La crisis económica actual está provocando que los usuarios del
taxi en Madrid se planteen, como medida de ahorro, la apuesta por la
implantación del modelo de vehículo compartido en los viajes, un
servicio que ha empezado recientemente a funcionar en las zonas más
céntricas de ciudades como Nueva York.
Este sistema consiste en compartir los gastos de la carrera de un
taxista entre varias personas, ya se conozcan o no, y el fin es que el
destino sea más o menos el mismo para todos para que el viaje salga
económico para los usuarios. En Nueva York comenzaron la semana pasada y
ahora es posible encontrarse taxis de este tipo en las zonas gracias a
un programa piloto de la Comisión de Taxis y Limusinas de Nueva York.
En el caso de la ciudad norteamericana, el coste será de 3 ó 4
dólares por pasajero y tendrá servicio de lunes a viernes en las horas
punta de la mañana, entre las 6 y las 10 horas. Habrá varios puntos
fijos de recogida de pasajeros y los recorridos tendrán como destino
final la estación de Grand Central.
Los viajeros en Madrid ya han comenzado a plantearlo en el sector,
al que se le anima a intentarlo en lugares más neurálgicos como la
estación de Atocha, Chamartín o Sol. El coste del viaje sería algo
superior a lo que puede costar un billete de Metro o Autobús sencillo,
que está en el euro.
El presidente de la Asociación Gremial del Autotaxi en Madrid,
José Luis Funes, explicó a Europa Press que este modelo no beneficia al
sector pues supone "una disminución de la calidad del servicio"
acercando los taxis de Madrid al de otras ciudades donde trabajan de
esta forma, como Marruecos, Caracas o San Paulo.
Según Funes, parar en medio de la calle para preguntar a alguien
si quiere subirse, cuando ya se lleva a viajeros transportados, o meter a
una persona que no se conoce para compartir el vehículo sólo tiene una
repercusión negativa en los servicios que los taxistas ofrecen.
No obstante, reconoció que de una manera más "sutil" se trata de
una idea que ya se viene desarrollando en la noche madrileña de los
fines de semana, cuando varias amigos o parejas cogen un taxi y hacen un
recorrido más o menos cercano para que la carrera sea más económica.
En este sentido, aseguró que el sector entiende que los usuarios
tengan que recurrir a este tipo de actuaciones para ahorrar pero lo
rechazan como "medida empresarial" porque repercute directamente en la
calidad del servicio que ofrecen.