A Rodríguez Zapatero le ha salido una china en el zapato. Lo que hasta hace poco se percibía como un pequeño inconveniente -el empeño del poco conocido secretario general del Partido Socialista de Madrid, Tomás Gómez, en ser candidato a la presidencia de esta comunidad en 2011-, se ha convertido en una batalla seria.
Nadie se había atrevido en los últimos años a echar semejante pulso al presidente del Gobierno. Y aunque "a priori" se trata de una lucha descompensada, los resultados pueden ser inciertos.
Tanto que el líder del PSOE dio ayer un golpe encima de la mesa -algo inhabitual en él- y ante la Ejecutiva del partido advirtió al "rebelde": "No me gustan las posiciones numantinas".
En realidad, no se lo dijo a Gómez directamente, sino a su valedora en el órgano federal, la portavoz socialista en la Asamblea de Madrid, Maru Menéndez.
Ella fue la encargada de trasladar a la dirección del partido lo que su jefe directo ya estaba pregonando a los cuatro vientos en una rueda de prensa paralela.
Éste llegó a dar su "palabra de honor" de que si se impulsa otra candidatura -léase, por ejemplo, la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez- habrá primarias. Y advirtió de que su voluntad "no es de roca sino de criptonita".
La declaración llegaba después de que el pasado fin de semana trascendiera que el presidente del PSOE, Manuel Chaves, mantuvo una reunión con el dirigente regional para hablar de las expectativas electorales en una Comunidad que, obviamente, es para los socialistas un puntal clave, sobre todo ahora que se tambalea su poderío en Cataluña y Andalucía.
Dos hipótesis
Si se hace caso al equipo de Gómez, el ex alcalde de Parla tiene posibilidades serias de gobernar y Esperanza Aguirre estaría al borde de perder la mayoría absoluta.
Si se atiende a las cábalas del vicesecretario general y estratega jefe de las campañas electorales del PSOE, José Blanco, no tiene nada que hacer. Supuestamente, eso es lo que le intentó hacer ver Chaves, aunque el interesado lo niega.
A pesar de que Tomás Gómez es apenas un recién llegado que sólo lleva tres años al frente del siempre convulso PSM y de que no cuenta con la fuerza legitimadora que da el haber ganado unas elecciones -aunque fue el alcalde más votado de España en 2003 y 2007-, tampoco puede considerársele un peón fácil de apartar. De hecho, la dirección nacional del PSOE va con pies de plomo. Él asegura que cuenta con el respaldo del 96% de su partido.