El piloto inglés Lewis Hamilton
(McLaren Mercedes) se proclamó hoy campeón del mundo de Fórmula 1 tras
la disputa del Gran Premio de Brasil, última prueba de la temporada
2008, y que ha permitido al británico destronar al español Fernando
Alonso, que fue segundo en Interlagos, en ser el más joven en la
historia de este deporte en alzarse con el triunfo final. En cuanto a la carrera, la victoria correspondió a Felipe Massa, que se
creía campeón del Mundo en su entrada a meta. Glock, que estaba cuarto,
al haber sido el único en no cambiar sus neumáticos de seco por unos de
lluvia, fue sobrepasado por Hamilton, que firmaba un quinto puesto,
suficiente para ganar el campeonato 'en el último minuto y de penalti'. Un campeonato que celebró Ferrari en su 'box' y es que la situación fue
esperpéntica. Massa cruzó la bandera a cuadros sabiendo que Hamilton
era sexto al haber sido adelantado por Vettel a falta de las dos
últimas vueltas. Sin embargo, el Mundial se decidió en la última curva
del último Gran Premio.
Cuando la maldición se cernía de
nuevo sobre el piloto de Stevenage, el alemán Timo Glock, que era
cuarto, no pudo reaccionar a la lluvia que había condicionado el Gran
Premio cuando restaban 12 vueltas para el final. Glock dio vida a
Hamilton, y Massa, que levantaba los brazos, los bajó de repente.
Sin embargo su actitud fue encomiable. Massa ejerció de líder como
nunca había hecho. Siempre a la sombra de grandes pilotos como Michael
Schumacher o el propio Kimi Raikkonen, campeón la pasada temporada, hoy
la dejó de lado a pesar de que no se alzase con el título. Demostró su
gran condición y lo que es capaz de hacer al frente de un volante.
Algo similar a lo que hizo Fernando Alonso, que por primera vez en
cuatro temporadas llegó a Brasil sin jugarse el título. El asturiano
selló una gran carrera y de haberse contabilizado únicamente las cinco
últimas pruebas hubiese sido campeón del Mundo. Una reflexión que le
ayudará a mejorar si es que la próxima temporada sigue en Renault.
El que tiene garantizada su presencia en Ferrari es Massa, que ganó un
Gran Premio más (6) a lo largo de toda la temporada que Hamilton, el
nuevo campeón (5). Y es que todo empezó según tenía el carioca en su
guión. Las salidas de pista de Piquet --que corría en casa-- y de
Coulthard --que decía adiós a la Fórmula 1-- hicieron que el coche de
seguridad entrase en pista.
La prueba, que comenzó con
diez minutos de retraso por culpa de la lluvia, volvió a enjugarse en
la vuelta nueve, que dejó el cielo despejado. Esto obligó a los
monoplazas a rendir cuentas en 'boxes', donde Alonso comenzaba a volar,
marcó vuelta rápida, y Hamilton se quedaba noveno.
Estos
resultados dejaban al inglés sin Mundial y Massa --como un obús--
seguía ampliando sus diferencias con el resto salvo con el asturiano.
Pero esta ilusión le duró al brasileño únicamente nueve vueltas, que
fue cuando Hamilton volvió a colocarse entre los mejores en un gesto de
garra y agresividad, algo que le ha caracterizado durante su
trayectoria.
FINAL DE INFARTO
Tras la
vuelta a la lucha por el título de Hamilton --que alternó la cuarta con
la quinta posición por las entradas en 'boxes'-- la prueba de
Interlagos no había dicho su última palabra. Alonso llegó a liderar la
carrera --vuelta 36-- y continuó en la línea ascendente que ha marcado
desde Singapur.
Así, hasta que no restaban doce vueltas,
el Gran Premio brasileño no volvió a adquirir ese interés que acelera
corazones. La lluvia hizo acto de presencia y todos los monoplazas
decidieron cambiar sus neumáticos para afrontar con garantías los
últimos minutos de prueba.
El único que no entró y se la
jugó fue Glock, juez y parte de la carrera y del Mundial a la postre.
Con Massa liderando, Alonso segundo, Raikkonen tercero, Glock cuarto y
Hamilton quinto, el Mundial era del inglés, que aún debería sufrir un
gran susto.
En la vuelta 69 --dos para el final-- un
desaparecido y doblado Kubica hizo acto de presencia entre Hamilton y
Vettel, y el alemán aprovechó para revolucionar las pulsaciones del
personal. Con este resultado y Hamilton falto de confianza, marcando
tiempos lejanos a los de cabeza, el inglés perdía el título y la
maldición se acechaba sobre su figura. Pero en la curva
final, Glock --con neumáticos de seco-- se quedó atrás y acabó décimo.
Esto permitió a Hamilton entrar quinto y conseguir la mínima puntuación
necesaria para entrar en los libros de historia por dos circunstancias.
La primera por ser campeón del mundo y la segunda por haber sido el más
joven en conseguirlo.
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