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Nadal reconquista Roma tras ganar a Djokovic y recupera el número 2 del mundo

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Rafael Nadal se proclamó por sexta vez campeón del torneo de Roma después de doblegar en la final a Novak Djokovic en dos mangas. Se trata del título número 49 del balear, que recupera el número dos del ranking y el récord de Masters 1.000 conquistados (21).

Rafa Nadal se fue de Madrid disgustado al ver frenada una racha que le habían llevado a ganar Montecarlo y Barcelona de manera consecutiva, ambos sobre su superficie preferida, un tapete de tierra batida. El balear llegó a Roma como número tres del ranking y con la necesidad de ganar el torneo para llegar como segundo cabeza de serie a Roland Garros. Lo consiguió. Después de ir entonando su maquinaria a medida que se consumía el torneo, Rafa pudo reinar por sexta vez en el Foro Itálico romano tras vencer en la final a Novak Djokovic por un marcador global de 7-5 y 6-3 tras dos horas y veinte minutos de juego en un choque disputado en la Pista Central. Una final que se disputó el lunes por culpa de la lluvia y una victoria que dará un plus de confianza a Nadal para el duro tramo de temporada que viene por delante.

De los 31 precedentes entre Nadal y Djokovic, dos fueron finales disputadas en el US Open -las dos últimas ediciones-. En esta ocasión consiguieron no saltar al tapete con la mente puesta en el cielo y sí en el juego. Se notó con el gran nivel que exhibieron en el inicio, con una intensidad y calidad en los intercambios sólo al alcance de dos elegidos como ellos. Así se tantearon, buscando el desgaste en el rival tanto física como mentalmente. Fue Nadal, haciendo maravillas con su derecha, quien logró firmar el primer break del partido en el quinto juego, una situación que, sin embargo, no le vino bien al balear. Pasó de jugar al ataque a hacerlo defensivamente, de meterse en pista a golpear dos pasos por detrás de la línea de fondo. De ahí la explicación de la reacción de Djokovic, que hizo un contrabreak y tomó las riendas del partido.

El balcánico se puso con 5-4 y 30-30 cuando el juez de silla cantó mala una bola que había dado claramente en la línea de dobles y mandó repetir el punto. El cabreo de Nole fue monumental y, sin querer, se desenchufó del partido. Aumentó su nómina de errores no forzados (19), situación que Rafa aprovechó para lograr una nueva ruptura y mandar el primer acto a su casillero. Agresividad y concentración fue un cóctel que Rafa paladeó con gusto mientras Djokovic destrozaba su raqueta tras estrellarla contra la cinta. Un gesto que recordó al jugador irregular que fue en el pasado.

A pesar de la predicción de lluvia, los únicos chubascos pasaban por la cabeza de Djokovic, que dejó muestras de estar cada vez más tocado. Rafa pisó de nuevo el acelerador en el inicio del segundo acto y firmó un break en el juego inicial que le permitió desplegar su mejor tenis, ya sin complejos. Le costó, como viene siendo costumbre, ratificar la ruptura, pero una vez que lo consiguió -en el juego más largo del partido, con nueve minutos de duración- dominó a su merced a su rival. Con una derecha martilleante en tierra batida, con una perfecta transición defensa ataque y con un oponente que hacía aguas en su intento de remontar el vuelo, Rafa administró perfectamente la renta en el luminoso. No cambió el gesto, sabedor de la importancia de no dar un sólo respiro al peligrosísimo jugador que tenía enfrente. Tanta fue la presión que puso en el otro lado de la pista que provocó que el partido se finiquitara con una doble falta de Djokovic.

El de Roma es el tercer título de Nadal en lo que llevamos consumido de temporada, el número 49 de su carrera y el 32 sobre tierra batida. Recupera además el privilegio de ser el jugador con más Masters 1.000 de la historia con un total de 21 (seis en el coso romano). Y lo más importante, vuelve a verse como número dos del mundo, lo que le permitirá viajar a París para verse como segundo cabeza de serie en Roland Garros. Su próximo reto.

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