09/01/2018

Independencia a la sueca

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Acabo de ver un video que me ha impactado: La teoría sueca del amor. Trata del último nivel de independencia: ciertamente ilimitada. Una independencia que llega obviamente a la persona y termina en la liquidación de los lazos de interdependencia personal (básicamente los familiares). Es desmontar la célula de la familia para dejar sueltos los átomos individuales. Más allá de ese límite viene la rotura, el desquiciamiento. Pero ¡qué va!, resulta que en Suecia han tenido tiempo suficiente para experimentar la independencia hasta ese nivel, y han podido constatar que la rotura y el desquiciamiento del individuo suelto y “libre” no es menos dramático que la rotura y el desquiciamiento de la familia. De lo cual es fácil inferir que soportar los inconvenientes de vivir en la célula familiar no es más duro que soportar los inconvenientes que sufre el átomo individual. En efecto, una de las consecuencias derivadas de esta novedosa ingeniería social, es el aumento espectacular del número de suicidios y de los muchísimos fallecidos en soledad (uno de cada cuatro) sin vínculo familiar, cuyo patrimonio pasa al Estado.

Este planteamiento tan rabiosamente individualista parte de una filosofía muy singular según la cual, al ser la independencia un valor tan absoluto que se mancillaría si se le pusieran límites, condena sin remilgos cualquier atisbo de interdependencia como un mal per se. La lógica del planteamiento no permite ninguna otra línea de solución. Si la independencia es un bien absoluto, es la forma necesaria de la libertad absoluta, la interdependencia no puede ser más que un mal absoluto. De ahí que muchísimas suecas, tras elegir online el perfil racial, físico e intelectual del donante, se auto-inseminen artificialmente en su propia casa gracias al envío postal del “ingrediente” en recipiente congelado. Así sacian el deseo hormonal de la maternidad independiente sin necesidad de relacionarse con varón. Y éstos satisfarán su libido viendo pornografía y acumulando “altruistas” donaciones de esperma. Cada uno por su cuenta. ¡Y todos tan panchos!

El problema está en que siendo como somos animales sociales, que quizás en un tiempo vivimos en manada (con un número limitado de individuos), pero que ahora vivimos en rebaños, en colmenas o en hormigueros de dimensiones descomunales, lo que nos toca no es plantearnos cómo haremos para convertirnos en escorpiones solitarios o en mantis religiosas; no nos corresponde andar buscando fórmulas para ver cómo nos disgregamos hasta la individuación, sino fórmulas para aprender a vivir en agregaciones cada vez más numerosas.

El caso es que esa independencia a la sueca desemboca inexorablemente en la soledad, con la rara y mal resuelta excepción de las mujeres que no quieren renunciar a la maternidad y recurren a la auto-inseminación por no sujetarse a la dependencia de un hombre. Digo que estas mujeres suecas constituyen una excepción que contradice frontalmente la filosofía social de la independencia individual, porque crean un lazo de dependencia con el hijo. Pero ahí está el Estado que, para subsanar el error y remediar esa debilidad femenina, se esfuerza por aliviarlas todo lo posible de esa dependencia y por liberarlas de ella lo antes posible con guarderías públicas afterhours.

Los suecos precisamente, que son la avanzadilla del Estado del Bienestar, se han dedicado a la ingeniería social como nadie, -la familia como ente interdependiente ha desaparecido por obsoleta- y han ido diseñando su singular modelo de convivencia en el que el único aglutinador de los individuos es el Estado. Éste obliga a sus ciudadanos a ser felices y a vivir en plenitud: una plenitud a la que, según esa teoría, sólo se puede llegar en solitario, puesto que cualquier lazo personal representa un impedimento grave para alcanzar la felicidad. Lo mismo respecto a la libertad y al derecho a decidir, que es tanto más absoluto cuanto más solo y único sea el individuo. Porque si la libertad de uno termina donde empieza la del otro, la libertad es absoluta si no hay nadie que me la limite. Y mi derecho a decidir es igualmente absoluto si mi decisión no afecta a nadie, porque ni encima ni debajo ni delante ni detrás ni a los lados hay nadie.

Es lo que tiene la defensa de ciertos “principios”: si son auténticos principios universales y absolutos, son universales y absolutos: no se les puede poner límite. En cuestión de derechos, lo primero que se debe determinar a la hora de defenderlos, es si son individuales o colectivos. Si son individuales, no hay nada que discutir. Y si son colectivos, hay que fijar las leyes de divisibilidad de cualquier colectividad. Y fijar, naturalmente, cuál es la autoridad con derecho a poner límites a esa divisibilidad.

En Suecia han sido de una coherencia rabiosa: la divisibilidad de los colectivos termina en el individuo; de la misma manera que para Demócrito la divisibilidad de la materia terminaba en el átomo: si lo rompes, has destruido la materia; igual que si pretendes partir el individuo, lo que haces es cargártelo. Sin embargo, lo que no se atrevió a hacer el filósofo griego lo han logrado los suecos: la divisibilidad del colectivo llevada hasta el extremo conlleva indefectiblemente la destrucción de la persona. Sin más referente moral que el propio bienestar y el logro de objetivos puramente personales, el ser humano tras convertirse en esclavo de sí mismo lo será finalmente del Estado. ¿No es este el camino que llevamos también nosotros? Aborto y cambio de sexo en menores, sin mas necesidad que el propio consentimiento; familias monoparentales en aumento exponencial, el matrimonio canónico destruido y libérrima opción sexual. Este parece ser ¡el ideal europeo!

La teoría sueca del amor lleva a la autodestrucción mortal. En cambio, sólo la realidad del amor cristiano, interdependiente por definición, trae la paz y la alegría: Nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos (Jn 15,13) porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate por muchos (Mt 20,28).

 

Comentarios

7 comentarios en "Independencia a la sueca"

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Unomás
Unomás
09/01/2018 23:57

Así es. Camino de la más sutil esclavitud que hayan conocido los siglos. Y esto es lo que celebran sutilmente cada año nuevo con su pino piramidal los ingenieros, mientras las masas de protoesclavos estallan de alegría ignorante y vacua.
Muy buen articulo. Esclarecedor.

Jacob Segal
Jacob Segal
10/01/2018 12:33

Correcto, nos llevan como borregos sin familia sin dinero sin dignidad sin raices con su ingenieria social de marras y mucha television que es por donde el personal se aborrega mas, droga divorcios y prostitucion… entraron por los ojos en los 70-80 a traves de la teleprogramacion y se convirtieron en algo normal.

raul
raul
10/01/2018 10:56

aislar al individuo para dominarlo y convertirlo en un esclavo del estado y este a su vez dominado por el nuevo orden

el frances
el frances
10/01/2018 17:47

Suecia es el paradigma del NOM ,donde la PARÁSITOCRACIA PIRÁMIDAL MASÓNICO SATÁNICA reina sobre una sociedad esclavizada ,controlada ,tele dirigida ,explotada ,saqueada ,acosada y aislada bajo el yugo del peor de todos los dictadores ,el estado.

Daniel Iglesias Barrera
Daniel Iglesias Barrera
11/01/2018 5:58
No es mi costumbre practicar el culto a la personalidad; pero tampoco me cuesta reconocer la superioridad moral e intelectual cuando alguien, tan brillantemente como el Padre Custodio, las demuestra en cada uno de sus artículos. Le felicito, Padre; cada vez que escribe un artículo en AD, me lo “bebo” como el que acabara de recorrer cincuenta Kilómetros de desierto sin agua y llegara a un oasis con una cristalina fuente. Sus artículos son un consuelo para este católico (y, supongo, para todos los que lo leen), en estos tiempos de apostasía general del pueblo español otrora “reserva espiritual de… Leer más »
Blázquez
Blázquez
11/01/2018 22:12

Parece ser que a don Custodio lo que le complacería es que la mujer siempre estuviera sujeta a la dependencia de un hombre. Algo más que antiguo es este cura. La independencia económica aporta autonomía.
En cuanto a la “debilidad” de tener descendencia, le recuerdo que hay hombres que también la tienen y recurren a vientres de alquiler.

Iñigo Arista
Iñigo Arista
13/01/2018 14:14

Pobre dogmatico sumiso,creo Sr. Blazquez, que es ud un buen siervo de los enemigos del hombre y de las hombras, un resentido y despistado elemento humano. no reniegue de su heredad humana y social y mande a cascala a los hacedores de reyes e ingenieros sociales, revelese, no haga de falso profeta sus descendientes se lo agradecerán.
Un saludo desde el viejo Reino de Aragón.
Muerte a la globalización y lo que representa.

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