17/07/2017
Jesús Calvo | 4113 lecturas

¿Oposición… o colaboración?

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El espectáculo politiquero al que estamos asistiendo, nos aburre en tantas tertulias y declaraciones partidistas en esta sopa de siglas y de protagonismos vacuos que parecen servir para alimentar periódicos y multiplicar telediarios con lo mismo de siempre, insulso e intrascendente. Si la finalidad del sistema administrativo de Estado llamado política, busca el bien común, la justicia y el orden público conducente al bienestar social y el progreso integral de una Patria, es una doble función necesaria, obligada y providencial, no se explica la multiplicación de partidos políticos, autonomías prepotentes con tintes independentistas e insolidarias, y las pugnas entre dirigentes que llegan al insulto cuando no a la difamación del adversario.

De entrada, que haya un partido político que se llame oposición, ya es una confesión de lucha interna, de confabulación con la desunión y la avaricia del poder, que no por la autoridad.

Si dicen que en democracia, para ser tal, tiene que haber un partido divergente contra posibles abusos del poder legítimo ganado en las urnas, sobra con uno que tenga por misión vigilar, controlar, objetar y denunciar posibles germenes de injusticias o tendencias desajustadas de lo conveniente al bien común. En ese caso, el concepto de oposición es totalmente impropio pues en vez de prestarse al ajuste y al consejo aportando datos o ideas constructivas y oportunas, lo que busca es la lucha sorda contra el Gobierno y el afán de derrocar para ocupar el puesto de poder como único cometido de sus intrigas,

Según esto, ¿cuál sería el concepto estricto de ese tal vigilante-partido? El de colaboración, no el de oposición ya por principio. Y por ello, la búsqueda de ese fin benéfico, justo y pacífico para servicio de todos, inspirado en el amor a Dios, a la Patria y a la Justicia. Colaborar es buscar el bien común sin interferencias obstaculizadoras cargadas de enemistad partidista cuando no de odio. Es aportar a la misma causa el progreso moral, material y cultural-histórico; no la tergiversación de todos esos elementos esenciales y prioritarios.

Colaboración en vez de oposición, investigación técnica sobre lo urgente o lo inmediato, en vez de obstaculización; nobleza servicial en vez de indiferencia a los problemas reales de la ciudadanía, amor a la autoridad en lugar de protagonismos por el poder; servicio sacrificado en lugar de negocio de título de partido como forma de salida de colocación laboral.

Franco hizo lo increíble con aquellos pocos medios económicos de una nación arruinada, con pocos asesores y sin plan Marshall. Ejemplo de amor a la Patria, católico insobornable y el preferido por Pío XII de entre todos los estadistas cristianos. En 1975 había 700.000 funcionarios en España. En esta democracia hay tres millones y un único principio: “quítate tu para ponerme yo”.

Como dice el genial proverbio africano: “cuando los elefantes se pelean, la hierba es la que sufre”.

 

Comentarios

1 comentario en "¿Oposición… o colaboración?"

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Unomás
Unomás
18/07/2017 9:44

Es que la “democracia” es un instrumento maquiavélico para dividir las sociedades (las patrias, las naciones…) y de esta forma anularlas y neutralizarlas oponiendo a una parte contra otra. Una sociedad unida es potente y no puede ser sojuzgada, una sociedad dividida es inpotente y queda a merced de los oligarcas de turno.
Muy bien artículo que vuelve a poner en evidencia la inmundicia de este sistema.

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