20/01/2018
Armando Robles | 4376 lecturas

Cataluña, más de lo mismo

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Nada ha cambiado en Cataluña . Estamos justo donde nos hallábamos el 27 de julio, cuando el Parlamento de Cataluña aprobó una reforma del reglamento de la Cámara catalana para permitir la aprobación exprés, por lectura única, de la ley que amparó el referéndum del 1 de octubre y la ley de transitoriedad jurídica. Cinco meses y medio después, los independentistas vuelven a tomar el control de la Mesa del Parlament y nada apunta a un giro de las posiciones que los partidos secesionistas han mantenido desde entonces. La clave de la derrota del Gobierno ha estado en la actitud que han mantenido las dos partes. Mientras los independentistas se han tomado el asunto como un “casus belli”, el adocenado Rajoy se ha enfrentado a ellos con moral de derrota. La guerra no siempre se libra con métodos convencionales. El desafío catalán es un grave asunto del estado; una vía hacia la supervivencia y extinción. Para los separatistas catalanes, el arte de la guerra es el arte del engaño. Rajoy nunca ha tenido la convicción de ganar a los separatistas. Estamos en guerra y en cualquier guerra se gana o se pierde. No veo mejor parte de guerra que la mayoría separatista en la Mesa del Parlament y el discurso incendiario de Ernest Maragall.

Lo que ha marcado inevitablemente el resultado de esta guerra perdida es que una de las partes no sólo ha carecido de moral de victoria, sino que lo que más le ha preocupado ha sido infringir el menor daño posible al enemigo. Pensar que en apenas cuarenta días podía cambiar lo que se pudrió a lo largo de más de treinta años, ha sido una ocasión perdida que agiganta nuestra convicción de que estamos siendo gobernados por auténticos cobardes.

Los golpistas han repetido hoy los mismos mantras en el Parlament porque el PP y el PSOE dieron a los golpistas todos los medios y ventajas. El 155 supuso tan sólo la convocatoria de elecciones para que nada cambie y estemos tan mal como al principio. O peor aún. Salir a combatir al enemigo sin la voluntad de aniquilarlo te predispone a la derrota, que es lo que ha pasado. El Gobierno ha permitido que los separatistas concurriesen a las elecciones con los golpistas encabezando sus listas, con sus estructuras golpistas intactas y con una TV3, al servicio permanente de Puigdemont y dedicada día y noche a la tarea de inculcar el odio a España. ¿Alguien se sorprende que en medio de este escenario estemos donde estábamos?

Acometer la tarea de derrotar al separatismo sin acabar con sus abrevaderos económicos y propagandísticos sólo puede responder al plan deliberado de un cobarde o de un traidor al servicio de alguna logia. El peculiar sistema escolar de Cataluña es una de esas estructuras por las que el Estado ha pasado de largo a pesar de tener constancia no sólo de los estragos del perverso y enfermizo método de la inmersión lingüística sino de la carga de adoctrinamiento en la superioridad catalana y la derivada del odio a España que predican unos maestros mutados en comisarios políticos desde preescolar hasta la universidad.

La situación no ha cambiado ni cambiará. Los intereses de cientos de miles de funcionarios y empleados públicos, así como de cientos de medios y de miles de contratistas de las Administraciones del tres por ciento, dependían del mantenimiento del régimen secesionista. Frente a semejante ejército, el 155 no ha sido nada. Los golpistas han seguido y siguen trabajando a favor de la unilateralidad. El 155 ha sido un gatillazo, un espejismo, un anuncio sin contenido que sólo ha servido para adelantar unas elecciones antes de que los corazones pasaran una más que necesaria etapa de refrigeración.

Pues bien, ante tanta dejación y tanta traición, sólo se me ocurre que la población civil española deshonre a sus generales y asuma la dirección de esta guerra sin cuartel. Y eso supone atacar al enemigo por su parte más débil: la económica. La burguesía catalana pierde cada vez más poder y no quiere compartir su riqueza -generada en gran parte por lo que vende al resto de España. Esto les llevó a avalar y bendecir el proceso secesionista, aunque ahora muden la piel trasladando sus sedes sociales fuera de Cataluña.

El correctivo debe alcanzar también a populares y socialistas. Sabían que la reinstauración del orden legal en Cataluña antes del 21-D sería prácticamente imposible si no se producía una transformación de las realidades implantadas por el nacionalismo en estas últimas décadas. Una de ellas ha sido la sumisión de TV3 y Catalunya Radio al separatismo. Rajoy ha cometido un error al no actuar en estos medios sectarios para garantizar la libertad de información y su neutralidad política, más que necesarios ante unas elecciones autonómicas que para los separatistas han tenido carácter plebiscitario. La responsabilidad de la Presidencia de España obligaba a Rajoy a tomar las decisiones que exigía la gravedad del desafío al que nos enfrentábamos. No lo hizo y buscó la coartada de un mequetrefe como Pedro Sánchez.

Las medias tintas con los sediciosos catalanes se pagan muy caro. Pero no veo por qué tienen que ser los españoles los que paguen los platos rotos por un puñado de dirigentes cobardes y traidores. Entre el deshonor y la guerra, Rajoy se decantó por lo primero. Lo hizo en nuestro nombre. Ahora nos toca a nosotros entrar en combate en nombre de lo que más queremos.

 

Comentarios

3 comentarios en "Cataluña, más de lo mismo"

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jakboor
jakboor
20/01/2018 20:42
Armando, todo lo que comenta vd. en el artículo lo resumo en esta frase en la que comenta : ” Acometer la tarea de derrotar al separatismo sin acabar con sus abrevaderos económicos y propagandísticos sólo puede responder al plan deliberado de un cobarde o de un traidor al servicio de alguna logia.”. Lo que quiere decir que Mariano Rajao sólo ha escenificado un paripé para justificarse ante el pueblo español dada la para él iniesperada reacción de este de manifestarse a favor de unidad de España tanto en Cataluña como en otras partes de España. A partir de ahí,… Leer más »
José Ubalde
José Ubalde
20/01/2018 19:21
Muchas empresas que han trasladado su sede social fuera de Cataluña, en su día apoyaron el separatismo no para llevarlo hasta las últimas consecuencias, pero si como medio de chantaje para conseguir concesiones aunque esas supusieran agravio comparativo con otras regiones. Ahora como los separatistas han intentado ir hasta el final, estas empresas han echado marcha atrás y cambian la sede social; porque les perjudica lo que habían apoyado en sus ingresos. Por lo tanto hasta que no se eliminé el estado de las autonomías, lo único que podemos hacer a corto plazo es no comprar productos catalanes. A un… Leer más »
Ramiro
Ramiro
20/01/2018 18:51

Don Armando, estamos en manos de cobardes, corruptos y, sobre todo INÚTILES.
Y esto último, posiblemente, sea lo peor, siendo las tres características malas.
EL PP ASUME LA DESGOBERNACIÓN GENERAL DE ESPAÑA: Aquí todo el mundo hace lo que le da la gana, y no pasa nada.
Y si pasa, no importa.

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