31/10/2011
Antonio Moreno Ruiz | 4125 lecturas

Bonapartito

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“Monsieur Sarko” es un político-estrella de Europa, una especie de versión centro-derechista de Baltasar Garzón, quizá con mejores contactos.

Con armas de distracción masiva como Carla Bruni, y sin muchos escrúpulos, lo mismo ha querido captar el voto descontento con la inmigración masiva que al progresismo cultural que supuestamente empezó combatiendo con aquella famosa crítica a un Mayo del 68 que él suscribe mejor que nadie –como dijo Cohn-Bendit-, haciendo un refrito muy difícil de digerir, con guiños al islam y al judaísmo y a prácticamente todo lo que se mueva si es necesario con tal de mantenerse en el poder. Eso es estiramiento y lo demás son tonterías.

Desde hace tiempo le hacen comparaciones con Napoleón. Ciertamente, las comparaciones son odiosas. Sarkozy es de orígenes húngaro-hebreos y Napoleón era ítalo-corso. Eso sí: Ambos comparten la cortedad de talla y las mujeriles aficiones.

Dice el historiador Alfonso Bullón de Mendoza que Napoleón es la Revolución hecha conservadora. Sarkozy es algo parecido, sólo que quizá no ha podido ser dictador y parece ser que su coeficiente intelectual es menor. Por eso Sarkozy, más que Bonaparte, es Bonapartito.

Con todo, el electorado francés no perdona tan fácil la mentira. Por muy boyante que se quiera presentar el eje franco-alemán (¡Je! ¡Para esto dos guerras mundiales!), París no tiene cubiertas las espaldas. ¿Alguien ha dicho burbuja inmobiliaria? ¿Y qué tal los cambios sociales, espirituales y hasta étnicos en una sociedad francesa cada vez más dividida y debilitada?

Pareciera que Bonapartito ya no sabe cómo salvar los muebles, y no ya sólo los de su partido, sino los de su república. Napoleón aprovechó un momento turbulento de la historia y nacionalizó la Revolución que se había encumbrado en el genocidio; de ahí lanzó su ambición, expansionismo, usurpación y latrocinio.

Sarkozy, en una época de crisis económica acuciante, donde Europa no llega ni a pelagatos, y quizá viéndolas venir, se ha lanzado a una aventura tan canallesca como estúpida, y es ser punta de lanza de los estertores de la CIA para derrocar a las dictaduras árabes que contenían a los islamismos, saqueando previamente esos países y poniéndolos en manos del desorden como presas fáciles para salafistas, Al Qaeda, Hermanos Musulmanes y etcétera. Dictaduras que, recordemos, eran apoyadas hasta hace escasos meses (¡Las hemerotecas!), e islamistas que, supuestamente, eran perseguidos por los marines para la salvaguarda de la libertad enseñoreada en Guantánamo.

En cambio, no parece que ello sea óbice para la camaradería con las satrapías de la Península Arábiga, -por cierto, con los saudíes por delante-, colaboradoras y beneficiarias de la mal llamada primavera árabe.

Y Bonapartito, en todo este videojuego de consecuencias mundiales, se ha encariñado con Libia. Después de pasearse con Gadafi y ser su valedor en medio mundo; después que el autócrata proclamara que le pagó la campaña electoral sin que haya habido desmentidos. Bonaparte se encariñó con Egipto. De Egipto robó mucho y de Rusia y España todavía más; con todo, estas naciones que componen los extremos de Europa fueron las que cavaron su tumba.

Y sí, Bonaparte tuvo su tumba, pero no tan tumba, porque al fin y al cabo sus nefastas ideas triunfaron, condensándose una revolución que se llevó por delante la vida de millares de inocentes, y aprovechándose de todo ello la Gran… Bretaña. No sabemos cómo ni quién cavará la tumba de Bonapartito. Mas sí sabemos que cuenta con el concurso estúpido, cobarde y acrítico de una derecha que, habiendo renunciando ya a cualquier concepto de valor, ensalza a personajes de este tipo como el modelo a seguir. Y también sabemos que la Francia boyante no existe y que Europa huele a museo muerto. Por más que se robe de las cuentas gadafistas para intentar subsanar una crisis abismal, las cuentas que no salen son las del propio Bonapartito y las de todo un Viejo Continente que por lo visto no se quiere enterar de la gran oleada islamizadora que se le viene.

Pronto, pronto nos enteraremos. “Merci, petit Bonaparte”.

http://poemariodeantoniomorenoruiz.blogspot.com/

 

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