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viernes, 30 julio 2010
El fracaso de la gestión de Obama dispara las intrigas en la Casa Blanca PDF Imprimir Correo electrónico
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Cuando las cosas no van bien, buscar culpables suele tranquilizar las conciencias. Es lo que han empezado a hacer algunos en la Casa Blanca, impulsando comentarios sobre el buen trabajo de fulano o culpando a sutano de los errores del gobierno. Esta reciente abundancia de filtraciones sobre las diferencias dentro del gobierno es una señal de que el equipo de Obama está perdiendo su disciplina y cohesión, según el Financial Times.

De acuerdo con estos comentarios, el diario británico concluye que hay personas en las cuales el Presidente confía, como por ejemplo, Rahm Emanuel, jefe de gabinete, David Axelrod, asesor de Obama y Robert Gibbs, vocero de la Casa Blanca.

También destaca que hay figuras importantes del gobierno, como la secretaria de Estado, Hillary Clinton, o el secretario de Defensa, Robert Gates, que han sido dejadas de lado.

Las intrigas acerca de quiénes son las personas claves en la Casa Blanca vienen de la época de George Washington, pero, según el Financial Times, hay dos importantes razones por las cuales Obama tiene que cuidarse de que estos dichos no salgan a la luz pública.

En primer lugar, demuestran que el equipo de Obama está perdiendo su disciplina y cohesión. El año pasado, Obama emitió un decreto en el cual quedaba prohibido para el personal de la Casa Blanca entregar información a los medios sobre las personas dentro de la administración.

Estas fugas no autorizadas socavan el estilo del Mandatario de hacer política, porque él suele recoger consejos de un "equipo de rivales", pero manteniendo esa rivalidad al interior de la administración, sin filtraciones.

Eso funcionó bien durante la campaña y se mantuvo así hasta que hace seis semanas los demócratas perdieron la mayoría en el Senado tras ser derrotados en la elección en Massachusetts por los republicanos. En segundo lugar, refuerza la idea -ya muy extendida entre los aliados del gobierno- de que la administración de Obama está muy centralizada.

La atención reciente se ha centrado en las fisuras, reales o imaginarias, que existen entre Axelrod y Emanuel, como un ejemplo de las divisiones que pueden haber entre las personas que acompañaron a Obama durante la campaña presidencial, como el propio Axelrod, y los que no lo hicieron.

Las fisuras son también visibles en la relación entre el ex equipo de campaña de Obama y los que trabajaron para Hillary Clinton, una rivalidad que fue superada entre ambos, pero que no se extendía a sus subordinados. Las relaciones entre el Departamento de Estado y la Casa Blanca no siempre son suaves, concluye el rotativo.
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