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Dos de cada tres profesionales sanitarios aseguran haber sido
amenazados, coaccionados o insultados mientras realizaban su trabajo en
hospitales. Para el 11% de ellos la situación fue todavía más grave:
declararon haber sido víctimas en alguna ocasión de agresiones físicas.
La mayor parte de estos incidentes ocurrió en Urgencias y en 6 de cada
10 casos el motivo fue la espera. A pesar de la puesta en marcha de
programas contra las agresiones, el 80% de los sanitarios agredidos
asegura no percibir el apoyo de la dirección del centro. Estas son las
principales conclusiones de un estudio realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza,
que ha estudiado una muestra de cientos de profesionales de varios
puntos de España.
Se estima que más de 5.000 sanitarios españoles han
sufrido algún tipo de agresiones en lo que va de año. Esta escalada,
tal y
como denuncian los profesionales sanitarios, de las agresiones han
motivado a la directora de la Escuela de la Medicina del Trabajo,
Begoña Martínez-Jarreta, y Santiago Gascón, psicólogo clínico, la
realización de esta investigación, la primera hecha de forma
sistemática y científica en la comunidad.
Además del elevado porcentaje de sanitarios que se sienten
agredidos, el estudio también
pone de manifiesto que el número de estos incidentes varía
sustancialmente dependiendo del servicio en el que trabaje el sanitario
en cuestión. Así, los servicios de Urgencias copan el 48% de las
agresiones físicas. Le siguen las unidades de Psiquiatría (27%) y los
servicios centrales hospitalarios (17%).
En el caso de las amenazas, las diferencias son todavía más
notables: el 87% se dan en Urgencias, el 62% en las distintas unidades
quirúrgicas, el 59% en psiquiatría, el 45% en áreas médicas y el 25% en
los servicios centrales.
PACIENTES AGRESIVOS
Hasta en un 85% de los casos,
las agresiones fueron perpetradas por los propios pacientes, que en un
73% de los casos reunían condiciones de imputabilidad, mientras que en
un 21% de los casos estaban afectados por un trastorno psíquico o
deterioro cognitivo y, en el 5,7% de las ocasiones, se encontraban bajo
los efectos del alcohol y las drogas.
El motivo de la agresión más frecuentemente invocado tuvo que
ver con el tiempo de espera (58%), seguido de disputas por causa de la
baja (15%) o por la prescripción de medicamentos (10%).
"A pesar de esta situación, no se han hecho estudios globales,
porque para el médico es difícil reconocer que recibe amenazas o que ha
sido agredido. El médico se encuentra sin apoyo administrativo, con
poca confianza hacia la justicia, ya que no existe un sistema de
sanción. Y esta situación de impotencia pasa factura desde el punto de
vista psicológico", asegura Martínez-Jarreta. Las razones por las que
no se denuncia pueden ser debidas a que es vista como una falta de
capacidad para manejar al paciente, no se desea llamar la atención, se
considera una vía inapropiada de solución o por desconfianza de obtener
el apoyo de la administración.
Porque la agresión va por dentro: "El daño es más psicológico,
con consecuencias como alto grado de estrés, problemas de sueño,
trastornos como ansiedad, depresión, agotamiento", asegura Santiago
Gascón.
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