04/07/2018
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Raúl González Zorrilla: “La mayoría de los medios de comunicación son esclavos del totalitarismo socialdemócrata que arrasa Occidente”

El pasado miércoles, en una nueva edición de los prestigiosos “Diálogos de Pamplona”, Raúl González Zorrilla, director de La Tribuna del País Vasco y de la nueva revista impresa Naves en Llamas, ofreció una ponencia sobre un tema tan de actualidad como controvertido: “Información, desinformación y reinformación”.

Durante la cena-coloquio, que en todo momento estuvo muy animada, el responsable de La Tribuna del País Vasco explicó cómo la censura y las intoxicaciones informativas no son fenómenos de tiempos pasados sino que, actualmente, “están más vivas que nunca camufladas bajo directrices ideológicas como la corrección política o la ideología de género”.

González Zorrilla comenzó su exposición realizando un somero repaso a la evolución de los medios de comunicación, especialmente en lo que hace referencia a las grandes cabeceras periodísticas, duraante los siglos XIX y XX y explicó cómo, en su opinión, “el progresivo afianzamiento de los periódicos constituyó un pilar fundamental de los primeros sistemas parlamentarios, de las revoluciones socio-económicas ligadas a un naciente capitalismo y, al final, de la aparición de las grandes democracias occidentales”. “Durante casi dos centurias”, añadió el también editor de la revista impresa Naves en Llamas, “la prensa escrita clásica impulsó, tuteló y sirvió de estímulo a los principales movimientos ideológicos de los siglos XIX y XX. La expansión del liberalismo, del socialismo o de los más diversos totalitarismos y nacionalismos, así como de otros muchos “ismos” que formaron parte de la evolución cultural europea, especialmente a partir del siglo XIX, no puede entenderse sin las páginas formato sábana de algunas de las más importantes cabeceras periodísticas de Europa y Estados Unidos”.

En opinión de González Zorrilla, “el periodismo clásico, cuyo desarrollo tecnológico corrió parejo a los avances producidos por las dos grandes revoluciones industriales, asociadas en un primer caso a la invención e implantación de la máquina de vapor (XVIII-XIX), y, posteriormente, al desarrollo de las industrias química, eléctrica, del petróleo y del acero (1870-1920), llegó a su máximo esplendor a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando, tras la IIGM, la aceleración exponencial de la generación de productos, bienes y servicios provocó el nacimiento de la sociedad de consumo, y con ella los primeros años de oro de la publicidad, y posibilitó que la ciencia, la tecnología y la cultura entraran también en ebullición”.

Zorrilla fue rotundo al afirmar que “estos modelos periodísticos que se consolidaron y vivieron su edad de oro en los siglos XIX y XX, construidos sobre el valor exclusivo e intrínseco de la información, sobre la autoridad casi incuestionable del periodista, sobre un entendimiento casi idílico, y por lo tanto, irreal, de la objetividad, y sobre un marco publicitario que dirigía los mismos anuncios a todos los receptores, comenzaron a quebrarse en el tramo final del pasado siglo, cuando el rápido desarrollo de Internet y las nuevas tecnologías de la comunicación y la información (TIC’s), y la inmensa capacidad de éstas para replicar, globalizar y transmitir instantáneamente cualquier tipo de noticia, posibilitaron que prácticamente cualquier persona pudiera convertirse en un momento dado en un emisor de información y, sobre todo, permitieron que la publicidad pudiera ser segmentada, medida, dirigida y categorizada hasta alcanzar los más pequeños nichos de clientes potenciales”.

Una imposible cuadratura del círculo periodístico

“De este modo, y casi sin darnos cuenta, los primeros años de este siglo XXI configuran un momento histórico crucial que supone para los grandes medios occidentales el toparse frente a frente con la peor de sus pesadillas: un escenario inimaginable apenas unos años atrás en el que decenas de redacciones comienzan a cerrarse, en el que miles de periodistas pierden sus puestos de trabajo y en el que las principales cabeceras del mundo contemplan día a día, de una forma exponencial, cómo su valor referencial para los ciudadanos cae incesantemente”.

“A comienzos de este siglo XXI, los grandes periódicos se enfrentan a una imposible cuadratura del círculo: seguir viviendo de la venta de noticias, mientras ellos mismos ofrecen estas noticias gratuitamente a través de la Red, que es donde están los lectores; seguir viviendo de la publicidad, al mismo tiempo que ésta reduce drásticamente su precio y se fuga y se diluye a través de miles de webs, blogs y redes sociales; y seguir viviendo de la venta de ejemplares, suplementos, libros y productos editoriales complementarios, en un entorno económico de recesión brutal y cuando los lectores abandonan claramente el papel y los medios de comunicación tradicionales. Se trata de conseguir una cuadratura del círculo imposible que desemboca en un hecho trascendental, de importancia radical y del que, ‘curiosamente’, nadie habla: todos los grandes periódicos occidentales, y la mayor parte de los grupos de comunicación que los editan, se encuentran, desde un punto de vista estrictamente económico y financiero, en quiebra técnica”.

En opinión de Raúl González Zorrilla, esta situación dramática padecida por los principales medios de comunicación, coincidió en el tiempo con un auge máximo de la penetración del marxismo cultural en las universidades occidentales, con la aparición con fuerza de los movimientos populistas y con la consolidación definitiva de la globalización económica y empresarial. “Esto implica que los grandes grupos transnacionales convierten el marxismo cultural en su base ideológica, ya que éste, a través de la corrección política, de la ideología de género y del ‘respeto’ a todo tipo de ideas, culturas y comunidades, les permite adaptarse a todo tipo de marcos culturales. El objetivo: poder vender con la misma eficacia en la Unión Europea, en China, en Sudamérica o en Arabia Saudita”.

La conjunción de estos cuatro elementos – quiebra económica de los medios, auge del marxismo cultural, aparición de los movimientos populistas y consolidación de la globalización económica – provoca una debacle absoluta en los medios occidentales del Sistema que estalla, según el también autor de libros como “Terrorismo y Posmodernidad” o “Territorio Bildu”, el día 9 de noviembre de 2016.

“Ese día pasará a la historia del periodismo no solamente por el triunfo de Donald Trump en unas de las elecciones presidenciales estadounidenses más reñidas y convulsas de las últimas décadas sino también, y quizás sobre todo, porque las principales cabeceras periodísticas internacionales, ideológicamente gangrenadas y éticamente corrompidas por sus alianzas serviles con los poderes políticos y económicos, exhibieron, en apenas unas horas, un completo mosaico de prepotencia, ignorancia, cinismo, manipulación y voluntad de mentir que convirtieron al 90% de la prensa occidental en un lodazal”.

“Con sus insultos, sus manipulaciones, sus ataques, sus mentiras y sus humillaciones al nuevo Presidente norteamericano (que todavía continúan) y lo que es peor, a sus millones de votantes, los medios de comunicación del Sistema demostraron hasta qué punto estaban perdidos, desnortados y noqueados en su propia arrogancia. De hecho, el 9 de noviembre de 2016 sí que surgió una grave amenaza para la ‘civilización occidental’, tal y como el rotativo económico británico ‘The Financial Times” definió el triunfo electoral de Donald Trump. Pero ésta amenaza no se derivaba del hecho de que un empresario populista, demagogo, emprendedor, decidido y creador de miles de empleos fuera a presidir el país más poderoso del mundo, sino de la constatación patente de que Occidente se encontraba ya en ese momento sin medios de comunicación fiables, capaces de narrar, de proyectar y de interpretar la realidad con rigor, con coherencia, con veracidad y con independencia”.

Aquel día, según detalló González Zorrilla, los medios de comunicación del Sistema, los grandes medios de comunicación referenciales en Occidente, demostraron: “que estaban abonados al ‘sensacionalismo con tintes humanos’ para mantener la atención de los receptores; que estaban vendidos al totalitarismo socialdemócrata y al discurso ideológico-político dominante, lacio, vacuo, ‘buenista’, y absolutamente carente de rigor intelectual, que asuela a nuestras democracias; que eran esclavos del ‘pensamiento débil’ que prima en nuestras sociedades y que habían sido secuestrados por los movimientos comunitaristas más ramplones y por las letanías socialdemócratas más embusteras e hipócritas”.

“De hecho, y siguiendo los ripios del marxismo cultural más grosero, los principales medios de comunicación ya no defienden las libertades individuales sino la falsa democracia de las élites; no abogan por la tolerancia respetuosa entre diferentes sino por un máximo consentimiento generalizado y revuelto en el que obtengan beneficios los pescadores de siempre; no buscan la igualdad de oportunidades para todos, sino un igualitarismo demagógico e inservible que desprecia la meritocracia y condena el esfuerzo personal; y, desde luego, tampoco desean la existencia y la convivencia plural de ideologías, creencias y religiones bajo un marco único de respeto a “nuestros valores”, sino que tratan de implantar un multiculturalismo soez y totalitario que equipara los mejores saberes y legados alumbrados por la humanidad con las tradiciones y costumbres más bárbaras”.

REINFORMACIÓN

“Sin medios de comunicación libres, independientes, firmes e inteligentes, no hay libertad de expresión, que es uno de los pilares de nuestras sociedades. Pero, poco a poco, y gracias a las nuevas tecnologías de la información y comunicación, están surgiendo nuevas voces cada vez más influyentes, tanto individuales como colectivas, tanto de periodistas profesionales como de expertos en múltiples campos del conocimiento, empeñadas en contar la realidad que es, no la que creen que debería ser; expertos en analizar lo que viene sin los anteojos impuestos por una mentira muchas veces repetida, y hábiles y eficaces en hacer llegar sus mensajes a los demás… Esto es lo que conocemos como reinformación o lo que es lo mismo: informar contextualizando las noticias, informar transmitiendo permanentemente al lector cómo lo narrado afecta a sus valores, e informar sacando a la luz lo que los medios del Sistema callan”.

La reinformación, según el ponente, es una tendencia periodística todavía balbuceante, con algo de peso más consolidado en Francia, que consiste, en esencia, en contar los sucesos desnudándolos de todo baño “políticamente correcto” o de toda connotación “emocional”, estrategia muy utilizada por los nuevos comunistas que dominan la industria editorial y de la comunicación.

En este sentido, Raúl González Zorrilla afirmó que la nueva Revista Naves en Llamas, que dirige, es la primera en España, y probablemente en Europa, dedicada a hacer reinformación, dentro de las publicaciones informativas y de opinión que se editan en papel.

Finalizada la intervención del director de La Tribuna del País Vasco, se abrió un dinámico y muy interesante intercambio de opiniones y comentarios sobre lo que se conoce como “noticias falsas”, sobre la presunta influencia rusa en el alumbramiento de las “fake news”, sobre cómo la comunicación global corre pareja a las corrientes geoestratégicas que mueven el mundo, sobre la publicidad online o sobre cómo la corrección política y el totalitarismo socialdemócrata que asuela Occidente están haciendo cada vez más difícil el mantenimiento de la libertad de expresión.

 

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Ramiro
Ramiro

Siento decirlo, pero tengo un bloqueador de publicidad para no perder el tiempo, pues tardan más en “abrirse” los medios, tienes que “chuparte” una publicidad que no te interesa, etc.
Últimamente a LA TRIBUNA DEL PAÍS VASCO le ha dado por instalar uno de esos sistemas que no te deja acceder a los contenidos, SALVO QUE QUITES EL BLOQUEADOR.
Pues lo siento por ellos, PERO HE TENIDO QUE DEJAR DE LEERLES.
(También han suprimido los comentarios, algo que no entiendo, pues en muchas ocasiones lo mejor de un artículo son los comentarios…).

Pilar
Pilar

Y otros, como LA TRIBUNA DEL PAÍS VASCO, son esclavos de la publicidad…
Es imposible leerlo sin chuparse toda la publicidad que insertan.
Pues lo siento mucho, pero no voy a pasar por el aro…

Sauron
Sauron

Yo llamemos socialdemócrata a lo que es marxismo cultural y totalitarismo orweliano.Ni son sociales ni demócratas.

Patxi Balagna
Patxi Balagna

correcto.

pedro de madrid

A los medios de comunicación (afortiunadamente no todos), los conducen como si fuesen animales guiados con el ronzal, con orejeres, y ellos tan contentos

Traian Romanescu
Traian Romanescu

No hablemos sólo del totalitarismo socialdemócrata. Hablemos también del totalitarismo NEOLIBERAL. Ambos perros sirven al mismo amo, que no es otro que la judería internacional.

NACIONALISTA ESPAÑOL
NACIONALISTA ESPAÑOL

Totalitarismo socialdemócrata muy marxista cultural como las izquierdas más radicales , pero que luego ves que como las derechas neoliberales hacen propias las ideas ultra-progres. Mirar estos días ESPAÑA entera , como las instituciones de este país gobernadas por las izquierdas y por las derechas neoliberales están festejando lo que festeja y reivindica el colectivo minoritario del 2% social , véase , el LGTBIQ+. El PP y CIUDADANOS junto al PSOE UNIDOS PODEMOS e incluso los SEPARATISTAS de todas las regiones de izquierdas y derechas neoliberales , están celebrando juntos las ideas del LGTBIQ+. ¿ Que diferencia hay ya entre… Leer más »

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