10/03/2017
REDACCION | 4059 lecturas

Cartas desde Colombia: terrorismo verde

Carlos Arturo Calderón Muñoz.- En la exótica Tanzania a finales de los años 60 una tribu empezaba a fracturarse. Los miembros más jóvenes mostraban sus diferencias y se separaban los unos de los otros, en 1970 murió el patriarca de la tribu y para el 71 se consolidó la separación. En el norte se estableció el clan Kasakela y en el sur el clan Kahama; el 7 de enero de 1974 el joven Godi del clan Kahama fue cercado por los guerreros Kasakela. El líder de estos sostuvo sus extremidades para que los demás le golpearan brutalmente, acabaron con su vida aplastándole la cabeza con una roca.

Eso dio inicio a un conflicto que terminó con el exterminio del clan Kahama. El escenario fue dantesco, los Kasakela arrancaron la piel de los muslos de uno de sus rivales, bebieron la sangre de una de sus víctimas mientras agonizaba, los más jóvenes mataron a los viejos del Kahama, esos a los que admiraban cuando eran niños. En algunos casos se llenaron la boca con la carne de sus enemigos caídos. Al final, en 1978, todos los machos Kahama fueron asesinados, sus compañeras fueron muertas, desaparecidas o secuestradas. Algo que tenían en común Godi y todos los demás es que ninguno sabía hablar, ni siquiera eran humanos, los protagonistas de esta historia eran chimpancés que habitaban el parque nacional Gombe.

Desde hace décadas se viene implantando en la cultura popular la idea de que los humanos somos la peste absoluta de este mundo. Sólo existimos para causarle sufrimiento a las criaturas y esta hermosa esfera azul sería un remanso de armonía absoluta sin nuestra presencia. Aquel que esté convencido de esas afirmaciones claramente nunca ha estado en la intemperie de la naturaleza, todos los que han vivido fuera de la burbuja de la “civilización” son conscientes que el equilibrio se basa en la fuerza. El comportamiento salvaje de los chimpancés de Gombe, qué le provocó trastornos psicológicos a la súper científica Jane Goodall, no es excepcional, es la norma.

Las hormigas tienen guerras organizadas en las que suelen someter a genocidio a las vencidas, en otros casos esclavizan a las derrotadas. Las hembras de algunas variedades de arañas y mantis matan y devoran al macho después del acto reproductivo (hablando de violencia de género); hay tiburones que se comen a sus hermanos dentro del vientre materno para así tener más probabilidades de supervivencia al nacer. Los organismos unicelulares se fagocitan sin piedad e incluso ahora sabemos que las galaxias se devoran las unas a las otras, cuando el centro de gravedad de alguna de ellas atrae el gas de la víctima.

Pero no sólo se critica nuestro lado “oscuro”, nobles actividades como la agricultura, la ganadería y la construcción son mostradas como factores generadores de desequilibrio en los ecosistemas. Nos quieren hacer creer que el desarrollo de nuestros espacios vitales, por el sólo hecho de existir, es nocivo. Nuevamente, no somos los únicos con estas costumbres.

El pez damisela cultiva sus propias algas. los pájaros alteran el medio para hacer sus nidos, los castores derriban árboles y alteran el curso de cuerpos de agua para construir sus represas, el cangrejo yeti cría las bacterias con las que se alimenta, las hormigas lasius niger cultivan plantas para alimentar áfidos de los cuales ordeñan ligamasa. Hace poco se descubrió que las hormigas melissotarsus crían insectos para comer su carne. Tomando en cuenta que la agricultura humana tiene unos pocos miles de años y la de las hormigas alrededor de 50 millones, podemos decir que no somos tan únicos y nuestros comportamientos hacen parte del espectro de las distintas tácticas adoptadas en la lucha por la supervivencia. Nosotros por su puesto, hemos llevado estos conocimientos a un nivel más alto de desarrollo, pero no somos los únicos en usarlos.
Si todas estas actividades son comunes ¿Por qué nos quieren hacer sentir culpables por el solo hecho de respirar? por la misma razón que los Kasakela exterminaron a los Kahama. Un grupo asegura su posición de superioridad sobre otro. En un ataque de originalidad burocrática, la ONU publicó en 2005 su informe denominado “Evaluación de los Ecosistemas del Milenio” que pretendía determinar el impacto de la actividad económica humana en la tierra, la palabra clave es “económica”. Este estudio popularizó el mantra verde de los servicios ambientales y de este derivaron los pagos por servicios ambientales (Payments for Ecosystem Services). En esta perspectiva economicista de la vida, se divide a la naturaleza en 24 categorías de servicios explotables por el hombre. Desde los genes de las especies hasta el comportamiento del clima son en realidad, según este reporte, actividades económicas que deben ser reguladas e integradas al mercado.

La economía verde propuesta por el programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Banco Mundial, sugiere que la mejor forma de proteger el ambiente y promover el desarrollo sostenible es incorporando la naturaleza al producto interno bruto de las naciones. Al hacer de la tierra un artículo más se han creado mercados especulativos, regulaciones y operaciones comerciales que transfieren el control de la vida a una élite financiera, bajo la excusa de que somos muy estúpidos para manejar nuestras vidas y necesitamos de un grupo de sabios expertos que nos digan cómo vivir.

Las grandes megacorporaciones compran bonos de carbono en el mercado especulativo, esto les da permiso de seguir emitiendo todos los contaminantes que gusten; dicho de otra forma, pagan para tener el derecho de contaminar. Al mismo tiempo ONGS ligadas hasta el ADN con estos grupos económicos, utilizan recursos público-privados para impedir que pequeños campesinos e indígenas en todo el mundo desarrollen sus explotaciones de supervivencia. Les han dicho a los campesinos de Kenia que sus prácticas agrícolas son nocivas para el ambiente y que a cambio de abandonar sus oficios se les pagará para que reforesten los suelos. Sin embargo, les dan algo así como 15 centavos de dólar por acre protegido.

En Mozambique están reforestando lo que dañaron los ignorantes campesinos con palma africana, un monocultivo para producir biocombustibles es lo que según la ONU va a mantener la biodiversidad. En Chiapas las etnias tzeltal y tzotzil están siendo sacadas de sus selvas tradicionales para aumentar el tamaño de los centros urbanos. El patrón es el mismo, quitarle a las masas el acceso a los recursos naturales y darles una pequeña compensación económica que nunca les permita salir de la miseria.

El primer mundo, que ya es rico, tiene que ser sometido para reducirlo a la misma pobreza. Progresivamente les han vendido la idea de que su riqueza es fruto de la explotación a los pueblos y recursos naturales del tercer mundo. Con el sentimiento de culpa instalado se generan leyes que invaden las libertades individuales para que cada vez tengan menor acceso al desarrollo.

En 2014 la Unión Europea prohibió la venta de aspiradoras que usarán más de 1600 watts, desde 2017 esa cifra se reduce a 900 watts. En España hay que pagar un impuesto por usar el sol, en Norteamérica se han instalado medidores inteligentes en las casas e incluso se habla de poner cajas negras en los carros ¿el objetivo? multar a los que usen “muchos” recursos, pero peor aún, desconectarles los servicios o apagar sus vehículos desde una central computarizada si superan su límite de consumo permitido.

Este sentimiento de culpa es vendido por mega ricos como Al Gore, quienes poseen gigantescas mansiones y viajan más veces en jets privados que lo que un ciudadano promedio en autobús. Aparentemente sus emisiones de carbono son diferentes a las nuestras y no afectan el planeta. Su retórica busca radicalizar a la especie en el odio a sí misma, como fue el caso del ecoterrorista James Jay Lee, quien en 2010 secuestró varios miembros del Discovery Channel para forzar a que la gente detuviera el cambio climático. El desequilibrado dijo que había despertado gracias a la película documental de Al Gore “Una Verdad Incómoda” y afirmó que la humanidad tenía que dejar de reproducirse para así salvar al planeta. Lo crean o no hay movimientos que abogan por la extinción voluntaria de la humanidad, como es el caso de la VHEMT.

Han apelado de forma tan eficiente a nuestro miedo y vanidad que nos creemos una amenaza para el mundo. Estamos convencidos de que somos invencibles. Para ponerlos en perspectiva, la tierra ha estado aquí por 4600 millones de años, ha sido una completa bola de fuego y una completa bola de hielo, si alteramos la temperatura unos grados podemos arruinar nuestro estilo de vida pero el planeta se queda aquí. Cuando a una enfermedad le da por jugar a la genocida hace ver a Mao como un mero aprendiz. A la fiebre española se le atribuyen 50 millones de muertes, a la peste negra 75 millones, al sarampión 200 millones y a la viruela 300 millones de muertos. Una insignificante tormenta solar podría freír todos nuestros aparatos electrónicos y mandarnos de vuelta a la edad de piedra. Pregúntenle a las víctimas del tsunami de 2004 o a los víctimas de la avalancha de Armero en el 85, si realmente se sienten omnipotentes frente al todo del que hacen parte.

El ambientalismo lleva mucho tiempo siendo usado como un arma para apoderarse de los recursos naturales. Para arrebatárselos a las naciones y entregárselos a la élite globalista. El caso más evidente en mi realidad Sudamericana es el perpetrado contra los brasileros. Al Gore, representante de la compañía petrolera OXY (¿Dónde quedó lo de las emisiones de carbono?), Henry Kissinger, escudero de los Rockefeller. el ex presidente francés Mitterrand y el tatuado natural de Mijail Gorbachov han presionado por años para que Brasil renuncie al amazonas y otorgue los derechos sobre el territorio a la comunidad internacional. Entendiendo por comunidad internacional a sus amos financistas que ven en los incontables recursos mineros del territorio el combustible para asegurarse la supremacía en la era de las máquinas.

Todo el terrorismo legislativo y político contra el estado brasilero se ha justificado con la máscara de que el Amazonas es el pulmón del mundo ¡No lo es! Los océanos producen más de la mitad del oxígeno del planeta, los océanos son los verdaderos pulmones del mundo. El interés por el amazonas no tiene nada que ver con proteger sus ecosistemas, es necesario generar caos en los países que tienen parte de su territorio, 9 en total, con la amenaza del fin del mundo para así quedarse con los recursos mineros que ahí existen.

Hacemos parte de un todo, nuestras acciones tienen efectos directos en el ambiente pero no somos el mal hecho carne cómo nos quieren hacer creer. Tenemos comportamientos que son comunes en otras especies, pero también somos grandiosos en muchos campos. Si un meteorito se pone de salsa y nos quieres exterminar como a los dinosaurios, lo podemos detectar y destruir. La misma energía atómica de la que se quejan los hippies llorones puede ser usada en forma de bombas termonucleares para crear atmósferas en planetas desiertos.

¡Somos la humanidad! Con nuestras cualidades y defectos somos la punta de lanza de la evolución biológica en este planeta y sería un pecado imperdonable renunciar a nuestro potencial por miedo, por dejar que nos hagan sentir culpables por vivir. Nuestro destino son las estrellas, colonizaremos nuevos mundos, llevaremos vida a donde no la haya y descubriremos los secretos de las formas de energía más esquivas. No somos demonios, no somos dioses. Somos hombres, mujeres, somos vida.

*Desde San Bonifacio de Ibagué, Colombia

 

Comentarios

5 comentarios en "Cartas desde Colombia: terrorismo verde"

Notifícame de
avatar

Ordenar por:   el más nuevo | el más antiguo | el más votado
Rafa
Rafa
11/03/2017 1:03

Me encanta el autor de Cartas desde colombia. Felicitaciones
Siempre pone nombres y apellidos sobre la judería internacional implicada en cada asunto del planeta.

Tiene absolutamente toda la razón.
Al Gore es un monstruo del cambio climático. Seguro que tiene algo que ver con las 12 tribus.

H2SO4
H2SO4
11/03/2017 1:13

la misma elite con sus falacias pretenden adueñarse del mundo,destruir ecosistemas,agotar recursos naturales y minerales y sobretodo esclavizar a la humanidad, usando las ongs como fachada.

Requiario
Requiario
10/03/2017 17:28

Muy buen artículo. Quieren arrebatarnos todo, religión, bienes, libertad, amor por nuestra especie, raza, etc…. Nos quieren dejar en la miseria económica y moral. Y es por simple maldad, en este mundo hay recursos suficientes para que todos viéramos bien, pero esas elites prefieren ser nuestros supuestos dioses y que les debamos hasta las gracias por vivir.

Gregorix
Gregorix
10/03/2017 17:00

Poner a la globalidad por encima del hogar; de la tierra que nos da de comer y que sustenta nuestra identidad y nuestra cultura. La tierra que ha hecho que seamos como somos. Lo siento pero no lo compro; para mi, España no es solo el pueblo español sino también la tierra que lo alimenta.

Blindaje Antiguarro
Blindaje Antiguarro
10/03/2017 16:31

La peste del mundo es la peste roja, el guarro izquierdoso.

wpDiscuz

Comentarios recientes