07/12/2017
REDACCION | 4157 lecturas

Rahola versus From

Rahola.

Rahola.

Joan Ferran.- Pilar Rahola se atreve con casi todo. No desprecia nada, lo aprovecha todo como los chacineros de pueblo tras la matanza. En su habitual columna, en Can Godó, siempre hay espacio para la invectiva, la propaganda o la moralina. Tanto es así que, sin dudarlo ni un instante, ha involucrado en el sainete del procés hasta al mismísimo Erich From y su ‘Miedo a la libertad’. Ni que decir tiene que la cosa ha derivado hacia el 155, los presos, las maldades del estado, la desobediencia y tutti quanti. Ella solita es una cuña electoral a la búsqueda del rumbo perdido en el camino hacia Ítaca.

Y es que, amigos, sin la Rahola en el candelero nada sería igual; la paella ampurdanesa tendría otro sabor, los jilgueros olvidarían ‘Paraules d’amor’ y Cadaqués lloraría aburrido bajo luces de neón. Huelga decir que en la Cataluña de hoy el osito de Tous gimotea, la vieja monja reza mientras procesa y el macho ibérico, Bertín, sonríe con malicia desde su casa que es la tuya. ¡País! Ajena a la temperatura ambiente, la infrasquita cita desacomplejada a Erich From… Sin Pilar La Vanguardia perdería clímax escatológico, la tele sería menos caja tonta y las peluqueras descansarían. Sin ella, el lamento triste del bolero patriótico daría paso a un foxtrop en compás de cuatro por cuatro. Sin la pluma flamígera de Pilar el Islam sería una religión a respetar como todas las demás.

Sí, ya lo sé, nadie hubiera imaginado el color de la máscara del rey Arturo, ni las virtudes del nómada Puigdemont, sin los libros de esta gran apologeta del dogma. Sin la voz de la Rahola, el vocablo ‘mierda’ seguiría siendo una palabra soez, y su -¿Usted no sabe quién soy?- como argumento, un error a no imitar. Con todo, dicen que su mejor rol es el de sibila intentando marcar el camino a seguir al secesionismo desorientado. Quizás sí. Sin Pilar, como dice la canción, no son nada. Poco importa su adicción a los colegios suizos, al Club de Polo o el gusto por señores conservadores. Poco importa que la Noria deje de girar, que Cuní esté en el dique seco. A nadie le preocupa su paso del rojo al amarillo. Ella persevera en el uso de twits, es martillo de herejes, luz del exilio y vocera jabalí de la secesión. ¿No será que la vehemencia y el hiper activismo de Pilar afloran la incapacidad de otros para elaborar un nuevo relato? Rahola, como recurso matraquero, sólo satisface a paelleros convencidos mientras arranca sonrisas displicentes entre plumillas fatigados y observadores neutrales. Pero, ya que abrimos página con Erich From, volvamos a él para terminar. Decía el alemán:

“Que millones de personas compartan las mismas formas de patología mental, no implica que estas personas estén cuerdas”.

¡Grande, Erich!

 

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