11/09/2017
José L. Román | 4261 lecturas

Para las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo yo me las subo

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La rapidez y contundencia en aplicar la ley por parte de las autoridades es algo que cualquier español decente demanda, pero considero mucho más necesaria esa rapidez y contundencia, cuanto más grave y más alarma social entrañe el delito cometido, y, por supuesto, cuanto mayor sea el poder económico que ostente quien infringe la norma. Ahí es donde con toda urgencia debería actuar el gobierno poniendo en marcha todos los mecanismos e instrumentos que le ofrece el Estado de Derecho.

Pero, cuando un gobierno es débil porque se encuentra secuestrado por el poder económico, político y mediático, y tiene que enfrentarse a delitos tan graves como los de “alta traición a la Patria” cometidos por personajes con los que lleva lisonjeando décadas, entonces, ese gobierno se torna cobarde, timorato y acomplejado, y en lugar de servir con urgencia a la sociedad a la que se debe, se amilana y busca la manera más rebuscada e inverosímil para no tener que enfrentarse abiertamente a ese poder económico, político y mediático.

¿Para qué queremos un gobierno y un Parlamento que en lugar de aplicar los mecanismos y utilizar los instrumentos que el Estado de Derecho pone a su disposición en temas tan graves como el “golpe de estado” que está dando el gobierno catalán, se dedica a mandar a la Guardia Civil a registrar imprentas por Cataluña para localizar las papeletas para el referéndum, mientras no mueven un solo dedo cuando a la Benemérita se le prohíbe la entrada en ese parlamento golpista?

¿Por qué el gobierno y el Parlamento de España no actúan con los “golpistas catalanes” con la misma contundencia que lo hicieron con los controladores aéreos, militarizando el servicio?

¿Por qué ese gobierno y ese Parlamento no actúan con los separatistas que gobiernan Cataluña con el mismo apremio y rigor que lo hicieron con el empresario marbellí que optó por permitir fumar en su restaurante, contraviniendo la “ley antitabaco” de Rodríguez Zapatero?

¿Por qué ante los graves delitos cometidos por los partidos antiespañoles sentados en los escaños del parlamento regional de Cataluña, el gobierno de la nación y su Parlamento no actúan tan campanudos como lo hicieron con el general Mena Aguado por unas declaraciones llenas de significado y refiriéndose a lo que hoy sucede en Cataluña?

No señor Rajoy, ese no es el gobierno ni el Parlamento que queremos los españoles decentes. Nosotros no estamos dispuestos a seguir pagando sueldos de SEIS MIL EUROS mensuales a 350 parásitos, para que engorden sus traseros en cómodos sillones en un salón climatizado, no. Queremos un Parlamento y un gobierno que se enfrente, con la fuerza moral íntegra, al delincuente peligroso y escurridizo que atenta contra la unidad de la nación. No podemos ni debemos tolerar ni un día más, que ustedes, diputados, senadores, jueces y fiscales, que están cobrando sus haberes de un Tesoro que se alimenta de una sociedad cada vez más empobrecida, en lugar de enfrentarse al delincuente poderoso que desobedece y se cisca en la Constitución, se dediquen a machacar con todo la fuerza y el rigor de la ley al más humilde e indefenso de los contribuyentes.

Llevamos cuarenta años con gobiernos y Parlamentos cuyos componentes solo se ponen de acuerdo para subirse los sueldos y no perder prebendas ni privilegios, pero nunca para meter a los nacionalismos separatistas en cintura, ni para condenar a cadena perpetua a criminales y terroristas asesinos. Gobiernos y Parlamentos débiles y acomplejados, con aquellos que nunca se sintieron ni sienten españoles, pero campanudos y soberbios con los que han reivindicado por razones más que evidentes, la estafa y el grave problema de las autonomías.

Por eso les digo, señores del gobierno y del Parlamento, para las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo yo me las subo.

 

Comentarios

1 comentario en "Para las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo yo me las subo"

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G. García
G. García
12/09/2017 13:44

Las sentencias del refranero español son inapelables. Lo ha dejado usted meridianamente claro

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