| Laporta juega contra reloj |
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| agencias | |
Ni el peor enemigo de la junta directiva del Barça habría elaborado un
guión más cruel. Con el Camp Nou en llamas, con el equipo roto, con el
futuro incierto, el equipo de gobierno de Joan Laporta está en la
tesitura de trabajar contra reloj para afrontar la limpieza de una
plantilla en la que paradójicamente sólo cinco componentes terminan
contrato y ninguno de ellos es un peso pesado. Es verdad que el
Barcelona tiene todo el verano por delante para presentarle al público
un equipo renovado e ilusionante, pero también es cierto que la ira de
una grada enfadada como pocas veces se ha visto puede empujar al
presidente a dar un golpe sobre la mesa en forma de fichajes.
Una vez diluido el efecto del anuncio del cambio de técnico para la próxima temporada, una vez no se puede utilizar el señuelo de Pep Guardiola hasta que termine la promoción de ascenso a Segunda B, Laporta se ha quedado sin margen de maniobra y se encuentra ante la obligación de tratar de rebajar la crispación. El público que acudió el domingo al Camp Nou pidió su marcha una y otra vez, a la par que censuraba a los futbolistas. Como el presidente azulgrana no ha dado señales de que pretenda marcharse cuando aún le quedan dos años de mandato, lo más operativo para el club ahora es ponerse manos a la obra para sacar la escoba. Que al final sean más o menos los que se vayan del club dependerá de tres factores. En primer
lugar, de que Txiki Begiristain y Josep Guardiola cuenten con más o
menos jugadores. En segundo, de que los señalados para abandonar la
casa barcelonista tengan la intención de irse, ya que la mayoría
presenta contrato en vigor y cláusulas y sueldos elevados y han
manifestado que quieren quedarse, caso de Deco, Eto´o y Henry, aunque
habrá que esperar su reacción tras ser acusados por los seguidores. El
camerunés estaba ayer muy triste e impotente, según sus allegados. Y la
tercera clave es el mercado. Los equipos saben muy bien que el Barça
necesita deshacerse de jugadores y desde el club se insiste en que no
quieren decir públicamente que habrá una limpieza general para no dar
la sensación de que acude a la compraventa de futbolistas en una
situación desesperada.
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Ni el peor enemigo de la junta directiva del Barça habría elaborado un
guión más cruel. Con el Camp Nou en llamas, con el equipo roto, con el
futuro incierto, el equipo de gobierno de Joan Laporta está en la
tesitura de trabajar contra reloj para afrontar la limpieza de una
plantilla en la que paradójicamente sólo cinco componentes terminan
contrato y ninguno de ellos es un peso pesado. Es verdad que el
Barcelona tiene todo el verano por delante para presentarle al público
un equipo renovado e ilusionante, pero también es cierto que la ira de
una grada enfadada como pocas veces se ha visto puede empujar al
presidente a dar un golpe sobre la mesa en forma de fichajes.





