16/07/2017
REDACCION | 4294 lecturas

Otra visión de España: del Rey que se creía una rana al vacilón que lideraba la derecha republicana

C. Cervera.- Los autores de «Historia absurda de España, de Granada 92 a Barcelona 92» (La Esfera de los Libros) presumen de que reírse y aprender historia no está reñido. También el historiador Herodoto entendía que el estudio de los hechos pasados debían ser un objeto de disfrute y entretenimiento, y no la voluminosa materia que, por empeño de los historiadores del siglo XIX, ha terminado convirtiéndose en muchas ocasiones. ¿Qué queda sino reír (llorar si acaso) cuando te dicen que el austero Felipe II era un obsesivo coleccionista de pintura erótica? ¿O si te cuentan que el pueblo de Madrid se sublevó no por falta de trabajo o subidas de impuestos, sino por una ley que restringía el uso de capas y sombreros en el siglo XIX? ¿Y qué decir de un rey que se creía una rana? También la historia puede ser muy absurda…

Retomando la buena tradición de autores españoles que han encapsulado en desternillantes anécdotas las historia de España, los autores del blog «Ad Absurdum» publican un libro de divulgación histórica en clave de humor que recorre los 500 años entre el origen simbólico de España como entidad política –la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos– hasta 1992, año en la que dos eventos internacionales organizados por España dieron muestra de «la normalidad democrática» del país. Y es que la normalidad ha sido una excepción demasiado rara en España como para pasar inadvertida.

David Omar Sáez Giménez, Juan Jesús Botí Hernández e Isaac Alcántara Bernabé, los tres graduados en Historia, firman este viaje a través de lo anormal y lo insólito en un libro que incluye viñetas de José David Morales, tales como Felipe IV vestido de torero, Napoleón cabalgando una locomotora o Felipe González en un podium mano, puño en alto al más puro estilo de Tommie Smith en los Juegos Olímpicos de 1968.

La obra es más que recomendable y para muestra un botón. Sin más dilación, he aquí unas cuantas anécdotas que demuestran que incluso en los 500 años de lágrimas, guerras civiles e inestabilidad en la historia de España hay, también, sitio para unas cuantas carcajadas:

El Rey lepero de Inglaterra

Relatan los responsables del blog «Ad Absurdum» que un humilde marinero de Lepe, un lepero, conoció por caprichos del destino al Rey Enrique VII de Inglaterra y le cayó en gracia. El monarca lo convirtió en uno de sus confidentes, con el que comía, jugaba a las cartas y demás pasatiempos. Según la leyenda, el Rey subió un día la apuesta en sus habituales partidas de cartas hasta jugarse la corona de Inglaterra. Lo cómico es que el lepero ganó la mano y, cumpliendo su palabra, Enrique VII le coronó como «the little king of England» durante todo un día. En 1509, el humilde lepero regresó a España revestido de toda clase de lujos.

Zelanda sigue en guerra con España

Un dato curioso recogido en el libro es que el acuerdo que Holanda firmó en 1648 con un Imperio español totalmente colapsado no afectó a la provincia de Zelanda, quien se negó a ceder una paz por considerarla «una unión con el anticristo». De tal manera, el conflicto siguió oficialmente en curso hasta que en 1993 el gobernador de Zelanda mostró su «intención de reanudar las negociaciones de paz ahora que las tensiones pertenecen al pasado». El embajador español en la Haya fue invitado a un recorrido amistoso por esta tierra, si bien nunca se concentraron las fechas y, oficialmente, Zelanda sigue en guerra con España.

La primera boda gay de España

Ilustración de Carlos V representado como un pistolero enfrentado a Francia y el Imperio Otomano por dentrás y por delante

Ilustración de Carlos V representado como un pistolero enfrentado a Francia y el Imperio Otomano por dentrás y por delante

Entre las anécdotas más divertidas del libro está «la primera boda gay de la historia de España» acontecida a finales del siglo XVI. En concreto se trata de la unión entre el archiduque Alberto y la infanta Isabel Clara Eugenia celebrada en Roma por poderes, que a su vez coincidió con la de Margarita y Felipe III. El nuevo rey fue representado en su propia boda por el archiduque Alberto, que a su vez se represento a sí mismo en la suya con Isabel Clara Eugenia, hija favorita de Felipe II. La raíz del problema estuvo en que el Archiduque tuvo que casarse con el Duque de Sessa, que representaba en este caso a la ausente Isabel Clara. La imagen de dos hombres haciendo todo el ritual debió resultar chocante en la época.

Nos ha salido rana

Felipe V, el primer Borbón en España, sufrió a lo largo de su vida distintas fases de un trastorno bipolar, lo cual sirve a los autores de «Historia absurda de España» para presentar un retrato de las extravagancias del Monarca. «En ocasiones se mordía, chillaba y cantaba por las noches como un condenado por su obsesión de que lo querían envenenar a través de la ropa […]. También tenía rachas en las que se creía ser una rana, y como tal se comportaba haciendo uso de los estanques de palacio para sus anfibios menesteres». Este perfil de Felipe V, no en vano, viene acompañado de una genial ilustración del artista José David Morales con una rana caracterizada de monarca o, quien sabe, un monarca caracterizado de rana: «Al parecer, el primer Borbón salió un poco rana».

Las borracheras del martillo de liberales

Otro de los personajes a los que «Historia absurda de España» reserva un hueco especial es al conde de España, un «desequilibrado» que Fernando VII designó para gobernar Cataluña. Este personaje intensificó la persecución de rebeldes apostólicos y de liberales durante su mandato, acompañando esta actividad represiva de excentricidades varias. Bailaba en público mientras ajusticiaba en las plazas a los enemigos de Fernando y numerosas veces se le vio ebrio. El Monarca se justificó, según una versión probablemente novelada: «Ello (el conde) será un loco, pero para estas cosas no hay otro igual».

Gil Robles y sus calzoncillos

Cuentan los autores del libro que durante una sesión en el Congreso, ya con la Segunda República tambaleando, un diputado recriminó a Gil Robles, líder de la CEDA, que usase calzoncillos de seda, a lo que el político respondió así: «No sabía que la esposa de Su Señoría fuera tan indiscreta».

 

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