y el atentado contra Eduardo Madina. Se sospecha que él fue el terrorista que descerrajó varios disparos contra el magistrado. En mayo de 2002, dejó precipitadamente el bar del círculo radical en el que trabajaba, ubicado en el Casco Viejo de Bilbao, y en el país vecino comenzó su rápida ascensión hacia la cúpula militar de ETA. Con su huida también abandonó sus estudios de Educación Física y a su novia, una atractiva joven de procedencia más acomodada que la suya, Amaia Urizar de Paz, detenida con posterioridad por dirigir la red de captación en la provincia de Vizcaya. Cuando un fiscal de la Audiencia Nacional la preguntó años después quién le había dado la orden de poner en marcha aquella estructura, ella respondió: 'Txeroki'. Al insistirle el fiscal si éste era en realidad Mikel Garikoitz Aspiazu Rubina, ella, desafiante, se limitó a contestar: "Será". Adiestrado por Soledad Iparraguirre, 'Anboto', la jefa etarra compañera sentimental el jefe del aparato político, Mikel Albizu, 'Antza', pronto se puso a las órdenes directas del entonces responsable de la estructura militar de la banda en ese momento, Gorka Palacios. Este fue detenido al año siguiente, lo que propició el ascenso de 'Txeroki'. Aquella era una época en la que los golpes policiales lograban descabezar las cúpulas de los distintos aparatos con frecuencia. Con 'Txeroki' llegó la obsesión por la seguridad al aparato militar y el intento de blindaje de éste. Frente a la histórica distribución en el seno de la banda, el aparato militar pasó a dotarse de su propia logística, que le aprovisiona de armas, explosivos y refugio, lo que evita contacto con otras estructuras etarras, limitándose así las posibilidades de ser infiltrada por las Fuerzas de Seguridad. Pronto se fue identificando a 'Txeroki' con una nueva generación de etarras, caracterizada por su escasa preparación --la debilidad de la banda impedía un concienzudo adiestramiento de sus nuevos activistas--, un deficiente bagaje intelectual y un extremismo orientado siempre al empleo de la violencia como único método para conseguir los fines de autodeterminación e independencia. Sin embargo, el 'mito' de 'Txeroki' se fue apagando de forma inversa a los éxitos policiales contra ETA. Uno de sus encargos fue el de asesinar al Rey y lo hizo a un antiguo conocido, Javier Pérez Aldunate, al que entregó un rifle de mira telescópica con el que difícilmente se podía alcanzar una distancia prudente para realizar con éxito el atentado. A Pérez Aldunate se le incautó una carta de 'Txeroki' en el que éste le instaba a "poner patas arriba a un enemigo uniformado" y decía que para mantener alta la moral de la banda había que "dar caña". Posteriormente, los Servicios de Información fueron rebajando su ascendente dentro del aparato militar y de jefe lo 'degradaron' a responsable de los comandos. Esta actividad de 'Txeroki' quedó acreditada sobradamente en varios golpes policiales ocurridos en los estertores del 'proceso de paz' y posteriores. Los detenidos, caso de Iker Aguirre en Portbou o Aritz Arginzoniz en Santander, explicaban cómo su última reunión antes de cruzar la frontera se producía con Aspiazu Rubina, que les entregaba armas, dinero e instrucciones. El atentado con más repercusión de los que encargó 'Txeroki' fue el que puso punto y final de hecho al 'proceso de paz' y que costó la vida a dos nacionales ecuatorianos en el aparcamiento de la T-4 de Barajas el 30 de diciembre de 2006. Un año después, el día de Reyes de 2008, la Guardia Civil detuvo a Igor Portu y Mattin Sarasola, dos de los integrantes del 'comando Elurra' (nieve, en euskera) autor de aquella acción terrorista. Con la detención de estos dos terroristas y la de sus otros dos compañeros 19 días después en San Juan de Luz quedaba completamente desarticulado el comando más efectivo de 'Txeroki', un grupo compuesto por 'legales' y sin antecedentes a salvo de las pesquisas policiales. Txeroki acudía a la frontera de Francia para citarse con este comando, al igual que hizo con el último comando Navarra, con el que Aspiazu Rubina se citó en una casa de Hendaya para impartirle un curso de armas y explosivos. Una vez más, Txeroki sorteaba por poco la acción policial, ya que el comando estaba siendo controlado. Pero de aquel encuentro entre Aurken Sola, Xabier Rey y el jefe militar de la banda surgió un dato muy revelador. Según declararon ambos a la Policía, 'Txeroki' les confesó que él era el autor material del doble crimen de Capbreton, por el cual ETA rompió la consigna de no atentar en suelo francés.
El etarra con tendencia a echarse al monte Garikoitz Aspiazu Rubina, 'Txeroki', ha permanecido durante cinco años como jefe de los comandos de ETA después de que sustituyera en el puesto a Gorka Palacios Alday. Durante este tiempo, cada vez que ha sido desarticulado un comando terrorista en España, ha aparecido la pista de 'Txeroki' como la persona que ha dado las órdenes principales. El poder de Aspiazu Rubina dentro de ETA no se ha limitado sólo a la jefatura de los comandos terroristas, sino que se había ido ampliando en los últimos tiempos a otras estructuras de la banda, como el 'aparato político', lo que había provocado conflictos con otros dirigentes como Francisco Javier López Peña, alias 'Thierry', detenido el pasado mes de mayo en Burdeos. La última pista sobre las actividades de Aspiazu fue obtenida por la policía el pasado mes de octubre tras la detención en Pamplona de un comando etarra cuyos miembros declararon que 'Txeroki' les había confesado que había intervenido en el asesinato de dos guardias civiles en Capbreton, el 1 de diciembre del pasado año. Los testigos del doble crimen, sin embargo, no identificaron al dirigente de la banda ni la descripción facilitada de los autores coincide con sus características físicas. Aspiazu forma parte de una hornada de militantes que, con un breve historial a sus espaldas, pasó de ser un activista de base a ejercer responsabilidades de máximo nivel en el seno de la organización terrorista. Nada que ver con los militantes de no hace demasiados años que llegaban a puestos de dirección después de pasar mucho tiempo encuadrados en comandos o en puestos subalternos de las estructuras de la banda en Francia. Los datos que se han ido constatando a lo largo del tiempo evidencian que la mano de Aspiazu Rubina aparece detrás de la mayor parte de los atentados que se han podido esclarecer y detrás del movimiento de todas las células etarras. Algunas informaciones de prensa han hecho alusión a posibles desplazamientos del poder de 'Txeroki' o han minusvalorado su papel en el seno de la organización terrorista. Pero los hechos que las sucesivas investigaciones policiales han puesto al descubierto abonan la tesis contraria: la del poder omnímodo del dirigente etarra que controla, con la ayuda de un grupo de colaboradores, todos los resortes de las células encargadas de llevar a cabo las acciones terroristas. Miembro del 'comando Vizcaya' Aspiazu estuvo encuadrado en el 'comando Vizcaya' entre el verano de 2001 y abril de 2002, mes en el que regresó a territorio francés, donde pasó a encuadrarse en las estructuras de la banda terrorista que operan en el país vecino. A partir de 2003 comienza a aparecer su nombre realizando funciones de adiestramiento de activistas, aunque también se ve que ejerce las primeras responsabilidades como jefe de algún grupo 'legal' que opera en España. La captura de Gorka Palacios, el 9 de diciembre de 2003, supuso el ascenso en el escalafón de 'Txeroki' que se convirtió en el nuevo jefe de los comandos. Eso se vio, por ejemplo, al examinar la relación del 'comando Gaztelu' con sus jefes en Francia. Esta célula estaba supeditada a Palacios Alday quien les había encargado la realización de unos atentados en navidades de 2003, pero inmediatamente después de su captura pasaron a recibir órdenes de Aspiazu. Los movimientos de 'Txeroki', reconstruidos a través de las declaraciones fragmentarias de varios detenidos, presentan a un dirigente etarra que ejerce las funciones habituales del jefe del 'aparato militar'. Así, Garikoitz Aspiazu realiza las tareas de encuadramiento y de organización de comandos, al unir a dos o más de los pistoleros a sus órdenes y situarlos en una determinada célula. Además de constituir los comandos, unos con una base territorial fija y otros, en cambio, itinerantes, se encarga de impartir a sus miembros las órdenes e instrucciones correspondientes, de proporcionarles el material, los documentos, informaciones, dinero, etc. En ocasiones, alguna parte de estas funciones, son delegadas en alguno de sus lugartenientes, pero siempre aparece 'Txeroki' en algún momento dando las órdenes que acreditan su posición jerárquica. Los ritos de 'Txeroki' Lo que casi siempre hace es el rito de la "despedida" del comando que va a cruzar la frontera para instalarse en España. Consiste en acompañar en los últimos momentos, en ocasiones casi hasta la misma raya fronteriza, a los pistoleros a los que envía "al interior" para actuar. También es otra función característica del jefe de esta estructura recibir a la vuelta a los miembros de los comandos y reunirse con ellos para que le den información sobre lo que han hecho durante el tiempo que han estado en España, tanto si han cometido atentados como si no, y analizar los resultados. Sin embargo, en el comportamiento de 'Txeroki' hay actuaciones que exceden las funciones características del jefe de los comandos. Por ejemplo, la de encargarse personalmente de impartir cursillos de instrucción sobre el manejo de armas o de explosivos, como ha hecho en varias ocasiones en los últimos cuatro años. Tampoco es función específica del jefe de los comandos encargarse él mismo del traslado de los activistas de un piso a otro, de recogerlo en una vivienda y llevarlo al sitio donde quiere darle el cursillo o juntarlo con otro activista para que conformen un comando. Y 'Txeroki' ha realizado este tipo de actuaciones, propias de un enlace de nivel medio de la organización terrorista. La seguridad puede ser una razón que explique este comportamiento: si se eliminan algunos enlaces, se reducen las posibilidades de que la policía controle los movimientos de estas personas y siguiendo su pista lleguen hasta los jefes. Un hábito de 'Txeroki' parece ser la querencia por echarse al monte en sentido literal: en varias ocasiones se ve cómo imparte cursillos en el monte o, durante un viaje largo, hacen noche en pistas forestales. Y lo que él practica parece que se lo enseña a sus subordinados que, tal y como se está viendo en los últimos años, se instalan en tiendas de campaña, en simples sacos de dormir o dentro de un coche para pasar la noche en campo abierto, en lugar de buscar alojamiento en casas de colaboradores o de arriesgarse a alquilar. Son numerosos los casos conocidos de este tipo de comportamiento para que sean resultado de meras decisiones personales y no de instrucciones de la organización. Otra pauta de comportamiento de 'Txeroki' es que se encarga también personalmente del reclutamiento de sus pistoleros. Se le ha visto acudir a las primeras citas y proponer el ingreso en la organización terrorista a los convocados. Este conjunto de actividades permite que haya miembros de ETA que no hayan conocido a nadie de la organización terrorista que no sea a 'Txeroki' o a sus colaboradores. Aspiazu capta, asigna funciones para el recluta, le adiestra más adelante si llega el caso, lo traslada de piso a piso, le encuadra en un comando y le envía a cometer atentados. Duplica el tiempo de mandato de 'Txapote'
Garikoitz Aspiazu, con sus casi cinco años al frente de los comandos de ETA, ha superado ya en tiempo de permanencia en esa función a todos los jefes que han ocupado ese puesto desde 1999. Ha duplicado el tiempo de mando de 'Txapote' y superado todavía con mayor diferencia los de Olarra Guridi, 'Susper' o Palacios Alday. Si 'Txeroki' había conseguido eludir la acción policial
hasta el momento, no puede decirse lo mismo de sus lugartenientes en
cuyas filas se han producido importantes bajas en estos cuatro años.
Joseba Segurola, Aymar Altuna, Iñaki Arietaleaniz o José Antonio
Aranibar son algunos de los colaboradores más estrechos del dirigente
etarra que han acabado en manos de la policía francesa en este tiempo.
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