El presidente francés, Nicolas Sarkozy, cumplirá mañana su primer
año en el Elíseo bajo la sombra de un nuevo sondeo adverso que revela
la insatisfacción de los franceses con su política. Según la encuesta LH2 elaborada para la edición digital del
'Nouvel Observateur', los franceses darían la victoria a la socialista
Ségolène Royal de celebrarse hoy las elecciones presidenciales. La ex
candidata socialista ganaría con el 53% de los votos frente al 47% que
obtendría Sarkozy, es decir, los mismos resultados, pero a la inversa,
de los comicios de 2007.
Además, las cotas de popularidad de Nicolas Sarkozy y de su primer
ministro, François Fillon, experimentan una caída de 4 puntos. El jefe
del Estado sólo obtiene el 36% de las opiniones positivas en mayo,
cuando en marzo eran del 40% lo que supone la puntuación más baja del
sondeo LH2 en un año. Fillon logra un 46%, cuando en marzo tenía un 50%
de adhesiones.
El Partido Socialista, aprovechando el primer aniversario de
Sarkozy en la presidencia de la República, ha lanzado una campaña bajo
el lema 'Un año de desilusión y regresión', que se podrá leer en los
más de 3 millones de folletos y 300.000 carteles que ilustran las
dificultades de los franceses.
El primer secretario de los socialistas, François Hollande, hizo
un duro balance de estos doce meses en una entrevista que publica 'Le
Parisien', en la que habla del presidente "del desastre" y de la
"transgresión" y destaca que la eficacia de su política, un año después
de ser elegido, ha sido "nula".
"Nunca un presidente había conocido tal impopularidad después de
un año. Es un año que los franceses sancionan muy duramente, es una
política injusta vivida de manera cotidiana", dijo, por su parte, el
secretario general del PS, Bruno Le Roux.
En el terreno sindical, el secretario general de Fuerza Obrera
(FO), Jean-Claude Mailly, puso de relieve que había una fuerte
expectativa de resultados y que hoy sólo existe "una forma de
caleidoscopio con reformas y anuncios en todos los sentidos".
PRESIDENTE A LA BAJA
Los excesos mediáticos, su afición a los golpes de efecto, las
polémicas y, sobre todo, la falta de resultados concretos para mejorar
el nivel de vida de los franceses lastran la popularidad de un
presidente a la baja que ha defraudado las expectativas y ha intentado,
en vano, recuperar el corazón de sus conciudadanos durante una
entrevista retransmitida desde el Elíseo el pasado 24 de abril.
Sarkozy admitió "errores" sin ceder en su determinación para
seguir adelante con su ambicioso plan de reformas y exhibió en el
transcurso de la charla con los periodistas un estilo más sobrio y
sosegado de lo que su enérgico caracter le suele dictar a la hora de
dirigirse a los franceses.
La 'ruptura' para la que fue elegido se ha reflejado más en su
estilo de ejercer la presidencia y en su afán de protagonismo que en el
terreno político. Espontáneo y sin el autocontrol que los franceses
esperan de un hombre de Estado, ha protagonizado numerosas escenas
polémicas.
También ha sido mal vista su relación con los poderosos y su
afición al lujo y a la ostentación. A ello hay que sumar los golpes de
efecto. El primero, la liberación en julio, gracias a la visita a
Trípoli de Cécilia Sarkozy, de las enfermeras búlgaras y el médico
palestino encarcelados en Libia desde 1999. El segundo, el 4 de
noviembre, cuando viaja a Chad y se apunta el tanto de devolver a
Madrid a las azafatas españolas detenidas en el país africano por el
asunto de la ONG francesa 'El Arca de Zoé'.
Sarkozy ha sido también sancionado por la excesiva mediatización
de su vida privada y la frecuente aparición en la prensa rosa, que
alcanzó su mayor cota cuando aireó su romance con la cantante y ex
modelo Carla Bruni, con quien paseó por Egipto y Jordania el pasado
diciembre acompañado de una nube de fotógrafos.
Pero, con todo, el fondo del malestar en Francia sigue siendo la
falta de avances en materia económica y social. Elegido como el
presidente del poder adquisitivo de los franceses, defensor de la
revalorización del trabajo, dispuesto a acabar con la jornada laboral
de 35 horas implantada por los socialistas, el lema de 'trabajar más
para ganar más' tan repetido por Sarkozy no acaba de hacerse realidad.