| ¿Pero qué está pasando? |
|
|
|
| ANDRÉS ABERASTURI | |
Caminamos los ciudadanos entre la acera de la perplejidad y las
del miedo, un miedo que ya no es al futuro sino al presente y una
perplejidad fruto de que todos los problemas nos los iban a resolver,
como siempre, los gobiernos. Y no. Ni la media nacionalización de
bancos y entidades financieras en los EEUU, ni las reuniones de los
expertos europeos, ni -por fin- las inyecciones de dinero del Gobierno
de España, parece que son capaces de frenar el desplome global de la
economía. ¿Qué está pasando? Esa es la pregunta que nos hacemos desde
hace tiempo y las respuestas -ay- van variando a la misma velocidad que
la caen las bolsas.
Vemos como al fin, el Banco Central Europeo baja los tipos pero la bajada (nada menos que de medio punto) ni siquiera se refleja en el euribor que es la referencia que marca lo que pagamos por nuestra hipoteca. Vemos mas cosas, claro y no hace falta ser Solbes ni Montoro para darse cuenta de que el paro va a resultar insoportable porque es una pescadilla que se muerde la cola: menos cotizantes y más a pagar y que la crisis que también vive Alemania o el Reino Unido, puede repercutir muy seriamente en el turismo de la temporada que viene diga lo que diga el ministro Sebastián y compare nuestra economía de servicios con los barriles de petróleo. Pero los ciudadanos tenemos una especie de intuición que la dicta el propio sentido común: el mundo entero no puede quebrar porque es definitivamente absurdo. ¿Entonces que puede pasar y quien tiene el dinero que falta? Pues es hora de advertir que vamos a vivir peor, que el estado del bienestar no va a ser lo que era y que el despilfarro que hasta ahora hacíamos en los grandes almacenes y en las farmacias, es posible que no se pueda sostener. Las palabras de los políticos pueden llevar el mensaje que quieran, pero lo cierto es que el llamado "gasto social" tendrá que resentirse por mucho que les duela porque no hay dinero. Y esa verdad tan elemental que "no hay dinero" para todo, es la única realidad a día de hoy y habrá que acostumbrarse. ¿Culpables? Pues un poco todos porque todos nos hemos empeñado en vivir por encima de nuestras posibilidades reales y muy especialmente los bancos que o no ha previsto o no han querido prever que estaban tocando fondo mientas nos escandalizaban a todos con sus sueldos multimillonarios y su inmorales blindajes. Yo no sé si aún se está a tiempo de exigir responsabilidades a los que más directamente nos han llevado a esta situación, me temo que no y me temo que cuanto han hecho ha sido escrupulosamente legal. Por eso, pese a que mi buen amigo José Antonio Segurado se llevara las manos a la cabeza, mi absurda idea de nacionalizar la banca, va siendo hoy un hecho aunque debidamente encubierto y vergonzante. Pero eso es lo que está ocurriendo por ahí fuera y no sé cuando ocurrirá aquí dentro. Tiempo habrá. |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|







Caminamos los ciudadanos entre la acera de la perplejidad y las
del miedo, un miedo que ya no es al futuro sino al presente y una
perplejidad fruto de que todos los problemas nos los iban a resolver,
como siempre, los gobiernos. Y no. Ni la media nacionalización de
bancos y entidades financieras en los EEUU, ni las reuniones de los
expertos europeos, ni -por fin- las inyecciones de dinero del Gobierno
de España, parece que son capaces de frenar el desplome global de la
economía. ¿Qué está pasando? Esa es la pregunta que nos hacemos desde
hace tiempo y las respuestas -ay- van variando a la misma velocidad que
la caen las bolsas.





