12/11/2017
REDACCION | 4386 lecturas

Cataluña, las empresas huyen, no confían en un Rajoy melifluo

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Miguel Ángel Belloso*.- Habría que nombrar si fuera el caso ‘español del año’ a José Luis Bonet, presidente de la Cámara de Comercio del país, conspicuo empresario y presidente de Freixenet. Fue el primero que combatió el delirio independentista y auguró la catástrofe a que nos abocaría. Ahora ha decidido, con una coherencia y un voluntarismo heroicos, mantener la sede de su legendaria compañía en Cataluña al considerar que se ha restablecido el orden constitucional y se han disipado los enormes riesgos provocados por la Generalitat insurrecta. Pero esto es mucho decir, ¿no les parece? Todos vimos en directo los sabotajes que se produjeron el pasado miércoles 8 con motivo de la huelga general, y el escaso aprecio al trabajo de los Mossos de Esquadra, a los que ha bendecido su actual y teórico jefe, el estúpido ministro del Interior, asegurando que la desidia y complicidad referida fue “totalmente proporcionada”.

Es un hecho que Bonet sigue honrando como nadie su cargo institucional y prestando otro gran servicio al Gobierno, que reclama sin demasiada fortuna el final del éxodo empresarial. Pero este no se va a producir, y por razones obvias. Las aguas todavía bajan muy turbias en Cataluña. Puigdemont y los rebeldes que le acompañan en Bruselas pugnan por unas elecciones plebiscitarias el próximo 21 de diciembre y la incertidumbre sobre el resultado y el discurrir posterior de los acontecimientos aconsejan a las empresas poner pies en polvorosa. Quienes nos han traído irresponsablemente hasta aquí sostienen la tesis de que si vuelven a ganar en escaños y son capaces de formar gobierno, entonces podrán poner en marcha la república con argumentos reforzados, y Rajoy está haciendo muy poco por desarbolar la argucia. El presidente debería dejar claro que lo que hay convocadas son unas elecciones autonómicas, de las que debe salir el Govern que dirigirá la Generalitat los próximos cuatro años, pero que en ningún caso se consentirá la repetición de los desmanes legales que han provocado la intervención del territorio.

Hay que combatir el carácter plebiscitario de la convocatoria y cortar de raíz el tono enardecido e ilusorio de los fanáticos que lo respaldan. Estos ya sostienen descaradamente que si España no acepta unos eventuales resultados favorables quedará confirmado ante el mundo que no es un país democrático. Por eso conviene aclarar desde el primer momento que si ganan los independentistas tendrán sin duda la oportunidad de esgrimir y plantear sus propósitos dentro del marco constitucional, y de acuerdo con el ordenamiento jurídico vigente, que naturalmente puede ser modificado por los procedimientos legalmente establecidos. Nada menos pero tampoco nada más.

En lo que respecta a las compañías, estas tienen que velar inflexiblemente por su cuenta de resultados, y deben priorizar no sólo la conservación de sus clientes sino procurar el aumento de las ventas y la correspondiente retribución de sus accionistas. No veo motivos para que encuentren el sosiego del que hace gala el señor Bonet y también sugiere Rajoy. Aunque el Gobierno ha tomado cartas en el asunto después de un otoño frenético y temible hasta la intervención providencial del Rey, y tras el acuerdo explícito de los partidos constitucionalistas en parar el golpe, la vida empresarial ultrajada por la política tiene ahora unos intereses muy concretos. Sería una completa irresponsabilidad no protegerse de la próxima e incierta Generalitat y de los riesgos de la legislación catalana que se pueda aprobar en el futuro. Me temo que la actitud ejemplar del señor Bonet será nada disuasoria. Lo peor, sin embargo, es que en el trance electoral, tampoco la del Gobierno lo está siendo.

Después de la aplicación homeopática del artículo 155, el Ejecutivo parece contrariado con las actuaciones judiciales que han conducido a prisión a los ex miembros del Govern presentes en el país y a los Jordis. Parece compartir la tesis moralmente repugnante de que la actuación de la Justicia, por mucho que se respete, es inoportuna e incendiaria. Este sentimiento es realmente peligroso. La mayoría de los españoles, que ha celebrado las decisiones de los tribunales como una proeza y como un resarcimiento merecido después de haber estado sometida durante estos últimos meses a la fatiga, el estrés y el hartazgo provocado por los independentistas, contempla la perplejidad del Gobierno con auténtico estupor. El mismo estupor que les produce la falta de aclaración por parte del presidente sobre el alcance legal de las elecciones convocadas en diciembre, y la ausencia de una afirmación rotunda y definitiva en el sentido de que no hay lugar para la secesión en España.

Este es el clima inestable e incierto que sigue aconsejando que las empresas prosigan su diáspora. El señor Bonet no está en condiciones de pararla -de hecho, él mismo ha reconocido que volverá a reunir al consejo de administración de Freixenet en caso de que los resultados electorales y el comportamiento de los nuevos dirigentes no disipe por completo la inseguridad jurídica y restablezca el orden y la convivencia-, y este gobierno de Rajoy, desagradablemente melifluo -a pesar de la aplicación del 155-, tampoco.

*Fuente: Expansión

 

Comentarios

2 comentarios en "Cataluña, las empresas huyen, no confían en un Rajoy melifluo"

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Marcos
Marcos
13/11/2017 4:13

Como decia el Generalisimo, “Al enemigo, ni agua”.
Boicoteo total a todo lo que tenga que ver con Qatarunya, incluido Freixenet.
Que emigren, que emigren… !!!que sepan lo que es emigrar!!! (como yo y muchisimos millones de espanoles mas).
!!!VIVA ESPANA, VIVA FRANCO, ARRIBA ESPANA!!!

Ramón
Ramón
13/11/2017 12:36

1. Con el maricón del PSC me pasa que no entiendo nada de lo que dice, y es más, creo que él tampoco.
2. Y con este hombre, EL RAJAO, me sucede lo mismo.
¿Será que esta gente en así?

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