Querían reventar Madrid y lo que les ha reventado a ellos, entre
las manos, es la opinión pública, harta de que el abuso de unos pocos
liquide la libertad de elección de muchos. Querían hacer una huelga
política, enseñarle un poquito los dientes a Zapatero, pero dándole una
sonora bofetada a Esperanza Aguirre, que es "una carca, de derechas que
se merece una lección mayor que la del presidente" pero, lo que han
hecho es que toda la clase política, salvo raras excepciones, les
señale con el dedo acusador de quien no desea que nadie se salte la
legalidad a la torera.
Es verdad que los huelguistas del metro madrileño consiguieron
convertir Madrid en un auténtico caos, en una ratonera, donde
pocos por no decir nadie entendía, por desconcertante, lo que estaba
ocurriendo. Lo que inicialmente era un huelga intermitente con unos
servicios mínimos razonables para un servicio público, se convirtió en
una huelga indefinida y salvaje con toda la parafernalia propia de las
movilizaciones de principios de siglo: sabotajes, piquetes violentos,
amenazas graves, incluso agresiones e insultos a cualquiera que tuviera
la mínima tentación de ejercer de esquirol.
Resulta que los trabajadores del metro de Madrid se creen una
casta aparte, una suerte de privilegiados a quienes no les puede
afectar los recortes de la crisis. Cualquiera de los 7.000 empleados se
cree con más derecho que un médico que debe operar a corazón a abierto
para salvar vidas, con mas derechos que un profesor que tiene en sus
manos el futuro de las nuevas generaciones, con muchos más derechos que
un alcalde, un diputado o que el mismísimo Presidente del Gobierno,
que están sometidos al veredicto de las urnas y todos ellos afectados
por una bajada salarial como el común de los mortales. A los políticos
se les puede exigir que se aprieten el cinturón y lo mismo a los
funcionarios, pensionistas, autónomos, etc. A todos menos a los
empleados del metro de Madrid que son intocables. Ellos se niegan
aceptar el recorte salarial que quiere imponer el gobierno de Esperanza
Aguirre, en cumplimiento, por cierto, del decreto ley de ajuste
presupuestario aprobado en el Congreso y que afecta a todo el sector
público y para ello pisotean los derechos de mas de dos millones de
usuarios. Escupen a la cara y se ríen de los madrileños, de todos los
madrileños, menos del colectivo gay el único sector al que han tenido
en cuenta para que puedan celebrar su fiesta en paz y evitar así que
les llamen homófonos... faltaría mas...
Han hecho una huelga salvaje, pero lo más salvaje de todo es que
han quedado retratados y precisamente su salvajismo les ha puesto en
contra a toda la opinión pública. Los ciudadanos empiezan a
estar hartos de un sindicalismo de moqueta que dice amén a todo lo que
hace el gobierno que les da de comer y cuando no se salen con la suya
se fuman un puro con la legalidad y abusan del poderoso instrumento que
controlan comportándose como dictadorzuelos del tres al cuarto. Querían
reventar Madrid y lo que ha reventado es el vaso de la paciencia de los
ciudadanos. Ojala que todo el peso de la ley recaiga contra
estos salvajes que han querido que volvamos a la ley de la selva.