16/07/2017
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¿Quién se preocupa de nuestros agricultores?

Huerta de Valencia.

Huerta de Valencia.

Por José L. Román.- Mientras muchos venimos preocupándonos desde hace años por el futuro de nuestro sector agrícola y ganadero, “tiburones” de la especulación tanteaban a nuestros agricultores para comprarles sus tierras y construir en ellas monstruosas urbanizaciones. Ese agricultor ninguneado, desconsiderado, harto de ser el hazmerreír de un pueblo, indefenso ante los abusos que con él se han cometido y se cometen, y resignado ante la negativa de sus hijos para seguir aguantando y mantener viva la huerta de sus ancestros, ven en aquellos especuladores la posibilidad de recoger de una sola vez más dinero, que toda una vida trabajando.

Si esta devastación no se frena, algo que considero difícil. Si España, que ya fue despojada por la fuerza en la década de 1980 de su industria pesada, pesquera y naval, resulta que en cuestión de unos años puede pasar totalmente a estar a merced de las importaciones agrícolas, entonces, no solo habrán alcanzado en Bruselas el sueño de convertirnos definitivamente en un país de camareros, sino que nosotros mismos como ciudadanos españoles, nos habremos convertido en cómplices por inanición, de la puesta en marcha de una piqueta demoledora y diabólica para cargarse lo poco que queda del sector primario español.

He de confesar que como consumidor, pero sobre todo como español, me produce urticaria ir a una gran superficie y observar por ejemplo una oferta de patatas a 1,25 €/kg, cuando esa patata se la han pagado al agricultor a 0,12 €/kg. Díganme, ¿cómo es posible que un producto que no se manipula, que como mucho se lava y se envasa en red o plástico agujereado, multiplique su coste de manera tan abusiva desde el campo al hipermercado?

Pongo el ejemplo de la patata, como podría haberlo hecho con cualquier otro producto que apenas requiere manipulación. Lo que quiero decir es, que hemos perdido nuestra dignidad como pueblo. Acatamos unos postulados impuestos por las élites mundialistas para preocupamos por los derechos de las cucarachas o por una hierba en peligro de extinción, y nos olvidamos de la peligrosa situación en que se encuentra nuestro sector primario, y del negro futuro de nuestros agricultores y ganaderos. Nos olvidamos de que con su trabajo “nos dan de comer”, y de que sin ellos, más pronto que tarde sufriríamos una hambruna de tal magnitud, que en pocos meses se nos llevaría a todos empezando por los más pobres.

Nos olvidamos de que el trabajo de estas personas, aparte de ser un trabajo muy duro sólo está sirviendo para enriquecer a unos pocos, cuya única misión es colocarse entre el campo y el hipermercado sin arriesgar absolutamente nada. Me entristece ver una huerta con campos de cebollas abandonadas sin recoger, porque al agricultor se las pagan a menos de 0,05 €/kg., mientras en el hipermercado las encontramos a 0,65 o 1 €/kg. Me enerva contemplar como grandes extensiones de huerta con toda la cosecha de melones sin recolectar, son triturados por el propio agricultor como un acto de rebeldía haciendo valer su dignidad, antes que regalar a las sanguijuelas de turno el fruto de su trabajo.

Debo confesar que no soy experto en la materia, pero conozco a los huertanos; pequeños agricultores que se dejan la vida bajo el sol trabajando la tierra y a merced de la meteorlogía. Durante muchos años vengo hablando con ellos y sus familias y escucho sus lamentos de rabia y dolor. He asistido a sus movilizaciones en las calles contra las injusticias, viendo cómo eran disueltos por la Policía por orden del político de turno que mandaba cargar, mientras se fumaba un puro en un despacho con aire acondicionado. Después de mucho tiempo he llegado a la conclusión de que nadie, absolutamente nadie de los que a través de un partido político logran amorrarse en la ubre del Tesoro nacional, ha estado ni está dispuesto a enfrentarse y acometer el problema, metiendo en cintura a los que se aprovechan de estas gentes humildes enriqueciéndose a su costa.

Puedo llegar a entender que un tipo de hortaliza, la que sea, de un año para otro varíe sus precios en función de la cosecha o calidad en la nueva temporada, pero, lo que me saca de mis casillas es ver como esa hortaliza que en una misma campaña se publicitaba a 0,30 €/kg., en apenas unos días pueda desplomarse a 0,12 €/kg. ¿Qué ha pasado? Pues sencillamente, que hay suficiente poder como para manipular los mercados y meter miedo a los agricultores para que vendan casi a cualquier precio, quedando supeditados al interés y la codicia que prevalece en la propia ley de la oferta y la demanda. Así opera la Europa de la globalización, señoras y señores. Para Bruselas, para todos los parásitos que se sientan en los escaños de Estrasburgo manejando 500.000 euros anuales, todo vale, aunque sea inmoral y nada ético.

No caigamos en el infantilismo de creer que es la tienda de barrio la que infla los precios sobre los productos del campo. El pequeño comercio no tiene capacidad, fuerza ni poder económico suficientes, para obtener los precios de una gran superficie. La pregunta entonces debería ser la siguiente, ¿cuál es el margen del mayorista? ¿A qué precios compran las grandes cadenas de distribución? ¿Son los que tienen la capacidad de manipular el mercado, almacenar producto y sacarlo cuando quieren, los que se llevan los mayores beneficios?

En mi modesta opinión la clave está en los intermediarios, que son los que precisamente no han visto la huerta ni en pintura, y a los que sólo les preocupa obtener beneficios para sus empresas y para sí mismos. Les importa una higa el origen del producto; se trata de controlar cuando se recogen las patatas en Murcia, Andalucía o La Mancha; si los franceses lo hacen antes o después, y de cómo andan las reservas en las cámaras para apretar los precios y sangrar al agricultor más débil. Y mientras, ¿qué hacen nuestras autoridades de las distintas administraciones públicas? Pues nada, legislar cada una por su cuenta para acabar enfrentándose entre ellas, y hasta las próximas elecciones.

Demasiados apesebrados chupando de una ubre pública cada vez más escuálida. Levanten el trasero de sus sillones y salgan de los despachos. Comprueben el calor y el frío que se sufre trabajando en el campo.  Sean testigos de los graves problemas que sufren los agricultores y ganaderos de este país, aparte de los anteriormente expuestos. Entérense de los robos de ganado y de cosechas que sufre el sector a cualquier hora del día; los atracos que sufren los agricultores en los caminos rurales; los asaltos a sus casas de campo donde residen con sus familias, perpetrados en su mayoría por violentas bandas de criminales venidas de países del Este de Europa, que tras atarles y golpearles los expolian con total impunidad.

Cuando un pueblo como España, cuenta con cientos de miles de hectáreas de suelo agrícola y no protege ni cuida esta riqueza natural heredada de sus mayores que entregaron su vida por regar cada surco, y deja a sus agricultores a merced de la especulación del suelo por parte del capitalismo financiero que ferozmente cambia la siembra por el hormigón, entonces, insisto, ese pueblo preocupado únicamente por el consumismo impuesto, por la moda y el confort, está siendo llamado y condenado a la hambruna.

 

Comentarios

7 comentarios en "¿Quién se preocupa de nuestros agricultores?"

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Perosinruido
Perosinruido
16/07/2017 17:59
Conozco el campo y lo he trabajado… Es ruina y a mi familia la dejo en banca rota en producciones de tomates, pimiento y patatas… Sencillamente nos obligo a buscar un trabajo que no dependiera del campo… He asistido a las subasta manipuladas, a manifestaciones en las que recibimos palos de los antidisturbios y por ultimo dejar toneladas de frutos sin recolectar para que cuatro sin escrúpulos se diesen la vida feliz de la riqueza a nuestra costa. Tras más de 30 años sigo viendo el problema sin solución. Si bien muchos se pasaron a cultivos tropicales que si han… Leer más »
Amparo Moliner
Amparo Moliner
16/07/2017 20:23

Gracias, muchas gracias por este extraordinario artículo. Todo lo expuesto me lleva a momentos vividos por nuestra familia, muy difíciles de superar. Que Dios les bendiga.
¡POLITICOS FARSANTES Y TRAIDORES!

G. García
G. García
17/07/2017 13:34

Gracias por este artículo.

Marco
Marco
20/07/2017 11:05
El que en este país nos preocupemos de la extinción de cualquier sector económico me parece de ciencia ficción cuando tan siquiera nos preocupamos por la supervivencia de nuestra propia especie, la humana; en cualquier otra especie animal el instinto que prevalece sobre cualquier otro es el de la supervivencia de la propia especie. El español y en general toda la especie humana de occidente, al perder el sentido de su trascendencia, se ha pasado en bloque al “carpe diem” y el que venga detrás que arreé; que otro sentido tiene si no la financiación de los estados en base… Leer más »
español medio
español medio
19/07/2017 22:15
Los están machacando , pagándoles sus productos con precios de hace cuarenta años- lease cereales, vino, tomates, zanahorias, patatas, sandías… Clavándoles a impuestos en compraventas, sangrándoles en IBI, donde les cobran hasta las chozas y refugios, permitiendo que les roben de todo y a todas horas, echados de las carreteras a los caminos por las autovías, negándoles el gasto superior por hospedaje en estudios de sus hijos en las grandes ciudades, jubilándolos por ochocientos euros al matrimonio, o sea cuatrocientos euros por cabeza, menos de lo que dan a los que no han cotizado, cerrándoles colegios y transportes, peor sanidad… Leer más »
Tiger
Tiger
17/07/2017 14:37

Precisamente la inmigración mantiene vivas las zonas rurales.
Son los marroquíes, rumanos y ecuatorianos los que se dedican a la ganadería y la agricultura porque los españoles prefieren mandar a sus hijos a estudiar, en lugar de estar todo el día en el campo.
Los gustará o no, pero es así.

Alvaro
Alvaro
21/07/2017 0:20

No se equivoque. El trabajo en el campo hoy en día es muy atractivo y no es tan duro como lo era antes. Piense que lo que en el siglo XX podaba un podador en una jornada hoy día puede hacerlo usted en dos horas con las nuevas herramientas eléctricas. Que una campaña de recogida de almendra u otros frutos secos que significaba un mes de trabajo duro para varias personas hoy lo hacen las máquinas en dos días. Lo mismo sucede en la vendimia. El trabajo en el campo solo necesita ser rentable para darte una vida muy hermosa.

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